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"No necesitamos 200 tesorerías", afirma Charles Edwards, fundador de Capriole.
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Muchas empresas buscan replicar a Strategy, pero no tienen su capacidad financiera.
La caída general del mercado también impacta en las empresas que utilizan bitcoin (BTC) y otros activos digitales como reservas de tesorería.
Aunque no incluye a todas las compañías del sector, los datos disponibles en la plataforma Artemis sobre algunas de las principales empresas con estrategias de tesorería en activos digitales (DAT, por sus siglas en inglés) muestran una tendencia clara: la mayoría de las empresas analizadas acumula, en conjunto, más de 25.000 millones de dólares en pérdidas no realizadas.
Strategy, la mayor tesorería corporativa de bitcoin, con 843.775 BTC en su balance, registra pérdidas no realizadas cercanas a los 9.200 millones de dólares. BitMine, por su parte, ocupa ese lugar en ether (ETH), con 5.777.468 ETH, y acumula pérdidas próximas a los 8.400 millones de dólares.
La excepción es Hyperliquid Strategies, que registra más de 1.100 millones de dólares en ganancias no realizadas, impulsadas por el fuerte desempeño del token HYPE.

Las pérdidas no realizadas reflejan la diferencia entre el precio promedio al que fueron adquiridos los activos y su cotización actual. Mientras las empresas no se desprendan de esas tenencias, las pérdidas permanecen únicamente como un número negativo en sus balances. Sin venta, no hay pérdida definitiva.
Sin embargo, una caída prolongada puede afectar la cotización de sus acciones y dificultar el acceso a nuevo financiamiento, un elemento clave para este modelo de negocio.
Mucho más que comprar bitcoin
El éxito de Strategy hizo que cientos de empresas comenzaran a copiar una fórmula que, hasta hace pocos años, parecía exclusiva de su fundador Michael Saylor.
La lógica es sencilla: una empresa compra bitcoin u otro activo digital, el mercado premia esa estrategia con una mayor valoración bursátil y esa prima le permite emitir nuevas acciones o deuda para seguir ampliando su tesorería. Cuanto mayor es la confianza de los inversionistas, mayor es la capacidad de recaudar fondos para adquirir más activos digitales.
En otras palabras, estas compañías no buscan únicamente beneficiarse de una eventual subida del precio de bitcoin. Su objetivo es convertir sus acciones en un vehículo de inversión para quienes desean exposición al mercado de los activos digitales sin comprar los activos directamente.
Ese modelo funcionó especialmente bien durante el mercado alcista de 2025, cuando bitcoin alcanzó un máximo histórico de 126.000 dólares. Desde entonces, el activo corrigió con fuerza y, aunque este 23 de julio volvió a cotizar por encima de los 65.500 dólares, muchas empresas todavía mantienen importantes pérdidas no realizadas en sus balances corporativos.
La carrera por parecerse a Strategy
El crecimiento del sector también despertó varias críticas. Charles Edwards, fundador de Capriole Investments, considera que el problema no es bitcoin, sino la forma en que las empresas compiten entre sí.
«Estas empresas tienen mucho hype, intentan obtener múltiplos más altos y pueden emitir capital y comprar más bitcoin, lo cual es genial para todos. Pero luego llegan los mercados bajistas como este, o simplemente llegas a una saturación del mercado donde tienes 200 DAT”, explica.
Para Edwards, el incentivo termina empujando a todas las compañías hacia el mismo lugar: asumir cada vez más deuda para ofrecer mayores retornos a sus accionistas. Además dice:
Si eres una DAT conservadora tienes otras 199 DAT allá afuera. Si ellas empiezan a usar deuda para comprar más bitcoin y hacer crecer su rendimiento para dar al inversionista un mejor retorno, tú también querrás hacerlo.
Charles Edwards, CEO de Capriole.
Cuando llega la factura
Mientras el precio de bitcoin sube, ese mecanismo puede potenciar los rendimientos. El problema aparece cuando el mercado cambia de dirección. La deuda mantiene sus vencimientos. Los dividendos prometidos a los accionistas preferentes continúan existiendo. Y conseguir nuevo capital deja de ser tan sencillo cuando la acción pierde valor.
Edwards cuestiona especialmente instrumentos como STRC, una acción preferente emitida por Strategy que paga un rendimiento variable —actualmente del 13,72%— a los inversionistas.
Estos títulos están diseñados para cotizar cerca de los 100 dólares, pero hoy se negocian alrededor de los 87,45 dólares, una señal de que el mercado exige una rentabilidad mayor ante el aumento del riesgo. Edwards sostiene que este tipo de instrumentos incrementa la presión sobre Strategy para generar retornos suficientes que permitan cumplir con esos compromisos.

