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MARA vendió 23.093 BTC por USD 1.600 millones durante el primer semestre de 2026.
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Coldcard mostró la otra cara: la IA también abarata la búsqueda de vulnerabilidades.
Las grandes mineras de Bitcoin están tomando una decisión que hace algunos años habría resultado difícil de imaginar: parte de sus reservas corporativas de bitcoin (BTC) está dejando de ser intocable y comienza a funcionar como una fuente de capital para financiar operaciones y nuevas oportunidades de crecimiento.
El cambio coincide con otro mucho más profundo. Compañías nacidas alrededor de la minería están destinando cada vez más recursos a centros de datos e infraestructura para inteligencia artificial (IA), un negocio que no solo compite con la minería por energía y capacidad instalada, sino también por algo todavía más básico: el próximo dólar disponible para invertir.
Por ejemplo, MARA ofrece un ejemplo de ese cambio. Durante el primer semestre de 2026 vendió 23.093 BTC por aproximadamente 1.600 millones de dólares, pese a que en ese período produjo 4.669 BTC. Es decir, las ventas no corresponden simplemente a los bitcoin recién minados: la compañía está movilizando activos acumulados en su tesorería.

La empresa modificó precisamente su política en 2026 para permitirse vender BTC en función de sus necesidades de liquidez, operaciones y oportunidades de crecimiento. Además, obtuvo otros 600 millones de dólares mediante líneas de crédito respaldadas inicialmente por 18.750 BTC.
Bitdeer muestra un movimiento todavía más marcado. La minera pasó de mantener 2.470 BTC en noviembre de 2025 a llevar sus tenencias propias a cero en febrero de 2026, mientras expandía sus centros de datos y servicios de computación para IA.
La IA compite por el próximo dólar
Hasta ahora, buena parte de la discusión sobre minería e IA se concentró en la energía. Tiene sentido: ambas actividades necesitan enormes cantidades de electricidad e infraestructura capaz de utilizarla de manera continua.
Pero la competencia comienza antes del megavatio. Comienza cuando una empresa decide dónde colocar su capital.
Una minera puede destinar recursos a comprar nuevos ASIC, ampliar una instalación y aumentar su capacidad para producir bitcoin. O puede utilizarlos para construir centros de datos capaces de atender una demanda creciente de computación para IA.
Riot Platforms permite dimensionar la diferencia. El 10 de agosto anunció un contrato por 20 años para destinar 191 MW de capacidad de su campus de Rockdale, Texas, a un laboratorio de IA, tal como lo informó CriptoNoticias. El acuerdo contempla aproximadamente 9.100 millones de dólares de ingresos iniciales y podría alcanzar los 16.100 millones si se ejecutan las extensiones previstas.
No significa que Riot abandone Bitcoin. Significa que cada nueva inversión tiene ahora una alternativa capaz de ofrecer contratos multimillonarios y previsibilidad de ingresos durante décadas.
Y esa competencia por capital no se limita a las mineras.
El enamoramiento del mercado con la IA
Las grandes tecnológicas están llevando la inversión en infraestructura a niveles extraordinarios. Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft y Oracle elevarían conjuntamente su gasto de capital desde el equivalente al 0,8% del PIB estadounidense en 2024 hasta el 2,4% en 2026, con una proyección del 3,1% para 2027.
La carrera por IA está absorbiendo capital a una escala que supera incluso el auge de inversión de las telecomunicaciones durante la burbuja puntocom.
Michael Saylor, presidente ejecutivo de Strategy y uno de los mayores defensores corporativos de BTC, también ha señalado ese cambio de atención del mercado al hablar del “enamoramiento” de los inversionistas con las compañías de inteligencia artificial.
La cuestión adquiere mayor importancia con grandes empresas tecnológicas accediendo a los mercados públicos y otras preparándose para hacerlo. Cada nueva oportunidad de inversión amplía las alternativas disponibles para el capital que busca crecimiento y está dispuesto a asumir riesgo.
Por eso, Bitcoin y la IA no necesitan competir por exactamente el mismo tipo de inversionista para disputarse capital. En un mercado donde los recursos son finitos, cada dólar destinado a una nueva infraestructura, compañía o proyecto tecnológico es un dólar que debe decidirse dónde colocar.
Las mineras están enfrentando esa misma decisión dentro de sus propios balances.
Coldcord y por qué la IA es una amenaza
Sin embargo, presentar a la IA únicamente como un competidor de Bitcoin sería incompleto.
El hackeo a las hardware wallets Coldcard mostró la otra dimensión del fenómeno. La vulnerabilidad afectó a dispositivos utilizados para autocustodia —no al protocolo de Bitcoin— y puso sobre la mesa cómo la IA está reduciendo el tiempo y los recursos necesarios para buscar vulnerabilidades en software.

Ese avance funciona en ambas direcciones. Las herramientas que facilitan encontrar una falla también pueden ser utilizadas por investigadores, fabricantes y desarrolladores para revisar código, detectar vulnerabilidades y corregirlas antes de que sean explotadas.
En ese sentido, la IA ya funciona como una herramienta de protección para los usuarios de Bitcoin. Tras el hackeo a Coldcard, Bitcoin Red Team intensificó sus auditorías de proyectos de código abierto vinculados al ecosistema y, hasta el momento, detectó cerca de 8.000 vulnerabilidades.
El equipo, integrado por decenas de especialistas, utiliza modelos de IA para analizar código a gran escala y comprobar posteriormente si las fallas reportadas fueron corregidas por los desarrolladores. Rob Hamilton, investigador de ciberseguridad y uno de los líderes de Bitcoin Red Team, explicó que este trabajo depende de esas herramientas para poder revisar una cantidad de software difícil de abordar manualmente.

La dependencia llegó al punto de que, después de que OpenAI restringiera el acceso de Hamilton a sus herramientas el 9 de agosto por un posible riesgo de ciberseguridad, el investigador anunció que recurriría nuevamente a modelos chinos de código abierto. Actualmente, el 74% del presupuesto de IA del equipo se destina a Kimi K3, mientras aumenta el uso de Qwen 3.8.
Coldcard expuso así las dos caras del avance tecnológico: la IA no reduce el costo, pero si el tiempo necesario para encontrar vulnerabilidades, pero esa misma capacidad permite a los investigadores detectarlas antes, verificar correcciones y reforzar la infraestructura que utilizan los usuarios de Bitcoin.
La relación entre ambas industrias resulta, por eso, menos lineal. La IA compite con Bitcoin por capital y con la minería por nuevas inversiones, pero también se está convirtiendo en una herramienta para proteger su ecosistema.









