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Las redes públicas permitirán automatizar operaciones sin depender de un intermediario.
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Tesis de Grayscale asegura que la expansión de la IA podría impulsar demanda de redes públicas.
La adopción de inteligencia artificial generará nuevas necesidades de infraestructura que las redes de criptomonedas están en condiciones de atender. Así lo plantea Grayscale en un análisis publicado el 11 de agosto de 2026, en el que Zach Pandl, jefe de investigación de la firma, identifica a Ethereum, Solana, Worldcoin y Bittensor como redes con potencial para captar parte de esa demanda.
La tesis parte de una idea central: la inteligencia artificial y las redes de criptomonedas públicas son tecnologías complementarias. A medida que los agentes de inteligencia artificial adquieran mayor autonomía, necesitarán sistemas capaces de mover dinero, verificar información y construir reputación sin depender necesariamente de un intermediario centralizado.
A partir de esa premisa, Zach Pandl destaca tres ámbitos clave en los que la adopción de agentes de IA generaría nuevas necesidades de infraestructura. El primero es el de las finanzas automatizadas. La firma considera que los agentes de inteligencia artificial necesitarán wallets programables capaces de mantener y utilizar fondos por cuenta de sus usuarios. Ethereum y Solana aparecen como las principales redes para este caso de uso, debido a que permiten ejecutar pagos, micropagos, liquidaciones internacionales y operaciones financieras de forma programable.
La segunda área está relacionada con los registros verificables. Los agentes no solo necesitarán ejecutar acciones, sino también demostrar cómo fueron tomadas determinadas decisiones. Esto podría incluir información sobre el modelo utilizado, los datos consultados y las reglas aplicadas. La misma infraestructura podría utilizarse para registrar identidad y reputación, dos elementos relevantes a medida que aumente la interacción entre personas y agentes.
En este segmento, Grayscale destaca a Worldcoin y su servicio de identidad como una posible herramienta para diferenciar a personas de agentes automatizados. El objetivo sería permitir que una plataforma compruebe que una cuenta corresponde a una persona única sin exigir necesariamente que revele su identidad. Los registros públicos también podrían utilizarse para construir historiales de reputación antes de permitir que un agente realice tareas de mayor impacto, como inversiones o compras en nombre de un usuario.
El tercer ámbito corresponde al desarrollo de alternativas descentralizadas para la inteligencia artificial. Grayscale advierte que el crecimiento de esta tecnología está concentrando capital, capacidad de cómputo y control entre un grupo reducido de grandes laboratorios y proveedores de infraestructura. Frente a ese modelo, la firma señala a Bittensor como un ejemplo de red abierta en la que distintos participantes pueden aportar recursos y servicios de inteligencia artificial y recibir incentivos por su contribución.

La propuesta de Bittensor se diferencia de las otras tres redes porque no se centra principalmente en utilizar una red de criptomonedas como sistema de pagos o identidad. Su funcionamiento se basa en mercados de incentivos organizados mediante subredes, donde se busca recompensar la producción de servicios de inteligencia artificial útiles. Por ello, su desarrollo dependerá de que exista una demanda efectiva por esos servicios y no únicamente de la expansión de la narrativa sobre IA descentralizada.
Sin embargo, la tesis de Grayscale también enfrenta cuestionamientos. La existencia de una infraestructura pública no garantiza por sí misma que los agentes sean más inteligentes, que sus decisiones sean imparciales o que el contenido generado por inteligencia artificial pueda verificarse de forma fiable. Además, Ethereum, Solana, Worldcoin y Bittensor compiten con soluciones centralizadas y con otras redes de criptomonedas que podrían atender las mismas necesidades.
Asimismo, Worldcoin concentra una controversia adicional por las críticas relacionadas con privacidad, regulación y centralización de su sistema de identidad. Como reportó CriptoNoticias, el proyecto ha enfrentado investigaciones en varios países debido al escaneo de iris y al tratamiento de datos biométricos. A esto se suman cuestionamientos sobre el grado real de descentralización de su infraestructura y la influencia que mantiene la empresa Tools for Humanity sobre el protocolo.
A su vez, la adopción de wallets controladas por agentes todavía se encuentra en una etapa temprana, por lo que la demanda futura que Grayscale plantea continúa siendo una posibilidad y no un mercado consolidado.
Por ahora, la tesis de Grayscale plantea un cambio de dirección: no solo la inteligencia artificial puede utilizar redes de criptomonedas, sino que su expansión podría generar demanda de infraestructura pública para pagos, identidad y reputación. Si los agentes comienzan a manejar dinero y contratar servicios por cuenta de millones de usuarios, ¿serán Ethereum, Solana, Worldcoin y Bittensor capaces de convertirse en esa infraestructura, o las soluciones centralizadas terminarán imponiéndose?








