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Bitcoin fue uno de los peores activos del primer semestre de 2026.
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El trader Pablo Gil mantiene su proyección de una caída de bitcoin hacia los USD 35.000.
Bitcoin (BTC) abre este jueves 9 de julio de 2026 por arriba de 62.000 dólares, tras oscilar durante las últimas 24 horas entre los 61.507 y los 63.115 dólares. La moneda digital acumula un alza de 2,8% en los últimos siete días.
El movimiento ocurre en una jornada sin novedades estructurales para la red Bitcoin, pero cargada de tensión afuera: el conflicto entre Estados Unidos e Irán sumó su segunda noche consecutiva de bombardeos y el petróleo volvió a subir. Aun así, un trader de referencia sostiene que el activo no perdió su sesgo alcista.
En el siguiente gráfico se observa cómo se ha movido el precio de bitcoin durante los últimos 7 días:

Van de Poppe convierte los USD 61.000 en la línea divisoria
El analista neerlandés Michaël van de Poppe publicó este 9 de julio en su cuenta de X que los mercados «lo están haciendo bien» para bitcoin, y que la cotización se mantiene sobre lo que él considera su nivel crucial de soporte.

Su tesis es condicional y conviene leerla como tal: mientras bitcoin defienda los 61.000 dólares, el trader no prevé caídas adicionales relevantes y espera, en cambio, un avance hacia la zona de 67.000 a 70.000 dólares en las próximas semanas.
El argumento técnico lo había expuesto la tarde anterior. Van de Poppe sostiene que bitcoin no perdió su divergencia alcista, una señal en la que el precio marca mínimos más bajos pero los indicadores de impulso no lo acompañan, lo que suele anticipar un agotamiento de la presión vendedora.
El propio analista admite que también asoma la posibilidad de una divergencia bajista, aunque la relativiza: en su lectura, ese patrón «casi siempre forma parte del giro» del mercado.
El Brent por encima de USD 78 complica el escenario alcista
El propio trader dejó planteada una condición que hoy no se cumple. El 8 de julio observó que el Nasdaq mostró una resiliencia que lo sorprendió positivamente —cayó cerca de 2% y recuperó los niveles con rapidez—, mientras bitcoin perdía casi lo mismo sin rebotar con igual velocidad.
Su conclusión, en medio de las escaladas militares entre Estados Unidos e Irán fue explícita: si el barril de petróleo Brent lograba cerrar más abajo y perforar los 77 dólares en los días siguientes, el camino quedaba abierto para un nuevo máximo histórico del Nasdaq y una prueba alcista en bitcoin.
Por ahora, esa condición no se está dando y el barril de petróleo Brent cotiza por arriba de 78 dólares. Eso genera temor inflacionario a nivel mundial y reduce las posibilidades de que la Reserva Federal (FED) estadounidense y otros bancos centrales recorten tasas de interés (siguación que dificulta subidas de precio de bitcoin).

Según la cobertura de Reuters, Washington afirmó que las recientes operaciones buscan mantener abierto el estrecho de Ormuz, por donde circulaba antes de la guerra cerca de una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado. Irán respondió con drones contra objetivos estadounidenses en Baréin, Kuwait y Catar. El Ministerio de Salud iraní elevó a 14 los muertos por los bombardeos de los últimos dos días.
El tránsito por el estrecho sigue muy por debajo de lo normal: entre un quinto y un tercio de los 125 a 140 cruces diarios previos a la guerra. Mientras esa cifra no se normalice, la prima de riesgo sobre el crudo se mantiene, y con ella la presión inflacionaria que reduce el margen de la Reserva Federal para recortar tasas de interés.

