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El joven de 21 años habría recibido un total de USD 1.379 en criptomonedas, según la acusación.
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Los pagos siempre fueron en criptoactivos y de bajo monto, una modalidad ilícita frecuente.
Israel presentó cargos contra Eli Lavon, un ciudadano estadounidense de 21 años, acusado de colaborar con presuntos agentes de inteligencia iraníes a cambio de pagos en criptomonedas.
De acuerdo con el expediente, el joven fue detenido el pasado 9 de junio y habría recibido aproximadamente USD 1.379 en criptomonedas por las actividades que presuntamente realizó, según informó CNN. Hasta el momento, las autoridades no han precisado cuáles fueron los activos digitales utilizados para efectuar esos pagos.
Lavon, estudiante de un seminario judío en Jerusalén, habría mantenido contacto con operadores vinculados a Irán y participado en distintas misiones de reconocimiento dentro de Israel. Entre los cargos que enfrenta figuran contacto con un agente extranjero y transmisión de información que, según la acusación, podía resultar útil para un país enemigo.
Criptomonedas y redes sociales en el presunto esquema
Según la acusación, el primer contacto ocurrió en noviembre de 2025, cuando Lavon visitaba a familiares en Estados Unidos. Los fiscales sostienen que respondió a una oferta de trabajo publicada en Telegram y que, semanas después, ya de regreso en Israel, comenzó a recibir instrucciones de una persona que presuntamente actuaba en representación de la inteligencia iraní.
Las tareas que habría realizado incluían grabar diferentes puntos de Jerusalén, entre ellos un edificio abandonado y el interior de una tienda de comestibles. En otra misión, también se le habría ordenado ocultar un paquete de cigarrillos con una nota en el interior de un centro comercial como parte del sistema de comunicación con sus contactos.
La investigación añade que Lavon utilizó dos cuentas diferentes de Telegram y tres teléfonos móviles para separar sus comunicaciones, una práctica que, según las autoridades, buscaba reducir la posibilidad de rastrear la operación.
Los fiscales afirman que recibió pagos en criptomonedas por cada una de las tareas realizadas. Inicialmente habría trabajado para un operador y posteriormente estableció contacto con un segundo intermediario, también presuntamente vinculado a la inteligencia iraní.
Durante esa segunda etapa, la acusación señala que escondió una memoria USB en un restaurante de Jerusalén y envió fotografías personales, incluido su pasaporte, para acreditar su identidad. Asimismo, el segundo operador le habría solicitado información sobre otros estudiantes del seminario. Según el expediente, Lavon rechazó involucrar a sus compañeros, aunque igualmente recibió alrededor de USD 518 en criptomonedas extras por otros trabajos relacionados.
La Fiscalía del Distrito de Jerusalén sostiene que el caso refleja cómo agencias de inteligencia extranjeras aprovechan plataformas digitales para identificar y reclutar colaboradores, utilizando aplicaciones de mensajería para coordinar operaciones con un bajo nivel de exposición. Por su parte, el abogado del joven sostiene que ser contactado por un agente extranjero a través de redes sociales no convierte automáticamente a una persona en espía.
El debate sobre el uso de las criptomonedas
Más allá de la responsabilidad penal que determine la justicia, el caso vuelve a poner el foco sobre el uso de las criptomonedas como mecanismo de pago en actividades ilícitas. Aunque el monto involucrado es reducido, evidencia que estos activos también pueden emplearse para financiar operaciones de bajo costo, como tareas de vigilancia o intercambio de información, sin depender del sistema financiero tradicional.
En ese contexto, recientemente el Departamento del Tesoro de Estados Unidos reforzó su ofensiva contra el financiamiento del crimen organizado al sancionar una red vinculada al Primer Comando de la Capital (PCC). Además, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) incorporó más de 100 direcciones de criptomonedas asociadas a ISIS-K a su lista de sanciones, reflejando el creciente interés de las autoridades por rastrear el uso de activos digitales en organizaciones criminales y grupos extremistas, reportó CriptoNoticias.
Sin embargo, estos casos representan una fracción del uso real de las criptomonedas. Millones de personas y empresas las utilizan diariamente para realizar pagos, invertir, enviar remesas, acceder a servicios financieros y como herramienta de inclusión financiera. Al igual que ocurre con el dinero fiat o el sistema bancario tradicional, la tecnología puede ser utilizada tanto para fines legítimos como ilícitos. La diferencia radica en que muchas redes dejan un registro permanente de las transacciones, lo que en numerosos casos ha permitido a las autoridades rastrear fondos e identificar actividades criminales.







