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El hashrate de Bitcoin cayó 18% desde su máximo mientras mineros giran hacia la IA.
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El mercado paga más por infraestructura de IA que por proteger la red de Bitcoin.
El hashrate de Bitcoin atraviesa una histórica tendencia bajista. Desde su máximo histórico de 1.120 exahashes por segundo (EH/s), marcado el 30 de octubre de 2025, el poder computacional global de la red descendió hasta los 915 EH/s actuales, lo que representa una baja de más de 18%.
Detrás de esa caída hay una migración masiva de mineros hacia contratos de infraestructura para inteligencia artificial (IA), y esa decisión expone algo que Bitcoin nunca había tenido que demostrar con tanta claridad: su seguridad no depende de la convicción de quienes la protegen, sino del precio que el mercado está dispuesto a pagar por ella.
Ya a comienzos de diciembre de 2025, CriptoNoticias advertía que los mineros de Bitcoin atravesaban la peor crisis de rentabilidad de su historia, lo que explica por qué buena parte del sector transiciona hacia contratos de infraestructura para IA meses antes de que la caída actual del hashrate se acelerara.
Así, Bitcoin aprendió que el hashrate no le pertenece. Los mineros no regalan su poder de cómputo a Bitcoin por fe ni por lealtad. Lo ofrecen a cambio de un pago concreto: la recompensa del subsidio de bloque más las comisiones. Son los dueños de la energía y de la infraestructura, mientras que Bitcoin solo es un inquilino que contrata temporalmente ese hashrate mientras les resulte rentable.
El protocolo no es propietario del recurso, apenas lo arrienda, y cuando aparece un inquilino que paga más (en este caso la industria de la inteligencia artificial), los mineros simplemente cambian de arrendatario. Dejan de alquilarle el hashrate a Bitcoin (o parte de él) y se lo ofrecen a quien entrega mejor renta por el mismo megavatio. Ese movimiento revela, sin filtros ideológicos, el precio real que el mercado está dispuesto a pagar hoy por la seguridad de la red.
En otras palabras, la migración hacia la inteligencia artificial comprueba que el hashrate responde en gran parte a una lógica económica. Sin drama, sin traición y sin debate moral.
El hashrate no es un bien permanente, es un servicio que se compra día a día en el mercado de la energía. Si Bitcoin no paga lo suficiente, ese servicio se reduce.
El hashrate se va de Bitcoin ¿y profundiza el riesgo del presupuesto de seguridad?
Esta migración hacia la inteligencia artificial no solo revela el carácter oportunista del hashrate. También profundiza una preocupación entre algunos bitcoiners: el futuro del presupuesto de seguridad de la red, una idea que evalúa que en el futuro, cuando ya no queden BTC por minar, Bitcoin no generaría suficiente recompensas para pagar a los mineros, debilitando el hashrate y, con él, la seguridad de la red.
Con cada halving la recompensa por bloque se reduce a la mitad. Si las comisiones de transacción o el precio de bitcoin no logran compensar esa caída, los mineros deberán buscar alternativas, como hacen actualmente con la IA, para obtener mejores retornos fuera de la red.
Bitcoin, además, ha entrado en una competencia permanente por la energía. Ya no disputa el hashrate únicamente entre sus propios mineros, sino contra cualquier industria dispuesta a pagar más por el mismo megavatio.
Producir un BTC expulsa a los mineros de Bitcoin
El precio spot de bitcoin, que ronda los USD 65.000 al momento de este artículo, se encuentra solo moderadamente por encima del costo total de producción de una moneda.
Según los datos de Capriole, el Production Cost (costo completo de minar 1 BTC, que incluye electricidad, hardware y operación) se sitúa en torno a los USD 51.000-54.000, mientras que el Miner Price (el ingreso efectivo que realmente percibe el minero por cada bitcoin, precio de mercado más comisiones) prácticamente iguala al precio spot.

Esa diferencia de margen se estrecha peligrosamente para los mineros menos eficientes y con estructuras menos potentes. Cuando el precio de mercado apenas cubre o apenas supera el costo total de producción, cualquier incremento en el precio de la energía o cualquier pérdida de eficiencia convierte la minería en una actividad de rentabilidad marginal o negativa.
Ese es precisamente el punto en el que una parte creciente del sector prefiere dejar de alquilar su energía a Bitcoin y redirigirla hacia la inteligencia artificial, donde el retorno por el mismo megavatio es sustancialmente más alto y estable.
El propio mercado bursátil ya confirmó esta lógica. Una canasta de acciones de empresas mineras subió 56% en lo que va de 2026, mientras bitcoin cayó cerca de 17% en el mismo período, como lo informó CriptoNoticias. Los inversores están premiando a las mineras que diversifican hacia la IA, no a las que se aferran únicamente a minar bitcoin.
El caso de Paraguay resume esta misma lógica a escala de un país entero. En octubre de 2025 el país llegó al cuarto puesto mundial en hashrate, con 43 EH/s y 4,3% del poder de cómputo global de Bitcoin, gracias a su energía hidroeléctrica excedente.
Un año después, 42% de los mineros formales de Paraguay ya abandonaron el país por la incertidumbre regulatoria, y el propio gobierno paraguayo evalúa ahora redirigir esos mismos megavatios hacia el entrenamiento de modelos de IA en lugar de la minería de bitcoin.
Bitcoin no perdió seguridad, todavía
Pese a esta caída, la red Bitcoin no perdió seguridad de forma inmediata. Sigue operando con cientos de exahashes por segundo, muy por encima de los niveles que tenía apenas hace pocos años, y la dificultad de minería se ajusta automáticamente para mantener el ritmo de un bloque nuevo cada diez minutos, sin importar cuánto hashrate entre o salga de la red.
Con contratos de 12 a 20 años de por medio, una futura suba del precio de bitcoin ya no garantiza que esa infraestructura vuelva a la minería. Bitcoin no fue traicionado por sus mineros. Aprendió, de la forma más concreta posible, que su seguridad se alquila día a día al mejor postor, y que su futuro dependerá de seguir pagando más que cualquier otra industria intensiva en energía.









