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La renuncia de cuatro promotores desmantela la diplomacia del sector en la SEC y el Tesoro.
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La probabilidad de aprobación se hundió hasta un mínimo histórico del 15%.
El proyecto de Ley Clarity tenía un 80% de probabilidades de convertirse en ley en febrero. Hace unas semanas, las apuestas bajaron al 27%. Hoy, a pocos días del receso del Senado, el indicador se ha desplomado hasta su mínimo histórico, rondando el 15%.
Cuatro aliados clave renunciaron a sus cargos en cuestión de semanas. Y por ello, la regulación para la industria de bitcoin (BTC) y las criptomonedas en Estados Unidos corre el riesgo de morir sin que nadie quede en la mesa para defenderla.
El viernes 31 de julio de 2026, Tyler Williams, principal asesor de criptomonedas del secretario del Tesoro, Scott Bessent, abandonó el gobierno. Williams es la cuarta pieza de un patrón que lleva meses gestándose en los pasillos del poder en Washington.
En las últimas semanas, tres figuras clave del ecosistema pro-bitcoin anunciaron su partida. Hester Peirce, integrante de la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) conocida como “Crypto Mom”, dejará la agencia en noviembre para dedicarse a la docencia.
Cynthia Lummis, senadora de Wyoming y una de las voces más firmes a favor de Bitcoin en el Congreso, confirmó en diciembre de 2025 que no buscará la reelección. Y Harry Jung, director adjunto del Consejo de Asesores del Presidente para Activos Digitales, dejó su cargo el 21 de julio.
La periodista estadounidense Eleanor Terrett lo resumió así: “se siente como si los aliados de las criptomonedas estuvieran abandonando Washington en masa”.
No es solo una sensación. Es un dato.
El impacto de este éxodo ya se refleja en los números. En Polymarket, con el receso del Senado a punto de comenzar este 10 de agosto, la probabilidad de aprobación ronda el 15%, su mínimo histórico. Una caída de más de 50 puntos porcentuales en seis meses no es una corrección; es un desmoronamiento.

La senadora Elizabeth Warren calificó el proyecto como “muerto al llegar” y la discusión de la iniciativa fue excluida de la agenda del Senado del pasado lunes 3 de agosto, tampoco se incluyó el martes 4.
Un vacío de poder en el peor momento
La respuesta está en la arquitectura humana del proyecto. Tyler Williams no era un burócrata más. Era el puente entre el lenguaje técnico del ecosistema de los activos digitales y la política ejecutable del Tesoro. Su ausencia elimina una de las voces más influyentes para configurar la norma en el momento crítico en que el Senado debía votar.
Hester Peirce representaba el único contrapeso pro-innovación relevante dentro de la SEC. Por su parte, la senadora Cynthia Lummis despoja al Congreso de una de las autoras de las propuestas más ambiciosas, incluida la reserva estratégica de Bitcoin. Y sin Harry Jung en la Casa Blanca, la coordinación ejecutiva del sector queda atomizada.
Cada salida, por separado, es un golpe técnico. Juntas, constituyen un desmantelamiento que deja a la Ley Clarity huérfana en su hora más delicada.
Hay un cuello de botella para Clarity en el Senado
El líder de la mayoría del Senado, John Thune, manifestó que planea llevar el proyecto de ley a votación en las próximas horas, pero carece de los 60 votos necesarios para abrir el debate formal.
El proyecto permanece encallado en tres frentes. Primero, las exigencias éticas para funcionarios federales; segundo, la certeza regulatoria sobre redes descentralizadas y las competencias del Comité de Agricultura. Y tercero, el mayor obstáculo, el silencio de la Casa Blanca ante la propuesta ética bipartidista de los senadores Thom Tillis (Republicano) y Ruben Gallego (Demócrata). Sin este último consenso, el respaldo demócrata resulta inviable y Tillis retirará su apoyo.
Sin un acuerdo ético respaldado por la Casa Blanca y sin negociadores clave en el terreno para destrabar la pugna en el Capitolio, el tiempo se agota antes del receso estival.
El reloj aprieta y nadie está al teléfono
El Senado permanece paralizado por un desacuerdo en las disposiciones éticas para funcionarios federales, un bloqueo liderado por Warren y el sector demócrata. Si no se vota antes del receso de agosto, el proceso se reiniciará en septiembre, en medio de un ambiente preelectoral que ahoga cualquier consenso complejo.
La propia senadora Cynthia Lummis lanzó una advertencia directa a los demócratas para que no maten la Ley Clarity votando en contra del cierre de debate (cloture). Al ser consultada sobre si un fallo en esa votación acabaría con la iniciativa, Lummis contestó sin rodeos: “Sí, lo hará».
En un mensaje posterior, la legisladora añadió: “los demócratas del Senado deberían pensarlo dos veces antes de matar un proyecto de ley bipartidista que tomó 11 meses de trabajo.
Lummis asegura que «protege a los consumidores, equipa a las fuerzas del orden, mantiene esta industria en América e incluye un acuerdo ético histórico…”. Sin embargo, la Ley Clarity se queda sin sus arquitectos justo cuando la tormenta aprieta. Su principal defensora en el Senado acaba de dejar claro que esta semana puede ser la última oportunidad real.

De confirmarse el fracaso de la iniciativa, la lección para la industria además del hecho de que la política hostil triunfó, también significaría que la diplomacia pro-bitcoin en Washington es muy joven y depende de demasiados pocos hombros.
La Ley Clarity podría extinguirse sin remedio, dejando claro que las reglas del juego institucional no se rigen por la velocidad de la innovación, sino por la persistencia de quienes se quedan a negociar. Y hoy, en los pasillos donde se decide el futuro de la economía digital basada en activos digitales, la mesa de negociación ha quedado trágicamente vacía.








