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Para Lopp, fue un error de BIP-110 asumir que la neutralidad de la red podía ser sacrificada.
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Los defensores de BIP-110 están desconectados del principio de resistencia a la censura, dice Lopp.
El desarrollador y especialista en seguridad, Jameson Lopp, publicó una revisión tras el fracaso del soft fork BIP-110 en Bitcoin.
En su análisis publicado este 17 de agosto de 2026, el especialista recordó que hace seis meses había anticipado el fracaso total de la propuesta, argumentando que la iniciativa carecía de apoyo económico y técnico en el ecosistema de la moneda digital.
La propuesta BIP-110 pretende implementar restricciones a nivel de protocolo contra el uso de espacio de bloque para datos arbitrarios e inscripciones. Sin embargo, al alcanzar la altura de bloque 961.632 el pasado 8 de agosto, la iniciativa no logró superar el umbral del 55% de señalización de los mineros. La cadena bajo las reglas de BIP-110 está prácticamente paralizada tras minar únicamente cinco bloques en diez días.

Lopp explicó que la principal razón de este desenlace fue la ausencia de peso económico detrás de la propuesta. A diferencia de las disputas históricas de tamaño de bloque registradas en 2017, la iniciativa a favor de BIP-110 fue impulsada por un sector minoritario sin el respaldo de casas de cambio, custodios ni los principales pools de minería.
En su análisis, Lopp detalló que la propuesta reducía las comisiones cobradas por los mineros al restringir usos no monetarios del bloque, sin ofrecer ninguna contraprestación económica.
«Las bifurcaciones anteriores prometían mayor capacidad o tarifas más bajas. BIP-110 solo ofrecía restricciones y menores ingresos por comisiones», sostuvo el desarrollador. Asimismo, destacó que el único pool de minería que apoyó la iniciativa fue OCEAN, el cual representa cerca del 1% del poder de cómputo global del protocolo.
El especialista también señaló fallos de desarrollo en los clientes derivados de Bitcoin Knots que implementaban estas reglas, así como la falta de protección contra ataques de repetición (replay protection). Esta carencia técnica expuso las transacciones de los usuarios a ser duplicadas entre ambas cadenas.
Más allá de los factores financieros, Lopp dedicó una parte sustancial de su informe a criticar la postura de los impulsores de BIP-110, a quienes calificó como una facción «puritana» que sustituyó el análisis riguroso de la teoría de juegos por dogmas ideológicos.
Según el especialista, el movimiento sufrió una distorsión cognitiva basada en el efecto Dunning-Kruger, donde un grupo reducido asumió que podía imponer cambios al protocolo basándose en conceptos morales preconcebidos sobre lo que Bitcoin «debería ser».
Lopp profundizó en cómo la campaña derivó en retórica extrema, señalando que al quedarse sin argumentos técnicos, los defensores de la propuesta intentaron apelar al pánico social mediante acusaciones desmedidas sobre la inclusión de contenido ilegal en la cadena de bloques.
Para el desarrollador, calificar la red principal como «Spamcoin» o atacar a quienes defienden la neutralidad del protocolo evidencia una desconexión total con los principios que garantizan la resistencia a la censura de la moneda digital.
«Pretender combatir datos arbitrarios en un protocolo resistente a la censura tratando de estigmatizar a los desarrolladores es tan ilógico como culpar al derecho de portar armas por los crímenes violentos», argumentó.
A nivel técnico y estratégico, el especialista buscó desmantelar la narrativa del proceso de activación. Según dice, los partidarios del soft fork sostenían que el código de BIP-110 estaba mecánicamente diseñado para no fallar debido a su ventana de señalización obligatoria y a la hipótesis de que no señalar expondría a los mineros a perder la recompensa de bloque.
Pero Lopp mostró que este modelo ignoraba la realidad económica: los mineros no iban a arriesgar un subsidio de 3,125 BTC por bloque para seguir las reglas de un software que solo contaba con el 2,5% de respaldo de cómputo y sin apoyo institucional de las casas de cambio.
De igual forma, el informe subrayó la invalidez del argumento de la «minoría tolerante» en la propagación de transacciones. Los defensores de la restricción, según dice el desarrollador, asumieron que imponer políticas estrictas en los nodos bastaría para erradicar los datos no monetarios.
Sin embargo, Lopp explicó que basta con que un puñado de nodos bien conectados en la red transmitan las transacciones para que los filtros resulten ineficaces, demostrando que restringir un canal solo incentiva a los usuarios a buscar métodos de codificación alternativos y potencialmente más dañinos.
En definitiva, para Lopp la propuesta cometió un error insalvable de diseño al asumir que la neutralidad de la red podía ser sacrificada por un ideal de «pureza» financiera: «La falacia de los puritanos fue creer que podían manipular la teoría de juegos con faroles mediáticos. En Bitcoin, si no cuentas con el mercado y la infraestructura económica a tu favor, cualquier intento de forzar el consenso se traduce en una bifurcación insignificante».
Tras el estancamiento de la red minoritaria, los promotores de BIP-110 —encabezados por el desarrollador Luke Dashjr— han volcado sus esfuerzos hacia un hard fork programado para septiembre de 2026. Esta nueva red modificará el algoritmo de prueba de trabajo a Blake2b, abandonando el algoritmo SHA-256 de Bitcoin.









