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Cada transacción hoy pesa menos que hace tres años, lo que permite procesar muchas más por bloque.
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Un cambio reciente del cliente Core redujo el piso mínimo de tarifa que la red acepta retransmitir.
En la actualidad, la red Bitcoin registra un crecimiento marcado en la cantidad de transacciones que procesa cada día. Una prueba fehaciente de ello ocurrió el pasado 18 de julio, cuando, según datos de Blockchain.com, la red Bitcoin procesó 898.862 transacciones en un solo día, un nivel que no se veía desde los picos de abril de 2024, cuando el lanzamiento del protocolo Runes disparó el uso de la red al permitir la inclusión de datos arbitrarios en las transacciones. Sin embargo, mientras la cantidad de transacciones crece, el costo de utilizar la red se mantiene en mínimos.
Esos niveles expuestos por Blockchain.com coinciden con datos del sitio mainnet-observer, por lo que ambas fuentes revelan la misma tendencia y que la actividad de la red está en su punto más alto histórico.
El cruce entre el récord de transacciones y las tarifas en mínimos resulta llamativo porque, en el diseño de Bitcoin, cada bloque tiene un límite fijo de capacidad: 1 megabyte, dividido en 4 millones de unidades de peso, lo que en la práctica equivale a un tamaño de 4 megabytes virtuales. Por lo tanto, cuantos más usuarios compitan por ese espacio limitado, más deberían incrementar las tarifas, no bajar. Que la red bata un récord de uso y, al mismo tiempo, cobre menos que en años anteriores, obliga a preguntarse qué cambió en la forma en que se usa la red.

El gráfico anterior muestra la evolución de las transacciones diarias de Bitcoin desde 2010. Permite ver que, aunque hubo picos puntuales de magnitud similar a la actual durante 2024, el nivel de julio de 2026 refleja un crecimiento paulatino desde febrero y se sostiene en el tiempo en lugar de tratarse de un salto aislado.
Mientras tanto, según los datos de mempool.space, al tiempo de este artículo las tarifas de transacción se mantienen en niveles bajos. Una transacción sin prioridad puede incluirse con una tarifa de apenas 0,2 satoshis por vByte (sat/vB), equivalente a unos USD 0,02 para una operación de tamaño promedio. Para quienes buscan una confirmación más rápida, la tarifa recomendada asciende a 0,5 sat/vB (USD 0,04) en baja prioridad, 0,7 sat/vB (USD 0,07) en prioridad media y 1 sat/vB (USD 0,09) en alta prioridad. Son valores bajos para los estándares históricos de la red.

Esa combinación de más transacciones y menos tarifas se nota todavía más al mirar el total de comisiones que recibe cada bloque, sumando todas las transacciones que incluye. En abril de 2024, el mismo mes en que se lanzó el protocolo Runes y generó una ola de demanda por espacio en los bloques, hubo bloques que llegaron a pagar más de 12 bitcoin en comisiones, como se ve en el siguiente gráfico.

Dos años después, con muchas más transacciones circulando por la red, las comisiones por bloque cayeron a apenas 0,025 bitcoin (unos 1.608 dólares) al 22 de julio de 2026, un nivel similar al de fines de 2023, antes de que Runes existiera.
La razón de ese contraste no está en el protocolo Runes en sí, sino en cómo cambió su uso. En abril de 2024, miles de personas compitieron al mismo tiempo por crear o adquirir unidades de los primeros activos emitidos con Runes, muchos de ellos con cupos de emisión limitados y asignados por orden de llegada. Esa carrera generó una acumulación de transacciones esperando confirmación en un puñado de bloques, y quienes no querían quedar afuera ofrecieron comisiones cada vez más altas para pasar antes que el resto.
Hoy, en cambio, el volumen de datos que circula a través de Runes es incluso mayor que en aquel pico inicial, pero se trata en su mayoría de operaciones rutinarias de emisión y transferencia de activos ya existentes, sin el apuro por llegar primero que caracterizó al lanzamiento. Al no competir por un lugar en un bloque específico, ese volumen no genera la misma presión sobre las comisiones.
Un repaso por el ranking de Runes según su cantidad de tenedores, elaborado por OKLink, respalda esa idea: de los veinte activos con más tenedores, diecinueve fueron creados alrededor del 20 de abril de 2024, el mismo día del lanzamiento, o en los días siguientes, y acumulan miles de transacciones desde entonces. Esto confirma que buena parte del volumen actual de Runes corresponde a activos ya existentes desde el lanzamiento, y no a la creación de nuevos.

Al tratarse de activos que ya circulan sin cupos de emisión por agotarse ni una posición de privilegio que ganarle a otro usuario, nadie tiene un incentivo real para pagar de más con tal de confirmar antes: por eso ese volumen no presiona las tarifas al alza, a diferencia de lo que ocurrió en el lanzamiento.
¿Qué cambió en el tráfico de Bitcoin?
Conviene separar, en este punto, dos preguntas distintas: por qué hay tantas más transacciones que antes, y por qué el precio que se paga por cada una se mantiene bajo. La primera tiene que ver con el tamaño de cada transacción; la segunda, con si existe o no competencia real por el espacio disponible en los próximos bloques.
Para responder la primera de esas preguntas, hay que decir que Bitcoin no cobra un monto fijo por transacción, sino que cobra según la cantidad de espacio que esa transacción ocupa dentro de un bloque, medida en una unidad llamada peso virtual (vByte).
Conforme a los últimos datos de mainnet-observer, el peso virtual promedio de las transacciones cayó a 221 vBytes el 18 de julio pasado (línea celeste de la imagen a continuación).

