En el episodio cuarenta y ocho de Separando el Dinero y el Estado, Gabriel Kurman («Gaku») —cofundador de Rootstock, coautor de Economías Circulares de Bitcoin— recorre la adopción grassroots de Bitcoin en el sur global, con foco en cómo estas comunidades invierten el orden que asumen los bitcoiners del norte: Bitcoin entra primero como medio de cambio (resolviendo remesas, rieles de pago rotos y exclusión bancaria) y solo después como reserva de valor.
Kurman traza una taxonomía de tres generaciones de economías circulares —de las nacidas del turismo y la donación (Bitcoin Beach/El Zonte) a las de circularidad genuina entre vecinos (Bitcoin Berlín), hasta las que están construyendo crédito comunitario sin KYC ni intermediarios (Geyser Fund, Circular Grants sobre Rootstock)— y sostiene que el impacto más profundo no es monetario sino de preferencia temporal: comunidades donde los jóvenes dejaron de soñar con emigrar y volvieron a plantar, ahorrar y proyectar futuro.
Lo más relevante:
- La escena de Juan, el artesano de la plaza de Bitcoin Berlín: cobra en sats, en uno o dos días compra materias primas, y lo que ahorra lo guarda para años. Su explicación de por qué Bitcoin sube —»la Fed nunca va a dejar de imprimir, entonces el dólar nunca va a dejar de caer»— lleva a Gaku a admitir que ese artesano entiende el sistema monetario mejor que la mayoría de los economistas que conoce.
- El zoom invertido: donde el discurso manda hacer zoom out para aguantar la volatilidad, Juan hace zoom in —vive el día a día en Bitcoin y la volatilidad de una semana no lo toca. La cotidianidad como respuesta a la volatilidad, no la paciencia del hodler.
- La taxonomía de generaciones: la primera nace del turismo y la donación (Bitcoin Beach); la segunda logra circularidad genuina entre vecinos sin depender del extranjero (Bitcoin Berlín); la tercera empieza a construir crédito y capital comunitario. Y el episodio deja abierta la pregunta por una cuarta: la que sobrevive a su propio fundador.
- El gran desafío de sostenibilidad, dicho sin adorno: cómo pasar de una economía circular que vive de donaciones a una en la que el flujo de satoshis es genuino. El turismo aparece como el fruto fácil, pero Gaku admite que ese fruto se agota a medida que hay cientos de economías circulares compitiendo por los mismos bitcoiners curiosos —»se acabó la escasez de economías circulares», bromea Iván.
- Las Circular Grants como el hallazgo más fuerte del episodio: crédito comunitario a tasa cero, sin KYC ni contrato formal de repago, donde el que no devuelve no le falla a un banco extractivo sino a su propio vecino, que es el siguiente en la fila del mismo pool. La presión de grupo reemplaza a la garantía bancaria.
- La denuncia que ordena todo el marco de Gaku: los grandes fondos consiguen capital a tasa cero para comprar corporaciones mientras un comerciante en Kenia paga tasas usurarias por capital de trabajo. Esa asimetría —el pobre pagando más caro el dinero que el rico— es, para él, lo que está roto en el mundo, y las Circular Grants son lo primero que ve que invierte esa lógica.
- Esperaba veinte años de colapso fiduciario antes de que surgiera algo mejor, y descubrió que cuando corregís el dinero la sociedad se corrige mucho más rápido de lo que pensaba —en años, no en décadas.
- En Cusco enseñaron Lightning a mujeres que no hablan español ni inglés, memorizando qué botones apretar antes de entender qué es la minería. Primero la práctica —te compro la artesanía, te muestro cómo cobrar—, la teoría después, cuando el interés surge solo.
- Por qué de arriba hacia abajo no alcanza: cuando El Salvador quitó la obligatoriedad del curso legal, muchos comercios dejaron de aceptar Bitcoin. La energía que baja del gobierno no prende raíz; la libertad, dice un fundador sudafricano citado por Gaku, solo se valora cuando se luchó por ella.
- La «desconexión por diseño» de África: 54 países, decenas de monedas, imposible mandar plata a un país vecino sin pasar por Europa o Estados Unidos, y catorce naciones atadas al franco CFA con reservas ligadas a Francia. Bitcoin asomando como la moneda panafricana soñada, pero «en esteroides», porque no solo conecta el continente sino con el mundo entero.






