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El circuito USDT se consolida entre comercios y proveedores como un estándar pragmático.
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Pese a la brecha cambiaria a la baja, los cobros en stablecoins subieron del 20% al 40%.
En Venezuela, USDT, la stablecoin de Tether, ya no es una curiosidad tecnológica ni un refugio de emergencia; es parte del paisaje.
Mientras Ecoanalítica revela que en solo un mes se transaron 1.389 millones de dólares con este activo digital, cifra que rivaliza con las exportaciones petroleras, en el oriente, el centro y el occidente del país la adopción no solo se mantiene firme frente a la caída de la brecha cambiaria, sino que crece.
La razón es psicológica. Los venezolanos, habituados a los colapsos financieros, hallaron en USDT un ancla. Aunque desde enero pasado la brecha entre la tasa del Banco Central de Venezuela (BCV) y la del mercado paralelo se redujo en un 30%, en julio ese porcentaje se ha estabilizado en torno al 16,8%.
A la fecha, USDT cotiza a 868 bolívares frente a la tasa oficial de 737,23, y el bolívar acumula una depreciación del 50% en lo que va de año.
Los comerciantes, sin embargo, reportan un incremento en los cobros con criptomonedas. ¿La explicación? «La costumbre es más fuerte que el amor», sentencia Yossem Moreno, propietaria de un bar-restaurante en Maturín, ciudad al oriente del país.
Cuando la costumbre se traduce en 44 millones de USDT diarios
Entre junio y julio, Binance P2P movilizó un promedio de 44 millones de USDT diarios en el país. Tal como reportó CriptoNoticias, esto es equivalente al 64% de las ventas de divisas realizadas por el BCV en ese mismo período.
Pero, si la brecha se achica y el dólar oficial está más accesible, ¿por qué persiste la ruta hacia las criptomonedas? Para hallar la respuesta no hay que acudir a los libros de economía, sino a la memoria del consumidor.
Hay otro dato que contextualiza el momento actual: la bicicleta cambiaria, el mecanismo de arbitraje que consistía en comprar dólares en la banca venezolana para venderlos por USDT en el mercado P2P a un precio más alto, ha perdido gran parte de su atractivo.
En abril de 2026, cuando el USDT se mantenía por debajo de los 620 bolívares, el margen de beneficio para estos operadores se redujo a apenas un 2% en promedio, frente al 20%-40% que llegaron a obtener en épocas anteriores.

Sin embargo, la reciente escalada del USDT por encima de los 800 bolívares, impulsada por la escasez de divisas y la depreciación del bolívar, sugiere que la presión cambiaria no ha cedido del todo.
La brecha vuelve a hacer tentador el arbitraje, pero los comerciantes consultados no han modificado sus hábitos: usan USDT porque es más práctico que el efectivo, no porque sea rentable especular con él.
Moreno atiende su negocio en el oriente venezolano. Y en entrevista con CriptoNoticias ella contó cómo fue que años atrás abrió su cuenta en Binance «por si acaso».
Cuando el efectivo en divisas se volvió un problema logístico. Es decir, escaso, riesgoso e incómodo hasta para dar vueltos, y las transferencias en bolívares se devaluaban en cuestión de horas, rescató la wallet digital. Y hoy, el 40% de sus ingresos llegan en USDT, el doble de lo que registraba meses atrás.
Pagar con USDT en Venezuela ya es una costumbre más fuerte que el amor. Al principio la gente venía con miedo, con desconfianza, pero cuando vieron que el sistema funcionaba, que no perdían dinero en el camino y que podían hacerlo desde su celular, se volvió parte del día a día. Hoy mis clientes piden la cuenta y sacan el teléfono sin preguntar la tasa, porque saben que el USDT vale lo que tiene que valer», asegura la comerciante.
Yossem Moreno.
Sus clientes, freelancers y trabajadores remotos, perciben sus ingresos en criptomonedas. Para ellos, pagar en USDT evita comisiones y burocracia. Yossem destaca que la gente ya prefiere la rapidez y comodidad del activo digital por encima de la banca, asumiendo incluso pequeñas diferencias cambiarias con tal de ahorrar tiempo.

