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Las stablecoins pasan de ser un nicho para traders a una infraestructura de pagos para todos.
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Firmas como Deloitte ya marcan el camino auditando a las plataformas de intercambio más grandes.
Durante años, las «Big Four» (o las cuatro grandes PwC, Deloitte, EY y KPMG) observaron el ecosistema de las criptomonedas con una mezcla de escepticismo y cautela. Sin embargo, un cambio en las leyes de Estados Unidos está desatando una carrera por dominar el mercado de las stablecoins, introduciendo al sector en el nuevo tablero de la contabilidad global.
Las señales demuestran que el panorama para PwC, Deloitte, EY y KPMG está cambiado drásticamente. Esto debido a que lo antes visto como un territorio de alto riesgo y lagunas legales, se ha convertido hoy en la nueva frontera del crecimiento tras la aprobación de la Ley GENIUS en julio de 2025 por parte de Estados Unidos.
Este marco federal, que regula por primera vez las stablecoins (criptomonedas vinculadas al valor del dólar) en Estados Unidos, está funcionando como un interruptor de confianza. Se trata de una competencia abierta por liderar la auditoría, la consultoría y la tokenización de activos.
Para Paul Griggs, socio principal de PwC en Estados Unidos, la claridad regulatoria es el ingrediente que faltaba. «La normativa genera una convicción mucho mayor para apostar por esta clase de activos», explicó en una entrevista reciente con el Financial Times. Añadió que la digitalización de activos reales o RWA (real world assets) es una evolución inevitable en la que su firma debe estar presente.
La declaración de Griggs representa efectivamente un cambio de postura en PwC (y, por extensión, en las Big Four), que hasta hace poco mantenían una distancia prudencial con clientes de criptomonedas debido a riesgos reputacionales, incertidumbre regulatoria y medidas de ejecución por parte de los reguladores estadounidenses.
PwC, de hecho, es actualmente una de las firmas más agresivas en este nuevo escenario, reforzando sus filas con veteranos de la industria como Cheryl Lesnik y asumiendo la auditoría de gigantes de la minería como Mara Holdings. Sin embargo, no está sola en este camino.
Deloitte, KPMG y EY también trabajan en el mundo de las criptomonedas
Deloitte ha tomado la delantera en la transparencia, auditando a Coinbase desde hace años y publicando recientemente una hoja de ruta sobre cómo debe ser la contabilidad de los activos digitales.
Mientras tanto, KPMG identificó el año 2025 como el «punto de inflexión» definitivo, centrándose en la gestión de riesgos para las empresas que decidan dar el salto al mundo de las criptomonedas.
KPMG destaca en su sitio web las áreas clave de enfoque en servicios financieros relacionados con activos digitales, posicionándose como socio estratégico para instituciones que integran criptomonedas en operaciones tradicionales.
La firma enfatiza la debida diligencia entre custodia directa y subcustodia, junto con un marco de riesgos y controles que abarca generación de claves y gestión de wallets, entre otros elementos. Además, KPMG ofrece asesoría sobre uso de stablecoins como vías de pago.
Estos son servicios que incluyen diseño de soluciones de custodia, frameworks de control, desarrollo de protocolos KYC (conoce a tu cliente), monitoreo de transacciones, estrategia regulatoria y preparación de cumplimiento, adaptados a la evolución rápida del sector.
EY, por su parte, está asesorando a grandes corporaciones en la compleja transición fiscal y estratégica que supone integrar tokens en sus balances. La firma avanzó hacia el sector de las criptomonedas tras realizar una encuesta que reveló un fuerte impulso para la adopción de stablecoins entre instituciones financieras y corporaciones
El estudio, que incluyó a más de 350 ejecutivos, muestra que el 13% de las organizaciones ya utilizan stablecoins, mientras que el 54% de las que aún no lo hacen esperan adoptarlas en los próximos12 meses. La aprobación de GENIUS Act se considera un punto de inflexión que proporciona claridad regulatoria, reduce incertidumbres y acelera la inversión y la innovación tecnológica.
En definitiva, la entrada de las «Big Four» no es solo un movimiento comercial; es la señal definitiva de que el dinero digital se integra en el engranaje de la economía mundial.








