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La migración sigue siendo uno de los principales retos técnicos y de coordinación.
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Aunque aún no hay consenso sobre el algoritmo final, NIST ya publicó estándares oficiales.
Durante más de una década, la computación cuántica fue considerada una amenaza teórica para Bitcoin.
Aunque la comunidad técnica reconocía que un computador cuántico suficientemente potente podría comprometer los algoritmos criptográficos que protegen las transacciones, la ausencia de máquinas con esa capacidad hacía que el problema permaneciera fuera de las prioridades inmediatas del desarrollo del protocolo.
La situación comenzó a cambiar entre 2024 y 2026 con la aparición de nuevas proyecciones sobre la capacidad necesaria para romper la criptografía de Bitcoin.
Destaca especialmente un estudio de Google que calculó en menos de 9 minutos el tiempo que tardaría el algoritmo de Shor en descifrar una clave pública, un lapso inferior al que toma minar un bloque promedio. Aunque Google admitió que esta capacidad aún no es una realidad, la investigación alteró significativamente el panorama del riesgo cuántico.
A raíz de ello, se han estado publicando propuestas de mejora (BIP) orientadas a facilitar una futura migración. Implementaciones experimentales y organismos especializados completan la estandarización de nuevos algoritmos criptográficos resistentes a ataques cuánticos. Aquí presentamos algunos de esos avances.
BIP-360 abre la puerta a una migración gradual
El primer avance técnico de gran alcance llegó con la publicación de BIP-360, una propuesta que introduce un nuevo tipo de salida denominado Pay-to-Merkle-Root (P2MR).
A diferencia de otras iniciativas, BIP-360 no pretende reemplazar de inmediato las firmas ECDSA ni las firmas Schnorr utilizadas actualmente por Bitcoin. Según los autores del BIP, el objetivo consiste en crear una estructura flexible que permita incorporar distintos algoritmos de firmas postcuánticas mediante futuras actualizaciones, sin volver a modificar el formato de las transacciones.
La propuesta utiliza árboles de Merkle para almacenar múltiples condiciones de gasto y revelar únicamente la información necesaria al ejecutar una transacción.
El enfoque reduce la cantidad de datos expuestos en la cadena de bloques y, al mismo tiempo, facilita la incorporación de firmas considerablemente más grandes que las actuales. Una característica común en la mayoría de los algoritmos resistentes a la computación cuántica.

BIP-360 pasa del papel a una red de pruebas con BTQ
La publicación de BIP-360 marcó el inicio de una discusión técnica sobre cómo adaptar Bitcoin a un escenario postcuántico. El siguiente paso fue demostrar que esa arquitectura podía implementarse en la práctica.
En marzo de 2026, BTQ Technologies anunció la integración de BIP-360 en Bitcoin Quantum Testnet, una red experimental diseñada para probar mecanismos de protección frente a ataques cuánticos.
Según la empresa, la implementación permite construir y validar transacciones utilizando el esquema Pay-to-Merkle-Root propuesto en el BIP, sin modificar la red principal de Bitcoin. Ofrece una transición suave, reduciendo el riesgo de errores durante la migración y manteniendo la compatibilidad con el protocolo actual.

La prueba no implica que BIP-360 forme parte del protocolo, ni que exista consenso para su futura activación.
Sin embargo, representa un paso relevante dentro del proceso de investigación, ya que convierte una propuesta teórica en una implementación funcional y práctica que otros desarrolladores pueden revisar, medir y perfeccionar.
Blockstream abre una segunda línea de investigación
Mientras BIP-360 propone una infraestructura para incorporar futuras firmas postcuánticas, Blockstream optó por explorar una estrategia distinta: desarrollar un nuevo esquema criptográfico específicamente pensado para Bitcoin.
La empresa presentó SHRINCS, un sistema de firmas digitales basado en funciones hash. Según la compañía, el objetivo es ofrecer una alternativa que reduzca el tamaño de las firmas respecto a otros algoritmos postcuánticos actualmente estandarizados.
Uno de los principales desafíos de la criptografía postcuántica es que las firmas suelen ocupar varios kilobytes, muy por encima de los 64 bytes utilizados por las firmas Schnorr de Bitcoin. Ese incremento afectaría el tamaño de las transacciones, el uso del ancho de banda y la capacidad de almacenamiento de los nodos.