En la misma ciudad vive María Cubero, propietaria de una sala de videojuegos que recibe el 30% de sus cobros en USDT, también bajo una premisa práctica. Fija tarifas mínimas de un dólar a cualquier equivalencia para agilizar la venta.
De esa forma simplifica su operación, pero también contiene la paradoja que define el momento actual. Se explica cuando se entiende que Cubero no ajusta sus precios según la cotización del USDT porque confía más en la estabilidad del activo digital que en la del bolívar. Esa confianza, sin embargo, descansa sobre una infraestructura frágil.
Sin embargo, el modelo descansa sobre una tríada de vulnerabilidades:
- La centralización encubierta. Esto es porque la mayoría de los venezolanos accede a USDT a través de un único exchange: Binance. Si la plataforma cambia sus políticas, si OFAC revisa sus licencias o si el gobierno bloquea su acceso, el ecosistema colapsa. Los comerciantes no tienen una alternativa real.
- La fragilidad de la red física. las transacciones con USDT requieren electricidad, internet y dispositivos funcionales. En un país con cortes eléctricos prolongados y fallas de conectividad constantes, la eficiencia del sistema digital está permanentemente amenazada.
- La paradoja de la confianza. Los comerciantes confían en Binance porque desconfían de la banca nacional. Pero Binance es una empresa privada sujeta a regulaciones internacionales y decisiones corporativas que escapan a su control. La confianza en el código, en el fondo, sigue siendo confianza en una institución.
Ante la pregunta de qué ocurriría si se interrumpe el acceso digital, la postura de los comerciantes es pragmática. No hay un plan B digital; USDT es el plan A mientras la red lo permita, cuando no, se apela al efectivo y el pago móvil tradicional si la pantalla se apaga.
El viaje del USDT va más allá del mostrador
El uso de la stablecoin también desbordó el consumo al detal. El esposo de Yossem gestiona los pagos a proveedores en la misma moneda, cerrando un ciclo que elimina el costo del doble cambio (bolívar – dólar – producto). El ahorro es tangible: esquivar el spread de las casas de cambio (entre 2% y 3%) deja un margen extra que el negocio reinvierte.
Mi esposo es la que maneja los pagos a los proveedores. En vez de estar corriendo detrás del dólar en efectivo o perdiendo el 3% en comisiones de cambio, pasamos el USDT directo. Los proveedores que aceptan esto nos dan mejor precio porque saben que es dinero limpio y rápido. Esa cadena, de cliente a negocio y de negocio a distribuidor, es la que nos ha permitido sobrevivir sin depender del BCV.
Yossem Moreno.
El relato dibuja un ecosistema que se autoalimenta y fluye sin tocar el circuito bancario. Esta expansión «boca a boca» ha permeado ferreterías, colegios y servicios de transporte.
Paralelamente, comerciantes y educadores impulsan talleres comunitarios para enseñar el manejo seguro de las wallets y prevenir estafas.

La macroeconomía, por su lado, aporta matices de cautela. Economistas como Asdrúbal Oliveros advierten que la estabilidad cambiaria actual es precaria y depende de una disciplina fiscal frágil. Aunque en el terreno, la dinámica comercial ya tomó su propio rumbo.
El comercio venezolano con USDT en Venezuela ya trasciende la especulación financiera; se ha transformado en una infraestructura pragmática levantada sobre la desconfianza institucional. Ni la reducción de la brecha cambiaria ni los obstáculos de conectividad han frenado una dinámica que convirtió el uso de la tecnología en rutina.
En la pugna cotidiana entre el control estatal y la eficiencia del código, los comerciantes ya eligieron. Para ellos, cuando la necesidad se vuelve hábito, la costumbre termina imponiéndose a cualquier norma.









