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La transición poscuántica de Bitcoin requeriría cambios que van más allá del esquema de firmas.
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Guillemet considera que definir cómo migrar las monedas existentes será uno de los grandes retos.
El CTO de Ledger, Charles Guillemet, advirtió que el principal desafío cuántico de Bitcoin no es una amenaza inmediata de computadoras capaces de romper su criptografía, sino la migración que tendría que realizar el ecosistema si esa tecnología llega a ser relevante. Según su análisis, el proceso podría requerir años de investigación, desarrollo, despliegue y adopción.
Guillemet planteó tres interrogantes para esa transición: qué esquema de firmas poscuánticas debería adoptar Bitcoin, qué cambios exigiría al protocolo y a las wallets, y cómo se trasladarían las monedas existentes, especialmente aquellas que nunca han sido movidas por sus propietarios. Las dos últimas cuestiones, señaló, siguen abiertas.
Entre las propuestas que analiza está SHRINCS, un borrador de BIP que considera una de las primeras propuestas específicas para Bitcoin que plantea una compensación integral entre seguridad, tamaño de las firmas y funcionamiento de las wallets. El diseño combina una ruta compacta con estado, que requiere que la wallet conserve información sobre las claves de un solo uso que ya utilizó para no repetirlas y otra sin estado, que no necesita mantener ese registro. Ambas apoyadas en criptografía basada en hashes y SHA-256. La propuesta todavía está en desarrollo y no corresponde a una iniciativa institucional de Bitcoin Core, como explicó CriptoNoticias.
Para Guillemet, uno de los aspectos más interesantes está en la verificación. En su análisis considera que esa diferencia no solo afecta el tamaño de las transacciones. También puede incrementar el ancho de banda, el tiempo de propagación, el almacenamiento y los costos de sincronización de los nodos.
El mayor desafío, sin embargo, estaría en la gestión del estado de las wallets. La ruta compacta utiliza claves de un solo uso y exige mantener contadores que nunca retrocedan. Restaurar un respaldo antiguo o reutilizar una misma posición para firmar distintos mensajes podría comprometer los fondos. Si el estado se pierde, SHRINCS permite recurrir a la ruta sin estado, evitando la pérdida del capital, aunque con una fuerte penalización de eficiencia.
Guillemet señala que esta exigencia cambia la naturaleza de la seguridad de las wallets: el estado deja de ser solamente información de funcionamiento y pasa a formar parte de la protección criptográfica. Gestionar cientos de UTXO y contadores en distintos dispositivos introduce nuevos riesgos, mientras que la generación de claves basada en hashes puede tardar minutos en el hardware actual.
El análisis también identifica capacidades que no se conservarían con este enfoque, entre ellas la derivación BIP32 no reforzada y las firmas de umbral compactas basadas en Schnorr. Por ello, Guillemet plantea que escoger el esquema de firma podría ser la parte más sencilla de la transición. El desafío mayor estaría en adaptar las wallets, actualizar el hardware y decidir cómo migrar las monedas existentes, especialmente aquellas que nunca han sido movidas por sus propietarios.








