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Compró cientos de 'chupis' y los repartió en Tanaguarena, una de las zonas más golpeadas.
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Adquirió los helados en una tienda local que reabrió en medio de la contingencia.
El sol implacable de La Guaira, en Venezuela, golpeaba directamente en la frente de los niños y sus familias, quienes hacen vida —como pueden— en Tanaguarena, una de las zonas más afectadas por los recientes terremotos que enlutaron al país.
Pero en medio de su nueva normalidad, rodeada de escombros y tristeza, un alivio refrescante llegó a sus manos: unos ‘chupis’, adquiridos con los 20 USDT por usuario que el exchange de bitcoin y criptomonedas Binance donó para apoyar a sus usuarios registrados y domiciliados en las zonas afectadas por la tragedia.
Un vistazo preliminar contabilizó más de 150 niños y otras decenas de adultos, quienes recibieron de la mano de Karley Colmenares y sus colaboradores estos tradicionales helados, que en otros países latinos son conocidos como bolis o marcianos.
Todos, niños y adultos, sin falta, estaban con una sonrisa en la cara. Era obvio. En medio de tanta desolación, les llegó una mano amiga y solidaria con algo distinto a lo que ha solido llevarse a La Guaira tras la tragedia.
No eran medicinas, ni alimentos no perecederos. Tampoco eran productos de primera necesidad. Era, más bien, algo bastante simple, pero reconfortante: unos helados, los cuales sirvieron para aliviar el intenso calor que hacía el 24 de julio en el Litoral Central de Venezuela. Exactamente un mes después del destructor doblete sísmico.

Apoyando el comercio local
Colmenares, quien recibió los USDT directamente a su cuenta de Binance, optó por cambiar esos fondos a bolívares —la moneda local de Venezuela— y actuar in situ, ayudando en el terreno.
Nos cuenta que fue a La Guaira y allí, apoyando el comercio local, compró cuatro paquetes de 50 unidades de chupis en la sucursal de Caribe de la Heladería Horeb.
Ese negocio, nos dijo, reabrió recién la semana pasada tras los terremotos. Una acción que no es menor ya que la economía venezolana no otorga el lujo de mantener un local cerrado de manera indefinida, aun en medio de una contingencia de este talante.
“Cuando recibí los 20 USDT, yo dije: ‘bueno, Diosito, guíame para saber en qué podemos ayudar, que sea diferente a lo que ya hemos estado llevando’. Pensé en los helados, busqué, y, casualmente, una tienda que había cerrado después del terremoto recién acababa de reabrir sus puertas. Me dije: ‘esta es la manera de ayudar’. Escogí esa tienda de helados y compramos los chupis”.
Karley Colmenares.
Adentrándose en Tanaguarena
Con los chupis en su cava, Colmenares fue a las inmediaciones de la primera etapa de Tanaguarena, más específicamente en la plaza Las Palmeras. Allí estaba una comunidad, habitando en carpas y subsistiendo. Como muchas más, estas personas aguardaban por la recuperación de sus familiares fallecidos que seguían atrapados entre los escombros.
Decenas de niños y niñas hicieron presencia en el lugar y Colmenares y su equipo aprovecharon para brindarles un día distinto. Contó que, además de entregarles los chupis, realizaron actividades de recreación para los más pequeños.
En efecto, los jóvenes jugaron, se divirtieron y, por un momento, se olvidaron de la desgracia que les tocó vivir.

“El calor en La Guaira es muy fuerte, así que para ellos fue una bendición. Es muy bonito ver a los niños sonreír desde las cosas más pequeñas que podamos darles, porque definitivamente, si algo debemos aprender de los niños es ser agradecidos. Y ellos con toda la alegría recibían sus chupis felices, repetían, escogían los colores”, contó Colmenares a CriptoNoticias.
No se quedaron allí. Tras atender a esta comunidad, Colmenares y su equipo se adentraron más en el sector, llegando a la OPP 28 —edificación que no se derrumbó pero sí sufrió graves daños estructurales—. Allí había otra comunidad con cientos de personas que perdieron todo y que se refugiaban en carpas.
Mismo protocolo. Los niños —y hasta sus padres y hermanos mayores— se enfilaron, contentos, a esperar sus chupis. ¿Quién iba a pensarlo? Unos chupis que se convirtieron en una alegría —así sea de tísico—, en medio de la destrucción dejada por la fuerza de la naturaleza.

Las palabras de fe no faltaron, pues forman parte de lo que Karley Colmenares hace junto a su grupo en el momento de colaborar con los afectados de La Guaira. Un mensaje claro de que, aun con todas las dificultades, «Dios sigue ahí cuidando de quienes más lo necesitan», afirmó la entusiasta.
Para Colmenares, quien es educadora financiera y fundadora de la Academia Diamonds Cripto con IA, la ayuda de Binance fue clave para esta iniciativa.
Binance anunció, días después de los terremotos, que su brazo caritativo activó un programa de donaciones para los afectados en Venezuela. Repartió 3 millones de dólares entre cupones que llegaron a usuarios verificados. También habilitó las donaciones directas mediante su plataforma para aquellos que también quisieran colaborar. Se trató de una de las primeras medidas tomadas por actores del sector de las criptomonedas para asistir a la contingencia.
“Aunque para muchos la donación de Binance era poquito, se terminó multiplicando en cientos de helados para los niños, en cientos de sonrisas de los niños guaireños. Los 20 USDT sirvieron para aliviar un poco el calor y, además, ayudaron a reactivar la economía del estado. Así que sí, sirvieron para mucho”, finalizó Colmenares.









