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Instalar un minero exige solo energía, internet satelital y un galpón con ASIC.
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El gas, un subproducto de la extracción del petróleo, en la mayoría de los casos se desperdicia.
La inteligencia artificial (IA) y la minería de Bitcoin compiten hoy por la misma energía y, producto de la enorme demanda por la IA, esta industria pareciera estar ganando la carrera. No obstante, existe una fuente donde los mineros pueden adelantarse: el gas que las empresas petroleras queman o dejan escapar en pozos petrolíferos, porque no tienen cómo transportarlo hacia las ciudades para ser usado por los habitantes. Esa ventaja de los mineros no nace de que la IA no pueda llegar hasta ese gas. Nace de que instalarse ahí le cuesta mucho más caro, más tiempo y más infraestructura que a un minero de Bitcoin.
Ese gas se llama gas asociado, porque sale junto con el petróleo durante la perforación de un pozo. Cuando ese pozo está lejos de un gasoducto, la petrolera no tiene forma de vender el gas, así que lo quema en una antorcha (una chimenea que lo incinera a cielo abierto) o lo deja escapar directamente a la atmósfera, algo que se conoce como venteo.
El Banco Mundial calculó que en 2024 se quemaron 151.000 millones de metros cúbicos de gas de esta manera en todo el mundo, un 2% más que en 2023 y el nivel más alto desde 2007, con 389 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente liberadas a la atmósfera. Asimismo, un estudio de 2022 publicado en la revista científica Risks calculó que, según el pozo, entre 40% y 60% del gas asociado debe quemarse o ventearse por falta de infraestructura para transportarlo. Ese gas que se desperdicia es, hoy, la energía que alimenta a buena parte de la minería de Bitcoin instalada junto a estos pozos, y es ahí donde los mineros podrían encontrar una ventaja frente a la industria de la inteligencia artificial.

¿Cuál es la ventaja de los mineros de Bitcoin por sobre la IA?
La ventaja se funda en la diferencia de infraestructura que necesita cada industria para instalarse junto a uno de estos pozos. El gas que se iba a quemar entra directo a un generador a gas (un motor que quema gas natural para producir electricidad al instante). Esa electricidad, en el caso de los mineros, sale del generador y se distribuye por un tablero eléctrico directo a los equipos ASIC sin pasar por ninguna red de transmisión eléctrica. Es decir, la estructura de un minero de BTC en estos sitios se resume a un generador, un tablero eléctrico, los equipos ASIC y una antena de internet satelital para conectarse a la red de Bitcoin.
Un centro de cómputo para inteligencia artificial, en cambio, no puede resolverse con esa misma simpleza: necesita sistemas de refrigeración de precisión para sus placas de video, redes de fibra óptica de baja latencia para procesar datos sin demoras, y personal técnico permanente en el lugar, lo que vuelve mucho más caro y mucho más lento instalarse junto al mismo pozo.
Daniel Batten, especialista en energía y minería de Bitcoin, escribió en mayo de 2022 que «ninguna tecnología, salvo la minería de Bitcoin, puede usar económicamente el gas quemado», porque eso exigiría tender líneas de alta tensión a un costo de un millón de dólares la milla, o gasoductos a dos millones de dólares la milla o más. Ajustado por la inflación acumulada en Estados Unidos entre mayo de 2022 y mayo de 2026 (13,4%, según la calculadora de inflación de la Oficina de Estadísticas Laborales de ese país), ese costo equivale hoy a 1,13 millones de dólares y 2,3 millones de dólares o más por milla, respectivamente.