Asimismo, el tamaño en bytes (línea roja) bajó a 363, casi un 60% menos que el pico de más de 900 bytes alcanzado durante 2023, en el momento de mayor actividad de las primeras inscripciones sobre Bitcoin (provenientes en ese caso del protocolo Ordinals). Esta caída explica la primera parte del rompecabezas: si cada transacción ocupa menos espacio, un bloque con un límite fijo puede alojar muchas más operaciones que antes, lo que ayuda a explicar el récord de transacciones diarias.
Esa caída en el tamaño promedio, sin embargo, no alcanza para responder la segunda pregunta: por qué la tarifa que se paga por cada vByte (no el costo total de una transacción, sino el precio de cada unidad de espacio) se mantiene baja. Para eso hay que mirar cuánta competencia real existe hoy por el espacio de los próximos bloques.
Este 23 de julio, como se ve en el siguiente gráfico, el peso de un bloque promedio fue de 3,85 megaunidades de peso, cercano al límite de consenso de 4 megaunidades.

Que un bloque esté casi lleno, sin embargo, no dice nada por sí solo sobre el precio que se paga por ese espacio: un bloque ocupado en un 95% está igual de lleno más allá de qué tipo de transacción lo ocupe, de la misma manera en que un kilo de acero pesa lo mismo que un kilo de plumas. Lo que realmente determina la tarifa que se paga no es cuán ocupado está un bloque puntual, sino si existe o no una acumulación de transacciones esperando turno para entrar en los próximos bloques.
Existe una forma directa de comprobar si esa acumulación realmente existe: mirar el tamaño de la cola de transacciones sin confirmar a lo largo del tiempo, descompuesto por la tarifa que paga cada tramo.
En ese sentido, según la web jochen-hoenicke.de, un sitio que monitorea la mempool de Bitcoin, la historia de la red registró tres momentos de congestión real: uno en 2017 y 2018, cuando la cola de transacciones sin confirmar llegó a pesar unas 330 megaunidades de peso virtual; otro más acotado en 2021; y uno mucho mayor a mediados de 2024, coincidiendo con el auge de las inscripciones de Ordinals y el lanzamiento de Runes, cuando la cola alcanzó un pico de unas 560 megaunidades, el más alto de toda la serie.

En la actualidad, el tamaño del mempool se encuentra muy por debajo de los niveles registrados durante los episodios de congestión mencionados previamente. Además, las transacciones pendientes se concentran en los rangos de tarifas más bajos, representados por los tonos azul oscuro en la zona correspondiente a 2026 del gráfico anterior, mientras que los niveles de tarifas más elevados que acompañaron los grandes picos de congestión de 2023 y 2024 prácticamente han desaparecido.
De modo tal, ese gráfico muestra por qué Bitcoin puede procesar un volumen récord de transacciones mientras las comisiones permanecen en mínimos históricos: las operaciones no se acumulan en el mempool ni compiten agresivamente por espacio de bloque, por lo que la demanda actual no genera una presión significativa sobre las tarifas.
A ese escenario se suma un cambio de políticas a nivel de software con el lanzamiento de la versión 30 del cliente Bitcoin Core, en octubre de 2025, que redujo el piso mínimo de tarifa que un nodo acepta retransmitir por defecto, de 1 sat/vByte a apenas 0,1 sat/vByte, mientras que los mineros pueden incluir en un bloque transacciones que pagan hasta 0,001 sat/vByte. Es decir, el umbral que durante años funcionó como un piso de facto para las comisiones bajó de forma drástica, lo que ayuda a explicar por qué hoy es posible pagar tarifas tan bajas como las que muestran los niveles de prioridad de mempool.space.
¿Qué redujo el tamaño de las transacciones, permitiendo muchas más por bloque?
La respuesta está en el opcode OP_RETURN, una instrucción del lenguaje de programación de Bitcoin que permite marcar una salida de una transacción como no gastable y, al mismo tiempo, adjuntarle un fragmento breve de datos arbitrarios.
El protocolo Runes utiliza precisamente ese opcode para registrar sus operaciones. Cada vez que alguien emite, transfiere o quema una unidad de un activo creado con Runes, la transacción incluye una salida que arranca con OP_RETURN, seguida de una serie compacta de instrucciones codificadas que indican qué operación se realiza y sobre qué activo.
La diferencia con las llamadas inscripciones del protocolo Ordinals, creado por el mismo desarrollador de Runes, Casey Rodarmor, es que estas insertan archivos completos (imágenes, texto o código) dentro del witness (testigo) de la transacción, en donde se guardan las firmas digitales de las operaciones con BTC.
Runes, en cambio, solo necesita agregar unos pocos bytes de datos por cada operación. Esa diferencia no es menor: el auge de las inscripciones de Ordinals, sobre todo durante 2023, empujó las comisiones al alza, porque cada transacción ocupaba mucho más espacio dentro de cada bloque. Esa diferencia de peso explica buena parte de la caída en el tamaño promedio de las transacciones que muestra hoy la red.
Esa sustitución de Ordinals por Runes se refleja en la composición de las salidas de Bitcoin. Los datos de mainnet-observer al 18 de julio indican que las salidas de tipo OP_RETURN (zona rosada superior del siguiente gráfico) representan el 25,6% del total de salidas de la red, un salto enorme si se considera que hasta 2023 esa proporción era prácticamente nula.

