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Mt. Gox, BitConnect, Terra-Luna y FTX son los eventos trágicos de los ciclos de mercado pasados.
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Con el caso de Coldcard, la dependencia y confianza a ciegas generó millones de dólares en pérdidas.
El actual ciclo bajista de bitcoin (BTC), como en los anteriores, no vino solo. Junto a él, un evento catastrófico puso en tela de juicio la confianza sobre la industria.
Con el ataque a Coldcard, ocurrido entre finales de julio y los primeros días de agosto de 2026, la fiabilidad del sector parece entrar en crisis. Y con razón, pues este suceso ha provocado el drenaje de más de 2.000 bitcoin, equivalentes a más de 100 millones de dólares, distribuidos en más de 4.500 direcciones.
A diferencia de las crisis del pasado, generadas por el colapso de exchanges y proyectos de criptomonedas, este incidente —igualmente catastrófico— marca un hito sin precedentes en el sector.
Ello, ya que supuso una afrenta contra la autocustodia de bitcoin, que es uno de los valores fundamentales del protocolo y de su comunidad.
Como lo hemos documentado en CriptoNoticias, el origen técnico del problema se remonta a un código heredado desde marzo de 2021 en el firmware de los dispositivos Coldcard.
La ejecución del ataque se desplegó en al menos cuatro olas masivas a partir del 30 de julio, derivando en la extracción sistemática de los bitcoin almacenados en las direcciones comprometidas.
Recorrido histórico: las crisis bajistas de bitcoin
La historia, aunque no se repite, sí suele rimar. Y más en el mercado de bitcoin, que ha demostrado con anterioridad que las fases bajistas están acompañadas de eventos sistémicos o institucionales significativos.
Si echamos la vista atrás, al ciclo del 2013 al 2015, hubo un evento sin precedentes que marcó al mercado para siempre y que hoy por hoy se recuerda como una de las crisis más grandes de la industria.
Se trató del hackeo y quiebra del exchange japonés Mt. Gox, una de las primeras casas de intercambio de BTC del mercado.
Dicho suceso, suscitado en 2014, derivó en la pérdida de aproximadamente 850.000 bitcoin. No obstante, dio origen al principio de autocustodia y trajo a la vida aquella gran premisa bitcoiner: “no son tus llaves, no son tus monedas”.
Pasado el trauma de Mt. Gox, apenas tres años después, en el mercado bajista transcurrido entre 2017 y 2018, la crisis de confianza en el mercado se manifestó a través de la caída de la estafa de BitConnect y de las ofertas iniciales de monedas (ICO).
Mediante BitConnect, lanzada el noviembre de 2016, en medio del auge de las ICO, alrededor de 4.000 personas en 90 países fueron estafadas. Al revelarse el esquema, toda una ola de proyectos similares fueron calificados de fraudulentos —más de 200 solo en Norteamérica—, lo que melló la confianza en el sector y acompañó la caída de BTC hasta los 8.800 dólares, desde máximos de 18.000 dólares.
Más tarde, en el ciclo bajista comprendido entre 2021 y 2022, otro evento trágico sacudió al mercado. Se trató del colapso del ecosistema Terra-Luna, junto con las quiebras del fondo Three Arrows Capital y del exchange FTX —que en otrora compitió con Binance por el liderazgo del sector—.
Estos eventos sumaron pérdidas para la industria por el orden de los USD 64.000 millones, y fueron el aliciente necesario para que bitcoin —y el resto del mercado— cayeran con fuerza. En el caso de BTC, un retroceso hasta el rango de los USD 16.000, desde los máximos históricos de USD 69.000.
Ahora, en el ciclo actual de 2025 a 2026, se añade un nuevo capítulo a esta serie de eventos con la falla de entropía en Coldcard.
No obstante, este acontecimiento no ha derivado en una caída sustanciosa en el precio de bitcoin. De hecho, se suscitó justo cuando BTC se mantiene sobre los USD 63.000, un 49% menos que su máximo histórico de octubre de 2025.
Cambio de paradigma en la seguridad de bitcoin
Aunque no ha generado caídas en el precio de bitcoin, lo sucedido con Coldcard sí altera la percepción de riesgo dentro del ecosistema de Bitcoin. La naturaleza de esta crisis difiere sustancialmente de las anteriores al desplazar el problema desde la opacidad de los intermediarios hacia la arquitectura de código en los dispositivos físicos de resguardo.
Hay que considerar que, durante las crisis previas, los usuarios afectados habían delegado la custodia de sus fondos a terceros que —para mál de ellos— terminaron siendo irresponsables o fraudulentos.
En el caso de Coldcard, las pérdidas impactaron a holders que aplicaban las recomendaciones técnicas más rigurosas de la industria de Bitcoin. Es decir, mantener los BTC fuera de línea, en almacenamiento frío.
Casos como el de Jonathan Goodman, empresario canadiense, dan fe de lo anterior. A él le robaron alrededor de 1,1 millones de dólares en BTC, aunque aseguró haber hecho “las cosas bien”. Es decir, haber procurado mantener sus BTC bajo su propia custodia y cuidado.
Él era su propio banco. Y, aun así, sufrió las consecuencias de lo que el educador financiero venezolano Alexis Lugo califica como “errores humanos”.
Si bien la vulnerabilidad no compromete —hasta ahora— el precio de mercado, ni la seguridad subyacente del protocolo de Bitcoin, ni la solidez de los algoritmos criptográficos SHA-256 o secp256k1; la falla radica sobre algo más preciado: la confianza.