Esa diferencia de infraestructura fue medida por Alexander Neumueller, investigador del Centro Cambridge para las Finanzas Alternativas, quien presentó un adelanto del próximo informe de Cambridge sobre minería digital el 23 de julio pasado, durante el Foro de Inversores de Energía, celebrado en Dallas, Texas. Allí explicó que convertir un sitio de minería en uno de IA «no es un simple cambio de equipos»: las computadoras de Bitcoin toleran cortes de electricidad y operan en edificios básicos, como los que se instalan junto a un pozo de gas quemado, mientras que los servidores de IA necesitan redes, refrigeración y capital muy superiores, además de fibra óptica y agua que ese mismo pozo no tiene.
Esta lógica de perseguir la energía más barata no es nueva. Satoshi Nakamoto, el creador de Bitcoin, ya la explicaba en 2010 en el foro BitcoinTalk durante una discusión sobre Bitcoin y su consumo energético: «la generación de Bitcoin debería terminar donde sea más barata o gratis», la misma idea que hoy explica por qué los mineros llegan hasta el gas que las petroleras queman o dejan escapar en sus pozos, lo que posibilita a los mineros a utilizar una energía que se desperdicia.

Sin embargo, también es prudente mencionar que las industrias de la minería y de la IA son, al final del día, industrias basadas en tecnología, por lo que cualquier afirmación hoy puede quedar obsoleta ante un avance técnico del mañana.
¿Por qué esta ventaja no es eterna?
Uno de los principales motores del desplazamiento de la energía minera hacia el cómputo de la IA es la tremenda demanda que esta última actualmente mantiene.
En ese sentido, la compañía Crusoe Energy, una empresa de Estados Unidos dedicada a capturar el gas que se quema en los pozos petroleros y convertirlo en electricidad, es la mejor prueba en contra de la ventaja de infraestructura «liviana» que tienen los mineros de Bitcoin frente a la industria de IA.
Esa empresa popularizó la minería con gas quemado y actualmente factura más con su nube de cómputo de inteligencia artificial, montada sobre la misma infraestructura que antes usaba para minar Bitcoin, conforme al sitio Heatmap. El 27 de marzo de 2026, Crusoe anunció un campus de inteligencia artificial de 900 megavatios en Abilene, Texas, para dar servicio a Microsoft, y el 3 de junio de 2026 firmó un acuerdo con la empresa noruega Bergen Engines para instalar generadores a gas por unos 750 megavatios adicionales en sus centros de datos de inteligencia artificial en Estados Unidos, según anunció Crusoe.
Clay Dumas, inversor climático de Crusoe a través del fondo Lowercarbon Capital, resumió el cambio explicando que «el mercado trata el mayor uso como la mayor disposición a pagar», y hoy ningún otro uso de esta energía paga tanto como un centro de datos de inteligencia artificial.
Cully Cavness, fundador de Crusoe Energy, resumió la ventaja económica de este modelo asegurando que «es la forma más barata de generar energía que hemos visto». Ese modelo también es amigable con el medioambiente. El estudio de 2022 de la revista Risks, citado antes, describió los contenedores móviles de Crusoe junto al pozo, sin gasoducto ni tendido eléctrico permanente, que reducen las emisiones hasta 63% frente a la quema tradicional en antorcha y evitan unas 8.000 toneladas de dióxido de carbono por sitio cada año, por lo que este incentivo podría atraer a otras empresas de IA.