Blockstream sostiene que SHRINCS reduce considerablemente ese impacto mediante un diseño optimizado para Bitcoin.
De acuerdo con la empresa, algunas configuraciones producen firmas cercanas a los 324 bytes, una reducción importante frente a otros esquemas basados en hash. La idea es mitigar el aumento del tamaño de transacciones y mantener bajos los fees.
OP_CHECKSHRINCS propone un nuevo camino de gasto para Bitcoin
El desarrollo de SHRINCS estuvo acompañado por otra propuesta: OP_CHECKSHRINCS, un borrador de opcode que permitiría verificar firmas postcuánticas directamente dentro del lenguaje de programación de Bitcoin Script.
Según Blockstream, el nuevo opcode añadiría una ruta de gasto resistente a la computación cuántica utilizando la estructura de Taproot.
De esa manera, un mismo UTXO podría mantener una ruta de gasto convencional mediante firmas Schnorr y otra protegida con firmas hash. Esto permitirá que los usuarios migren gradualmente hacia esquemas resistentes conforme evolucione el consenso de la red.
Se muestran las primeras transacciones postcuánticas
El trabajo de Blockstream no se limitó al diseño de nuevos algoritmos. La compañía también presentó las primeras demostraciones públicas de transacciones protegidas mediante criptografía postcuántica en un entorno compatible con Bitcoin.
Según la actualización trimestral de Blockstream, los investigadores lograron ejecutar firmas SHRINCS sobre Liquid, la cadena lateral federada desarrollada por la empresa, utilizando el lenguaje de contratos inteligentes Simplicity.
Las pruebas demostraron que las firmas podían verificarse correctamente dentro de un entorno basado en la arquitectura de Bitcoin. Blockstream publicó implementaciones de referencia en C++, un verificador para Simplicity y documentación técnica para facilitar la revisión independiente por parte de otros desarrolladores.
La prueba valida que los nuevos esquemas funcionan en entornos reales.
La BIP-361 se enfoca en proteger los bitcoins vulnerables
Uno de los problemas más complejos de una transición postcuántica no consiste únicamente en introducir nuevas firmas digitales, sino en proteger los millones de bitcoins que ya existen bajo esquemas criptográficos vulnerables.
Ese desafío motivó la publicación de BIP-361, una propuesta que plantea restringir temporalmente el gasto de monedas cuyos propietarios no hayan migrado hacia mecanismos resistentes a la computación cuántica antes de que aparezca una amenaza real.

La propuesta parte de una preocupación ampliamente compartida por la comunidad técnica: si un computador cuántico lograra derivar claves privadas a partir de claves públicas expuestas en la cadena de bloques, un atacante podría apropiarse de fondos pertenecientes a usuarios que nunca actualizaron sus direcciones, incluidas monedas inactivas desde hace años.
La propuesta generó un intenso debate dentro de la comunidad porque implicaría alterar una de las propiedades históricas del protocolo: la posibilidad de gastar cualquier UTXO válido sin importar cuánto tiempo haya permanecido inmóvil.
Entre los puntos en discusión también aparece el impacto que una medida de este tipo tendría sobre monedas perdidas, direcciones antiguas y los bitcoins atribuidos a Satoshi Nakamoto.
Surge la primera generación de estándares postcuánticos
Mientras los desarrolladores de Bitcoin trabajan en posibles mecanismos para adaptar el protocolo, la comunidad criptográfica internacional también avanzó en uno de los requisitos indispensables para esa transición: definir qué algoritmos reemplazarán a los sistemas vulnerables frente a un computador cuántico.
En agosto de 2024, el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST) publicó los primeros estándares oficiales de criptografía poscuántica tras un proceso de evaluación que se extendió durante casi una década. Entre ellos se encuentran ML-DSA, basado en el algoritmo CRYSTALS-Dilithium, y SLH-DSA, una evolución estandarizada de SPHINCS+, ambos diseñados para resistir ataques ejecutados con el algoritmo de Shor.
El NIST es la agencia estadounidense encargada de desarrollar estándares tecnológicos utilizados por gobiernos, empresas y fabricantes de infraestructura crítica. Sus procesos de selección reúnen a investigadores de todo el mundo y suelen convertirse en la referencia para la adopción de nuevas tecnologías criptográficas.
Eso no significa que Bitcoin vaya a adoptar automáticamente alguno de esos estándares. Como ocurre con cualquier cambio relevante en el protocolo, la decisión dependerá del consenso de la comunidad.
La postcuántica ya es una línea de investigación activa
Los avances registrados entre 2024 y 2026 muestran que la seguridad postcuántica dejó de ser un tema limitado al ámbito académico para convertirse en una línea activa de desarrollo dentro del ecosistema de Bitcoin.
No obstante, ninguna de esas iniciativas implica que Bitcoin ya sea resistente a la computación cuántica.
Tampoco existe consenso sobre cuál de ellas terminará incorporándose al protocolo. Sin embargo, en conjunto reflejan un cambio de etapa: el ecosistema dejó de debatir únicamente la existencia del riesgo y comenzó a construir las herramientas que podrían permitir una transición cuando esa tecnología deje de ser una posibilidad teórica.
El principal desafío ahora no consiste únicamente en desarrollar una criptografía resistente, sino en lograr que millones de usuarios, desarrolladores, empresas y operadores de nodos acuerden cómo integrarla sin comprometer las propiedades que han definido el funcionamiento de Bitcoin desde su creación.