Es la cadena que CriptoNoticias explicó ayer: petróleo caro, inflación persistente, tasas altas por más tiempo, menos liquidez para los activos de riesgo. Y bitcoin, pese al relato de reserva de valor, sigue siendo tratado por el mercado como un activo de riesgo.
El sentimiento sobre bitcoin toca fondo, y eso admite dos lecturas
La firma de investigación Bespoke Investment Group publicó este 8 de julio un dato que permite tener claridad sobre el clima del mercado. Usando el ETF iShares Bitcoin Trust (IBIT) como referencia, bitcoin fue la peor clase de activo del primer semestre de 2026, con una caída superior al 30%.
Su encuesta de mediados de año entre clientes arrojó que apenas el 13% se declara alcista sobre bitcoin de cara al segundo semestre: 12% moderadamente y solo 1% con convicción fuerte. A fines de 2025 ese registro era del 35%. En paralelo, el sentimiento bajista trepó del 25% al 40%, y uno de cada diez encuestados se define como fuertemente bajista. La comparación es elocuente: el optimismo hacia las acciones supera el 60% en la misma encuesta.

Bespoke interpreta el dato como un indicador contrario. Su razonamiento es conocido en el análisis técnico: cuando el pesimismo se vuelve unánime tras una caída prolongada, el mercado suele estar cerca de un piso. La firma aclara, sin embargo, que bitcoin puede caer bastante más y que nadie conoce el futuro.
Conviene tomar el número con pinzas. Se trata de una encuesta entre clientes de una firma de análisis por suscripción, no de una muestra representativa del mercado global.
La macro estadounidense y japonesa presiona la liquidez global
Detrás del ruido geopolítico hay un trasfondo más lento. El analista Bret Jensen advirtió en Seeking Alpha que el consumidor estadounidense muestra señales de deterioro: la tasa de ahorro personal cayó al 3% (frente al 7,5% prepandemia), la participación laboral se ubica en 61,5% y las expectativas de inflación a un año treparon a 3,7%, máximo en tres años.
Jensen sostiene que el crecimiento estadounidense depende casi por completo del gasto en infraestructura de inteligencia artificial: en general, se proyectan más de 700.000 millones de dólares de inversión de capital para 2026, y ese rubro explicó cerca del 70% del crecimiento del PIB en el primer trimestre. Si ese motor se enfría, alerta, la economía queda expuesta a una recesión.
El diagnóstico converge con el del trader español Pablo Gil, quien atribuye la debilidad de bitcoin a una migración de capitales hacia el sector tecnológico. «Hay una narrativa espectacular en torno a la inteligencia artificial que está succionando buena parte del dinero en el mercado», dijo el analista, que mantiene su proyección de una caída de bitcoin hacia los 35.000 dólares antes de que termine el año y ubica el suelo del criptoinvierno entre octubre y noviembre.
A ese cuadro se suma un frente menos comentado. En Japón, un borrador de las directrices fiscales del gobierno de Sanae Takaichi —conocidas como honebuto— disparó el rendimiento del bono a diez años a máximos de treinta años, según Jiji Press.
Los inversionistas leyeron el documento como una presión sobre el Banco de Japón para demorar las subas de tasas. Un costo del dinero más caro en Japón encarece el carry trade en yenes, una de las fuentes históricas de liquidez barata para los activos de riesgo globales.
Hay dinero que fluye hacia las altcoins: señal potencialmente alcista
Un indicio distinto aparece al mirar más allá de bitcoin. Las diez criptomonedas con mayores subidas semanales, según CoinMarketCap, muestran rendimientos que superan ampliamente la leve subida de bitcoin:

Que el capital fluya hacia activos de mayor riesgo relativo suele interpretarse como una señal de apetito especulativo y expectativa alcista. Vale aclarar que no es garantía de nada: en mercados bajistas, los rebotes de altcoins también funcionan como trampas de liquidez para operadores minoristas.
El contrapeso técnico ya estaba sobre la mesa. Como reportó CriptoNoticias, las firmas SwissBlock y Glassnode detectaron a inicios de esta semana señales de estabilización estructural, con una transición desde la distribución agresiva de monedas hacia un mayor equilibrio y menor presión vendedora en los mercados spot. Las próximas semanas dirán si esta batalla la ganan los «osos» (bajistas) o los «toros» (alcistas).