Al mismo tiempo que subieron las salidas OP_RETURN, las inscripciones mediante el protocolo Ordinals cayeron notoriamente, desde las 250.000 operaciones diarias a comienzos de 2024, hasta la actualidad que no superan las 10.000. Asimismo, las salidas Taproot, el formato que usan mayormente esas inscripciones, siguieron el mismo camino: pasaron de un máximo cercano a las 510.000 diarias a comienzos de 2024 a unas 100.000 hacia julio de 2026.
Menos operaciones pesadas de Ordinals y muchas más operaciones livianas de Runes vía OP_RETURN permiten conciliar el récord de transacciones diarias con las tarifas en mínimos.
Por otro lado, este uso de Bitcoin para fines distintos al envío de pagos, al que sus críticos suelen llamar spam, no está exento de polémica dentro de la comunidad. Parte de esa discusión, que condujo a que surgiera la propuesta de soft fork temporal BIP-110, tiene que ver con el efecto que estas prácticas generan sobre el conjunto de salidas no gastadas de la red.
El efecto sobre el conjunto de salidas no gastadas
Detrás de esta discusión también existe un problema técnico profundo, vinculado al llamado conjunto de salidas no gastadas, conocido por sus siglas en inglés como UTXO. Se trata del registro de todas las unidades de bitcoin que existen en un momento dado y que todavía no fueron gastadas. Cada nodo de la red debe guardar ese registro completo para poder confirmar que una transacción entrante es válida.
En este punto es donde el auge de Runes se diferencia de otros métodos de inserción de datos. Las salidas de tipo OP_RETURN son, por diseño, demostrablemente no gastables, lo que significa que nunca entran al conjunto de salidas no gastadas. En otras palabras, aunque el volumen de datos que Runes agrega a la red esté en su punto más alto, ese mecanismo en particular no aumenta el peso que los nodos deben cargar de forma permanente.
La situación es distinta con las inscripciones de Ordinals. Ese protocolo no marca sus salidas como no gastables, sino que las adjunta a salidas comunes, casi siempre del tipo Taproot, con montos mínimos de bitcoin. Según una investigación de mempool.space de abril de 2025, realizada sobre una copia del conjunto de salidas no gastadas de ese mes con más de 173.000.000 de registros en total, el 29,6% de esas salidas (51.200.000 aproximadamente) estaba vinculado a inscripciones, con un valor promedio de apenas 811 satoshis por salida (USD 0,8 al momento de ese informe). Son montos tan bajos que gastarlos cuesta, en comisiones, más de lo que valen, por lo que buena parte de esas salidas probablemente permanezca sin usarse de forma indefinida.
Ese tipo de salidas de bajo valor, a las que en la jerga de la red se suele llamar polvo (dust), no desaparece nunca de la base de datos de un nodo, aunque en teoría podría gastarse. Cuantas más existan, más espacio de almacenamiento y memoria necesita un nodo para operar, lo que encarece el equipo necesario para correr uno y puede empujar a que cada vez menos personas puedan hacerlo con computadoras sencillas.
Adicionalmente, la versión 30 del cliente Bitcoin Core eliminó el límite por defecto que durante nueve años había restringido el tamaño de una única salida OP_RETURN, que pasó de 83 a 100.000 bytes, y además empezó a permitir varias salidas de este tipo en una misma transacción. Los desarrolladores argumentaron que mantener esa restricción de retransmisión ya no tenía sentido si de todos modos esas transacciones terminaban incluidas en un bloque.
Un reporte de mempool.space de febrero de 2026 confirmó que, desde ese cambio, casi la totalidad de las salidas OP_RETURN no estándar que circulan por la red corresponden al protocolo Runes, y que el salto reciente en la cantidad de datos insertados coincide con la eliminación de ese límite.
El cruce de estos datos permite responder la pregunta inicial. Bitcoin no bate un récord de transacciones porque haya más pagos cotidianos compitiendo por espacio, sino porque el protocolo Runes multiplicó la cantidad de operaciones que caben en cada bloque al reducir drásticamente el tamaño de cada una, sin generar una cola creciente de transacciones urgentes.
Eso explica por qué las tarifas cayeron pese al récord de uso. Lo que no cambió es el problema de fondo que ya había dejado la ola anterior, la de las inscripciones de Ordinals entre 2023 y 2024: una porción significativa del conjunto de salidas no gastadas de la red sigue ocupada por datos que, en la práctica, ningún nodo puede borrar.








