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En junio se propuso mantener una recompensa permanente de 0,25 BTC desde 2040.
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Peter Todd sostiene desde 2022 que depender solo de las comisiones puede ser inestable.
El límite de 21 millones de bitcoin (BTC), una de las reglas monetarias más emblemáticas del protocolo, vuelve a estar bajo discusión, con una propuesta de emisión adicional.
La idea, conocida como tail emission o emisión de cola, busca responder a un problema que tampoco es nuevo. Cada cuatro años, aproximadamente, el halving reduce a la mitad el subsidio que reciben los mineros por cada bloque. A medida que esa recompensa disminuya, la seguridad de Bitcoin dependerá cada vez más de las comisiones pagadas por los usuarios.
La pregunta que vuelve a aparecer es si esas comisiones serán suficientes para sostener a los mineros cuando el subsidio sea mucho menor.
En junio, el tema llegó al foro técnico Delving Bitcoin, donde se propuso mantener desde 2040 una recompensa permanente de 0,25 BTC por bloque. Un mes después, Peter Todd retomó una idea que analiza desde hace años durante Bitcoin++ Toronto, con su presentación Tail Emissions and Demurrage.

La secuencia explica por qué una discusión antigua recuperó vigencia. Bitcoin continúa avanzando en su calendario de halvings, pero todavía no está demostrado que un mercado basado principalmente en comisiones pueda proporcionar de forma estable los ingresos necesarios para sostener su seguridad.
¿Qué es exactamente una tail emission?
En el diseño actual de Bitcoin, el subsidio por bloque disminuye progresivamente hasta volverse prácticamente insignificante. Con una emisión de cola, en cambio, esa reducción se detendría en determinado nivel y los mineros continuarían recibiendo una pequeña cantidad de BTC nuevos por bloque de manera indefinida.
Eso tiene una consecuencia evidente: la oferta podría superar los 21 millones de BTC.
Todd lleva al menos desde 2022 argumentando que esa consecuencia no debería interpretarse simplemente como inflación, como ha explicado CriptoNoticias. Su modelo parte de que una fracción de los BTC existentes desaparece efectivamente de circulación con el tiempo por pérdida de claves, fallecimientos, errores o wallets que quedan inaccesibles.
La imagen que utiliza es la de un cubo con fugas: entran nuevas monedas mientras otras salen permanentemente de circulación. Si ambas tasas terminaran equilibrándose, sostiene, la cantidad efectivamente disponible podría estabilizarse aunque nominalmente continúen emitiéndose BTC.
El objetivo no sería aumentar la oferta por sí misma. La nueva emisión funcionaría como un piso predecible para los ingresos de los mineros, evitando que la seguridad dependa exclusivamente de las comisiones.
Y es justamente ahí donde empiezan las objeciones.
Una solución que para algunos crea un problema mayor
Pieter Wuille, desarrollador de Bitcoin Core que participa en Delving Bitcoin bajo el seudónimo sipa, intervino en la discusión y fue categórico: «Considero que esto no tiene ninguna posibilidad».
Wuille aclaró que su rechazo no parte necesariamente de considerar mala a la emisión permanente. El problema es modificar una característica monetaria que los usuarios conocen desde el nacimiento de Bitcoin.
«Bitcoin comenzó como un experimento para un nuevo tipo de dinero», explicó, recordando que fue diseñado deliberadamente con una oferta finita. Para Wuille, si se quiere comprobar si otro calendario monetario funciona mejor, debería hacerse «en otra moneda, donde pueda competir justamente», indicó.

La discusión empieza entonces a alejarse de la cantidad concreta de BTC que podrían emitirse. Una tail emission no sería simplemente un ajuste técnico para garantizar ingresos a los mineros. Implicaría modificar la política monetaria sobre la cual Bitcoin construyó buena parte de su propuesta de escasez.
Giacomo Zucco, bitcoiner y empresario conocido por su defensa de las propiedades monetarias de BTC, llevó esa objeción todavía más lejos: «La emisión de cola es una de las muy pocas ideas aún más retrógradas que el cambio de PoW. Ninguna de las dos será aceptada jamás en Bitcoin».
Sin embargo, Zucco introduce después un matiz importante. Para él, una emisión suficientemente pequeña no sería necesariamente el problema económico principal. «La emisión de cola en sí misma no sería un problema particular, si es razonablemente baja. Los cambios arbitrarios en los fundamentos económicos serían el problema existencial, remarcó.
Su argumento apunta al precedente. Si una regla monetaria fundamental puede modificarse porque determinados desarrolladores consideran que existe un diseño mejor, el problema ya no sería solamente cuántos BTC existen.
Zucco lo plantea también a la inversa: si Bitcoin hubiese nacido con una emisión permanente, eliminarla posteriormente sería igualmente problemático.
Por su parte, Adam Back, criptógrafo, inventor de Hashcash y CEO de Blockstream, tampoco ve futuro para la idea. Al referirse a la insistencia de Todd con la emisión permanente, fue directo y dijo: «Es un NACK (no) rotundo a la emisión de cola. No sé por qué no se rinde con eso: nunca va a pasar, jamás».
La resistencia permite dimensionar qué significa realmente que la discusión haya regresado. No existe actualmente un consenso creciente para superar los 21 millones ni una modificación encaminada a implementarse.
Lo que permanece sin resolver es el problema que la propuesta intenta abordar.
Las comisiones todavía no dieron una respuesta definitiva
La propuesta presentada en Delving Bitcoin parte precisamente de ahí. Su autor sostiene que los períodos de comisiones elevadas han sido breves y volátiles y que todavía no puede asegurarse que alcancen para reemplazar al subsidio.
Sus cálculos sobre las transacciones realizadas entre abril y junio de 2026 estiman que, bajo determinadas hipótesis de demanda y con comisiones de 40 sat/vB, los ingresos podrían situarse alrededor de 0,167 BTC por bloque, o entre 0,2 y 0,24 BTC considerando transacciones de mayor tamaño con firmas resistentes a computación cuántica.
Son estimaciones, no una predicción de cómo funcionará realmente ese mercado.
Incluso dentro de la discusión técnica existe desacuerdo sobre cuál es exactamente el riesgo que debe solucionarse. Un participante de Delving Bitcoin resumió una de las dificultades actuales: «Parte del problema en 2026 es que nadie tiene un buen modelo de amenaza».
Una de las preocupaciones no es necesariamente un ataque repentino, sino una eventual concentración progresiva de la minería en menos manos a medida que disminuyan sus ingresos.
Y la emisión permanente tampoco es la única respuesta que se discute. Existen alternativas orientadas a fortalecer el mercado de comisiones, modificar determinados incentivos o recurrir a mecanismos como el demurrage, otra posibilidad analizada por Todd que trasladaría parte del costo de la seguridad hacia monedas que permanecieron inactivas durante períodos prolongados.
Por eso, el regreso de la tail emission no significa que Bitcoin esté preparándose para abandonar los 21 millones.
Lo que muestra es que una discusión que durante años podía mantenerse en el terreno teórico empieza a reaparecer a medida que avanza el calendario de emisión. La recompensa de los mineros seguirá cayendo y todavía debe comprobarse hasta qué punto las comisiones podrán ocupar su lugar.
La emisión permanente es una de las respuestas que volvieron a ponerse sobre la mesa. Y las reacciones muestran que el verdadero problema no será solamente demostrar si funciona, sino convencer a los usuarios de Bitcoin de que modificar una de sus reglas monetarias fundamentales sería un precio aceptable para hacerlo.









