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Oliveros sugiere que una integración así debería contar con un marco normativo que no asfixie.
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Una guía clara es Bolivia con sus “criptocuentas”, pero Venezuela puede “ir más allá”.
El debate sobre la integración entre el sistema bancario tradicional y el ecosistema de criptomonedas en Venezuela comienza a resonar. La discusión ya no plantea un escenario excluyente de banca frente a las plataformas digitales, sino una oportunidad de unión y relación operativa.
En este contexto, el economista y consultor empresarial Asdrúbal Oliveros analizó las ventajas y desafíos que implicaría conectar a la banca formal, las empresas fintech y los proveedores de servicios de criptoactivos en el país.
Durante una entrevista exclusiva para CriptoNoticias, Oliveros destacó que la banca venezolana cuenta con infraestructura, confianza, mecanismos de cumplimiento y una población bancarizada, mientras que los activos digitales aportan eficiencia en transacciones y cobertura cambiaria.
Para él, la unión de ambos mundos permitiría al sector financiero «capturar operaciones» que hoy ocurren fuera de sus circuitos formales, partiendo de que la adopción de criptoactivos depende de la resolución de problemas concretos que los canales tradicionales no siempre pueden solventar.
Hay que tomar en cuenta que, según cálculos del economista, el tamaño del mercado paralelo de divisas en Venezuela representa entre el 30% y el 40% del total de las transacciones económicas, impulsado en gran medida por la operativa con criptomonedas.
Además, apenas el 4% de la población venezolana posee una cuenta bancaria en Estados Unidos y un 8% cuenta con acceso al sistema financiero de Panamá.
En contraste, el 27% de la población ya ha utilizado aplicaciones vinculadas con criptomonedas y un 56% afirma conocer estos instrumentos.

Por ende, Oliveros considera que la integración de soluciones tecnológicas basadas en bitcoin y otros activos permitiría a las entidades financieras tradicionales ampliar su alcance comercial y generar nuevas fuentes de ingresos por comisiones operativas.
«Al final, el interés para la banca es un ganar-ganar, porque muchas de esas operaciones pueden terminar en el ecosistema de la banca y pueden generar transacciones que, a su vez, pueden ser monetizadas, y eso amplía su alcance», explicó.
Sin embargo, el analista cree que aún falta trecho para llegar a una integración formal de ambos sistemas financieros en Venezuela.
«En Venezuela, donde existen restricciones cambiarias, dificultades para realizar pagos internacionales y una demanda que yo llamo estructural de protección frente a la inflación, que es la cobertura, esos casos de uso son particularmente claros. Entonces, la verdadera oportunidad para mí está en conectar esa realidad con un sistema financiero más amplio, competitivo y eficiente, pero creo que es algo que se puede construir, pero falta mucho para eso».
Asdrúbal Oliveros.

El modelo de Bolivia como referencia para la región
El camino hacia la integración financiera cuenta con antecedentes recientes en América Latina. Bolivia reestructuró su enfoque regulatorio al permitir que las plataformas de tecnología financiera y criptomonedas interactuaran directamente con las entidades bancarias tradicionales, sin necesidad de adoptar un activo digital como moneda de curso legal.
En CriptoNoticias hemos documentado cómo bancos de renombre en ese país, como el Banco Unión y el Banco FIE, han habilitado «criptocuentas», en donde permiten a los clientes operar con la stablecoin USD Tether (USDT) directamente desde los aplicativos bancarios.
Para el contexto venezolano, Oliveros sostuvo que la experiencia boliviana es un punto de partida relevante, aunque la realidad del país petrolero exige un esquema más amplio.
Como lo ve, la demanda estructural de alternativas financieras en Venezuela responde a problemas concretos como la alta inflación, la necesidad de cobertura cambiaría, los límites para realizar pagos internacionales y las restricciones para acceder a la banca extranjera.
Así las cosas, explicó que «Venezuela debería ir un poco más allá» y pensar en un esquema «donde bancos, fintech y proveedores de activos virtuales puedan interoperar, integrarse bajo reglas claras, con estándares de custodia, prevención de legitimación de capitales, protección de usuario, y evitando una regulación excesivamente burocrática».
El economista argumentó, además, que una normativa sobrecargada de tramitaciones terminaría desalentando el uso del sistema bancario, desplazando la liquidez hacia la informalidad o hacia plataformas radicadas en el exterior, donde históricamente se ha mantenido la custodia de gran parte del capital local.
Hay que recordar que, de acuerdo con el propio Oliveros, la normativa vigente en Venezuela para el sector de las criptomonedas «no permite desarrollar» al sector debido a que es «extremadamente restrictiva».
Además, el sector de las criptomonedas en Venezuela se mantiene en una suerte de limbo regulatorio, ya que la Superintendecia Nacional de Criptoactivos y Actividades Conexas (Sunacrip), que es el organismo encargado de hacer velar la normativa del sector en el país, va para cuatro años bajo un proceso de reestructuración.
Hacia un marco de coexistencia multimoneda
Oliveros destacó que el desarrollo de mecanismos de financiamiento y crédito es uno de los campos con mayor potencial dentro de una eventual integración.
A su juicio, en una economía con un sector financiero reducido, la incorporación de activos digitales puede facilitar la movilización del ahorro privado y ofrecer alternativas de liquidez para el sector productivo.
No obstante, enfatizó que la solución no radica en limitar las alternativas digitales o restringir las divisas para proteger la moneda nacional, el bolívar. En cambio, afirmó que se requiere «corregir los desequilibrios macroeconómicos» de fondo.
«La recuperación del bolívar depende de fundamentos, disciplina fiscal, baja inflación, estabilidad macroeconómica y confianza. Si esos elementos no existen, los venezolanos van a buscar mecanismos de protección, independientemente de lo que diga la regulación», dijo.
Bajo este panorama, el especialista subrayó que la evolución del sistema financiero en Venezuela apunta hacia un entorno multimoneda de convivencia entre el bolívar, divisas de curso legal —como el euro, el dólar, el peso colombiano y el real brasileño— y activos digitales.
Se trata de un esquema que Oliveros ya ha propuesto en el pasado y que buscaría justamente una armonización entre los distintos signos monetarios en Venezuela. Para él, eso sería una solución “mucho más saludable para la economía venezolana”, en lugar de una dolarización.
Pero, de nuevo, todo esto pasa por la creación de un marco normativo claro y eficiente que, según el economista, determinará si el valor generado por la economía digital logra incorporarse al circuito bancario formal o si continuará operando de manera alternativa.









