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La parálisis normativa amenaza con liquidar una industria que inyecta millones a la ANDE.
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Paraguay roza el 4,3% del poder global de Bitcoin, pero el 42% de sus mineros ya huyó.
Apenas un año después de haber alcanzado el cuarto lugar mundial en la minería de Bitcoin, la pujante industria paraguaya enfrenta un futuro incierto, con inversiones millonarias y una fuente clave de ingresos fiscales en juego. El reloj corre en contra de los contratos que convirtieron a esta nación sudamericana en una potencia inesperada de la minería digital.
Todos los acuerdos de suministro entre la industria minera y la Administración Nacional de Electricidad (ANDE) vencen el 31 de diciembre de 2027 y, hasta ahora, permanecen sin cláusula de renovación automática.
A medida que esa fecha se acerca, una ola de salida de inversores y una crisis mundial de rentabilidad amenazan con deshacer el notable ascenso que el país logró apenas en octubre de 2025.
Sigue la espera por un contrato que no se firma con los mineros de Bitcoin
En octubre de 2025, el rastreador del sector Hashrate Index confirmó lo que parecía improbable: Paraguay concentraba el 4,3% de la potencia de cómputo global de Bitcoin, lo que equivale a 43 exahashes por segundo. Eso colocó al país de unos 7 millones de habitantes en el cuarto puesto mundial, solo por detrás de Estados Unidos, Rusia y China, tal como fue reportado por CriptoNoticias en su momento.
El crecimiento de la industria se apalancó en un recurso abundante y estratégicamente subutilizado como es la energía excedente de sus centrales hidroeléctricas, especialmente la de Itaipú. Esa disponibilidad atrajo a más de 60 centros de procesamiento digital con inversiones estimadas en 1.100 millones de dólares.
En la actualidad, solo cuatro corporaciones concentran 730 megavatios (MW), un volumen superior a la capacidad de generación individual de una de las turbinas de la represa binacional (700 MW).
Para el Estado, el impacto financiero ha sido transformador. Los ingresos anuales de la ANDE por parte del sector pasaron de 100 millones de dólares a una proyección de 350 millones para 2026. Los mineros representan ahora el 60% de los ingresos de la estatal eléctrica por venta de excedentes, y en 2025 inyectaron 240 millones de dólares al sistema.
Sin embargo, esta historia de éxito, alcanzada hace apenas unos meses, choca ahora con un plazo inaplazable.
El adiós silencioso de las granjas mineras de Bitcoin
Los registros oficiales muestran que el número de operadores mineros formales ha caído un 42% en solo un año, pasando de 71 a 41 actores activos. Representantes del sector señalan a la incertidumbre regulatoria como el principal factor.
Bruno Vaccotti, socio fundador de la Cámara Paraguaya de Minería de Activos Digitales, sostiene que el entusiasmo público del gobierno oculta una falta de atención al marco legal subyacente. «No es un detalle administrativo», escribe en su columna de opinión. «Es el plazo de vida de una industria».
A la incertidumbre se suma un aumento tarifario de hasta el 16% aplicado por la ANDE el año pasado para compensar pérdidas por conexiones clandestinas, un ajuste que, según los competidores más pequeños, los ha expulsado del mercado.
La salida de estas empresas en solo un año refleja una redistribución del poder de cómputo. En la minería de Bitcoin, el hashrate desconectado en un país es absorbido de forma casi inmediata por competidores globales con marcos tarifarios previsibles. Así, la inacción en la firma de nuevos contratos se traduce en la cesión progresiva del cuarto lugar que Paraguay conquistó en 2025.

El viento sopla en contra para la minería de Bitcoin en Paraguay
La incertidumbre interna de Paraguay coincide con un momento excepcionalmente difícil para la industria minera a nivel mundial. El poder de cómputo de Bitcoin cayó hasta 17% desde su máximo histórico, mientras las principales empresas mineras redirigen parte de su capacidad energética y capital hacia infraestructura para inteligencia artificial.
Según un informe de CoinShares, el hashprice, indicador clave de la rentabilidad minera, ha caído de un rango de 36 a 38 dólares por PH/s/día a finales de 2025 a apenas 28-29 dólares en los primeros meses de 2026, muy por debajo del punto de equilibrio de 35 dólares que requieren los equipos más antiguos. Se estima que entre el 15% y el 20% de la flota minera global opera actualmente con pérdidas.
Pese a ello, la potencia total de la red se mantiene cerca de los 920 exahashes por segundo (EH/s), lo que evidencia una competencia feroz a escala planetaria.
Para Paraguay, la coyuntura resulta crítica: la indecisión regulatoria local coincide con el momento más complejo del ciclo de rentabilidad global.
El dilema: ¿energía para la minería de Bitcoin o la IA?
En este escenario, el Ejecutivo paraguayo evalúa una alternativa: canalizar los megavatios que consume la minería hacia el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial (IA).
Los centros de datos de IA prometen ingresos estables y posicionamiento en el corto plazo, en una tecnología de futuro, pero existe un problema de tiempos porque la IA aún no cuenta con contratos firmados, mientras que la minería de Bitcoin proyecta aportar 350 millones de dólares este año.
En su columna, Vaccotti advierte sobre las consecuencias fiscales de la inacción: «Si el flujo minero se corta en 2027, el hueco en las cuentas de la ANDE lo cubriremos todos los paraguayos, ya sea con tarifas más altas o con mayor deuda pública».
Mientras Paraguay duda, los centros de datos de inteligencia artificial ya compiten por los mismos megavatios, como lo advierte un análisis anterior de CriptoNoticias ante la disputa por la energía que el Gobierno evalúa reorientar.
El Ejecutivo ha tomado medidas parciales. Durante la gestión de Peña se promulgó la Ley 7300 para endurecer las sanciones contra el robo de energía, e incluso se planteó un plan piloto para reactivar equipos incautados con el fin de explorar reservas estratégicas de Bitcoin en poder del Estado.
«Que el Estado paraguayo esté debatiendo si vende o guarda sus primeros bitcoin es algo que hace tres años parecía ciencia ficción», reconoce Vaccotti.
En todo caso, los contratos originales sellados en 2022 permitieron el despegue de Paraguay en el mapa de la minería de Bitcoin mundial. Sin embargo, a medida que se acerca el vencimiento de 2027, la falta de una definición normativa coloca al país ante un escenario adverso como es la pérdida paulatina de su peso en la minería digital global sin que aún se hayan concretado las condiciones operativas para la transición hacia centros de datos de inteligencia artificial.