Aunque reconoce que históricamente bitcoin ofreció retornos superiores, advierte que esa situación no puede darse por garantizada. «Históricamente lo ha hecho, pero no hay garantía de que bitcoin vaya a subir por encima de esa cantidad todos los años para siempre; de hecho, lo más probable es que no lo haga a largo plazo», dice.
Si Strategy necesita prepararse…
Paradójicamente, la empresa que popularizó este modelo también comenzó a tomar recaudos.
Strategy reforzó su posición de efectivo para afrontar futuras obligaciones financieras sin depender exclusivamente de la evolución del precio de bitcoin. Esa reserva busca darle margen para cumplir con intereses, dividendos y otros compromisos sin verse obligada a vender parte de sus BTC en un momento desfavorable.
La decisión deja una pregunta inevitable. Si la compañía con mayor acceso al mercado de capitales considera necesario fortalecer su liquidez para atravesar escenarios adversos, ¿qué margen tendrán empresas mucho más pequeñas, con menor reconocimiento y menos alternativas de financiamiento?
Esa diferencia es la que, según Edwards, podría acelerar una consolidación del sector. «No necesitamos 200 DAT. Para la persona común son básicamente otro ETF (fondo cotizado en bolsa al contado) con algo de rendimiento. No tenemos 200 ETF de oro; no tiene sentido», afirma.
Su proyección es que muchas compañías terminarán fusionándose o desapareciendo. «Creo que habrá una gran consolidación. Probablemente muchas adquisiciones, muchas cerrarán y terminaremos con quizás cinco o diez de estas empresas en los próximos cinco o diez años», anticipa.
Incluso comparó el fenómeno con los investment trusts (vehículos de inversión que recurrían al endeudamiento para ampliar sus inversiones) que proliferaron antes del crack bursátil de 1929, cuando el apalancamiento amplificó las pérdidas tras el cambio de ciclo.
Tampoco está de más mencionar que, si un número importante de estas empresas necesitara liquidar activos para afrontar vencimientos de deuda o reforzar su liquidez, podría aumentar la presión de venta y amplificar la volatilidad en los mercados de activos digitales en momentos de tensión.
No todas las tesorerías son iguales
El auge de las DAT también abrió un nuevo debate. Mientras bitcoin cuenta con una demanda institucional consolidada, comenzaron a aparecer empresas dedicadas exclusivamente a acumular ether, solana, avalanche o HYPE.
¿Existe realmente suficiente demanda para una compañía cuya única propuesta sea mantener una altcoin en su balance?
El caso de Hyperliquid Strategies ilustra cómo el desempeño de estas empresas puede cambiar rápidamente. Actualmente registra más de 1.100 millones de dólares en ganancias no realizadas, impulsadas por la fuerte revalorización de HYPE, uno de los activos con mejor rendimiento de 2026.
Sin embargo, esa situación también evidencia que el resultado de estas tesorerías depende, en gran medida, del comportamiento de la criptomoneda que mantienen en sus balances.
Este contraste también puede verse en otras iniciativas, como Avalanche Treasury Co. (AVAT), una compañía que reorientó su negocio en junio 2026 para convertir a AVAX en el principal activo de su tesorería, con el objetivo de replicar el modelo de Strategy.
Desde el lanzamiento de esa estrategia y su salida al Nasdaq en junio de 2026, sus acciones sufrieron un fuerte desplome (más del 90%), lo que pone en duda si existe una demanda comparable para vehículos de inversión centrados en otras criptomonedas.

En ese contexto, el interrogante es inevitable: ¿el mercado realmente necesitaba una empresa dedicada a acumular AVAX?
Orange Juice propone otra evolución
No todos los proyectos buscan copiar exactamente a Strategy. Orange Juice Holdings, impulsada por Lyn Alden y Ricardo Salinas Pliego, propone un enfoque diferente: comprar empresas rentables que generen flujo de caja y utilizar esos excedentes para adquirir bitcoin, como informó CriptoNoticias.
La diferencia parece sutil, pero cambia la lógica del negocio. En lugar de depender principalmente de nuevas emisiones de acciones o deuda, la tesorería crecería gracias al efectivo generado por actividades productivas.
Más que abandonar el modelo de Strategy, representa un intento por hacerlo más sostenible.
En paralelo, algunas empresas también comenzaron a ampliar el concepto de tesorería corporativa. El 22 de julio, Strive, una de las mayores tenedoras corporativas de bitcoin con 19.921 BTC, anunció un programa para financiar a desarrolladores de Bitcoin Core a través de la organización Brink.
La compañía sostuvo que las instituciones que se benefician de Bitcoin deberían contribuir al mantenimiento de la infraestructura que hace posible el funcionamiento de la red. «Proteger la red que sostiene tu activo más importante no es filantropía. Es una gestión responsable a largo plazo», afirmó su director ejecutivo, Matt Cole.
Esta iniciativa refleja que, a medida que crece la participación institucional en bitcoin, algunas compañías comienzan a asumir que el éxito de una estrategia de tesorería no depende únicamente de acumular BTC, sino también de preservar el ecosistema que le da valor.
La próxima prueba
Durante el último año, las empresas de tesorería basadas en bitcoin y otros activos digitales despertaron el interés entre los inversionistas, aunque ese entusiasmo no se trasladó por igual a todos los proyectos.
Sin embargo, la reciente corrección parece marcar el inicio de una nueva etapa. El desafío ya no será demostrar quién puede comprar más bitcoin o más criptomonedas, sino quién logra sostener esa estrategia cuando el mercado deja de facilitar el acceso al capital.
Si ese escenario se materializa, la próxima generación de tesorerías probablemente no se diferencie solo por el tamaño de sus reservas, sino también por la solidez del negocio que las respalda y por la forma en que contribuyan al desarrollo y fortalecimiento del ecosistema sobre el que construyen su estrategia.