Esa demanda también alcanzó a las mayores empresas mineras de BTC que cotizan en bolsa, como IREN, Hut 8 y CleanSpark, que destinan cada vez más infraestructura a contratos de cómputo de IA, en busca de ingresos más previsibles que los de la minería de Bitcoin. Hut 8, por ejemplo, firmó un arrendamiento de 15 años por 9.800 millones de dólares para su campus de centros de datos en Texas. Al mismo tiempo, TeraWulf anunció que abandona la minería para dedicarse a la IA y a la computación de alto rendimiento, como lo reportó CriptoNoticias.
No obstante, el Centro Cambridge para las Finanzas Alternativas midió el alcance de esa migración: apenas 10% de los mineros encuestados ya destinó parte de su energía a IA, más de 40% del resto dijo estar evaluándolo y solo 10% lo descartó por completo, lo que ubica a casos como Crusoe, IREN y Hut 8 como la punta de lanza de la industria, no como su comportamiento general.
Además de la transición de esas grandes mineras públicas hacia la IA, la ventaja de la minería de Bitcoin se erosiona también por otro lado. Un estudio publicado el pasado 23 de junio por la firma Emerald AI, junto con el Instituto de Investigación de Energía Eléctrica de Estados Unidos, la operadora de red National Grid, NVIDIA y Oracle, mostró que un conjunto de servidores de IA en Londres redujo su consumo eléctrico hasta 40% en menos de un minuto durante una prueba de estrés de red. Esa capacidad de apagarse rápido era, hasta ahora, uno de los argumentos centrales que la minería de Bitcoin usaba para justificar un trato preferencial frente a las redes eléctricas.
Esa misma pérdida de exclusividad, la de poder apagarse rápido ante una red eléctrica exigida, es la que empuja a la minería de Bitcoin hacia lugares cada vez más apartados. Matt Corallo, desarrollador de Bitcoin, señaló durante un debate reciente en X que «minar en sitios alejados y con mala conectividad podría ser una tendencia creciente», a medida que la IA ocupe los centros de datos bien conectados y con energía confiable que antes también usaba la minería.
Corallo habló en términos generales sobre la conectividad de internet, no del gas quemado en particular, aunque la idea encaja con lo que ya ocurre en los yacimientos petroleros: cuanto más lejos de una ciudad esté un pozo, más caro le resulta a la inteligencia artificial seguir ahí a la minería de Bitcoin.
Regiones con el potencial de minería de Bitcoin y gas quemado
En Vaca Muerta, la formación de gas y petróleo no convencional ubicada en la provincia de Neuquén y en la región conocida como Patagonia, Argentina, opera Unblock Global, una empresa argentina de minería de Bitcoin. Según su propio sitio, Unblock instaló en 2023 su proyecto insignia en el yacimiento Los Toldos II, operado por la petrolera Tecpetrol: una instalación de 12 megavatios que actualmente usa 50.000 metros cúbicos de gas por día y evita unas 100.000 toneladas de dióxido de carbono al año.

En 2026, Unblock anunció una expansión de ese mismo yacimiento por 8,7 megavatios adicionales, que le permite a Tecpetrol duplicar su capacidad de producción de petróleo al quemar menos gas por falta de infraestructura para transportarlo. Unblock repite el modelo con la petrolera Pluspetrol en el yacimiento Loma Jarillosa.
Por separado, en Vaca Muerta, YPF Luz, la empresa de generación de energía eléctrica del grupo YPF (la principal petrolera de Argentina), puso en marcha en mayo de 2024 la Central Térmica Bajo del Toro, en Rincón de los Sauces: 7 megavatios de potencia y 12.000 equipos de minado que funcionan con gas que antes se quemaba sin ningún uso, según notificó un medio local.
En Alberta, Canadá, la empresa AgriFORCE Growing Systems inauguró en junio de 2025, junto con BlueFlare Energy, un sitio en la localidad de Berwyn que usa gas natural varado para alimentar 120 equipos ASIC y entregar más de 32 petahashes por segundo (PH/s).
En Estados Unidos, la cuenca Pérmica de Texas y los yacimientos de Dakota del Norte concentran la mayor actividad de minería con gas de venteo del mundo. Crusoe Energy operó ahí cientos de sitios antes de vender esa unidad de negocio a NYDIG en 2025. MARA, en sociedad con la empresa NGON, puso en marcha en abril de 2025 un centro de cómputo modular de 25 megavatios distribuido entre pozos de Texas y Dakota del Norte. Otras empresas, como Giga Energy y Verde Mining, mantienen operaciones similares en pozos de la región.
La pregunta sobre si existe una energía que la inteligencia artificial no le pueda ganar a la minería de Bitcoin, no tiene, por ahora, una respuesta cerrada. Mientras conectar uno de estos pozos, alejados de las ciudades, a una red eléctrica o a un gasoducto siga costando millones de dólares por milla, y mientras un centro de datos de IA siga necesitando mucha más infraestructura que un generador, un tablero eléctrico y un galpón con equipos ASIC, el gas quemado y venteado seguirá siendo un terreno donde la minería de Bitcoin corre con la ventaja de un costo y una velocidad de instalación menores.









