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La capitalización de las stablecoins registra la mayor caída mensual desde 2022.
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Los pagos y la tokenización impulsan nuevos usos para las stablecoins.
El mercado global de las stablecoins perdió 13.000 millones de dólares desde el máximo histórico alcanzado el pasado 17 de mayo. Solo en el último mes, la contracción fue de 5.000 millones, la mayor desde el colapso de Terra-Luna en junio de 2022, cuando la pérdida de confianza en UST provocó una salida masiva de liquidez del ecosistema de las criptomonedas.
A simple vista, la lectura parece evidente: menos stablecoins en circulación implican menos liquidez disponible para invertir en bitcoin (BTC) y otros activos digitales.
Sin embargo, esa explicación, en este contexto del mercado, comienza a quedarse corta. Es que mientras la capitalización se reduce, las stablecoins siguen expandiendo su presencia en áreas que hace apenas unos años eran marginales: pagos internacionales, productos de ahorro, tokenización de activos financieros, remesas e incluso transacciones ejecutadas por agentes de inteligencia artificial (IA).

Esta situación provoca una pregunta: ¿la caída de la oferta refleja realmente una pérdida de relevancia o estamos frente a un cambio mucho más profundo en la función que cumplen estos activos?
A diferencia de 2022, cuando el desplome estuvo asociado al colapso de Terra y a una crisis de confianza en el ecosistema, esta vez no existe un único detonante. Una explicación posible es que parte del capital haya migrado hacia activos con mayor expectativa de rentabilidad, impulsado por el auge de las empresas vinculadas con IA y por el renovado interés en las ofertas públicas iniciales (IPO) de compañías tecnológicas. Esta rotación de capital ganó impulso tras la histórica salida a bolsa de SpaceX y la expectativa por futuras IPO de firmas tecnológicas como OpenAI y Anthropic.
Pero concentrarse únicamente en la caída del suministro puede ocultar otra transformación que avanza en paralelo.
Durante buena parte de la historia del mercado, las stablecoins funcionaron principalmente como una moneda de intercambio dentro del ecosistema de los activos digitales. Eran el lugar donde los inversionistas estacionaban capital antes de comprar bitcoin o al salir de posiciones durante períodos de volatilidad. Su crecimiento estaba estrechamente ligado a la actividad especulativa. Ya no tanto.
“Metamorfosis de identidad” en las stablecoins
Un informe reciente de Binance Research sostiene que las stablecoins están atravesando una «metamorfosis de identidad». Según la investigación, estos activos están dejando de actuar únicamente como una capa de liquidez para convertirse en una infraestructura de liquidación utilizada por distintos servicios financieros.
Los datos respaldan esa transición. El 30% de los usuarios de Binance mantiene hoy más de la mitad de su cartera en stablecoins, frente a apenas el 4% registrado en 2020. Ese comportamiento se asemeja más al de un instrumento de ahorro que al de un activo utilizado exclusivamente para operar en los mercados.

La aparición de stablecoins con rendimiento también modificó esa dinámica. Productos respaldados por bonos del Tesoro de Estados Unidos ofrecen retornos cercanos al 3% o 4% anual, muy por encima del rendimiento promedio de los depósitos bancarios estadounidenses, situado en torno al 0,38%.
En otras palabras, algunas stablecoins ya no solo preservan valor, sino que generan ingresos para quienes las mantienen en cartera.
La tokenización de activos financieros representa otro indicio de esa evolución. Un ejemplo es Stellar, cuya capitalización de stablecoins aumentó hasta los 931 millones de dólares impulsada principalmente por USDY y USDC, hecho que fue informado por CriptoNoticias. En el caso de USDY, el crecimiento está directamente relacionado con la tokenización de bonos del Tesoro estadounidense. Es decir, la stablecoin ya no funciona únicamente como efectivo digital, sino como un vehículo para acceder a instrumentos financieros tradicionales mediante infraestructura blockchain.
Expansión de stablecoins más allá del ahorro
Según Binance Research, el volumen procesado por Binance Pay creció un 114% interanual y el valor mediano de cada pago pasó de 10 a 18 dólares. Más que un incremento estadístico, el dato refleja que las stablecoins comienzan a utilizarse para operaciones comerciales de mayor importe, una señal de confianza creciente en su capacidad para funcionar como medio de pago cotidiano.

El informe, además, identifica nuevas aplicaciones prácticamente inexistentes hace apenas unos años. Entre ellas aparecen los pagos ejecutados por agentes de IA y el crecimiento del mercado de divisas sobre redes de criptomonedas, que ya mueve decenas de miles de millones de dólares durante los fines de semana, cuando los mercados tradicionales permanecen cerrados.
Todo ello sugiere que la función económica de las stablecoins se está diversificando.
Esto no significa que la capitalización haya dejado de importar. Sin embargo, utilizar exclusivamente esa métrica para evaluar la evolución del sector puede resultar cada vez menos representativo.
Quizás la verdadera paradoja no sea que el mercado de stablecoins pierda capitalización mientras gana utilidad. La paradoja es que seguimos intentando medir una infraestructura financiera cada vez más compleja con un indicador diseñado para una época en la que estos activos eran, simplemente, una puerta de entrada al mercado de las criptomonedas.









