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5 millones de monedas de BTC del total expuesto está en direcciones reutilizadas de exchanges.
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Los 7 millones de BTC vulnerables a la cuántica equivalen al 35% del suministro actual.
El desarrollador bitcoiner conocido como Wicked estima que más de 7 millones de bitcoin (BTC) ya están expuestos a un potencial ataque cuántico, según datos actuales de su propia plataforma de análisis. Esa cantidad equivale al 35% del suministro actual de BTC.
El gráfico de la plataforma de Wicked refleja que, a la altura del bloque 950.000, más de 7 millones de BTC ya estaban en estado expuesto, repartidos entre monedas nunca gastadas, inactivas y activas.

La cifra que expone Wicked agrupa a las direcciones que ya revelaron su clave pública en la cadena, el dato que una computadora cuántica necesitaría para intentar derivar la clave secreta y comprometer las firmas digitales que protegen las monedas de BTC. También incluye aquellas direcciones antiguas que nunca migraron a formatos más modernos y que, por su diseño, exponen la clave pública sin necesidad de gasto alguno. Es el caso de las direcciones P2PK (pago a clave pública, Legacy, en inglés), las más antiguas de la red.
Otros formatos, en cambio, como el SegWit nativo (P2WPKH), revelan la clave pública recién cuando se realiza un gasto desde esa dirección. Por eso, si una de estas últimas vuelve a recibir dinero o conserva fondos después de ese primer gasto (una práctica conocida como reutilización de direcciones), esos bitcoins quedan expuestos de forma permanente. Si nunca se gastaron, mantienen su clave totalmente oculta y protegida detrás de un hash.
La comunidad bitcoiner debate el riesgo cuántico
En su publicación, Wicked cuestionó que las reiteradas advertencias del inversionista Nic Carter sobre la amenaza cuántica no hayan convencido a los exchanges de dejar de reutilizar direcciones. De los 7 millones de BTC vulnerables, unos 5 millones se encuentran en direcciones reutilizadas por Binance, Kraken, Robinhood, entre otros, según datos de Project Eleven, una compañía de desarrollo de soluciones cuánticas.
El FUD cuántico (miedo, incertidumbre y duda, en inglés) de Nic Carter no convenció a ningún exchange de tomarse en serio esta amenaza… de lo contrario, este número empezaría a bajar mucho.
Wicked, desarrollador bitcoiner.
Carter respondió que ninguna medida aplicada hoy en la cadena puede reducir el riesgo cuántico. Explicó además que el paper publicado por Google incorporó los ataques en el momento del gasto (on-spend attacks, en inglés) a su modelo de amenaza, es decir, ataques que aprovechan el instante en que una transacción revela la clave pública de una dirección antes de que esta se confirme en un bloque.
Según Carter, eso implica que ni siquiera las direcciones cuya clave pública permanece oculta detrás de un hash estarían a salvo. El inversionista agregó que la migración solo será medible cuando un esquema de firma postcuántica (PQ) esté activo en la red, y que hasta entonces «cualquier otra mitigación es maquillaje».
Wicked también acusó a Carter de estar invirtiendo en Project Eleven, que ofrece servicios de migración postcuántica de nivel institucional y que esa condición lo impulsa a promover el temor cuántico. Para Wicked, la solución más simple frente al riesgo es que los exchanges dejen de reutilizar direcciones, una práctica que, según él, algunos ya aplican.
Carter, por su parte, ya había cuestionado la gobernanza de Bitcoin frente a la amenaza cuántica. En abril pasado afirmó que la red necesita «un dictador» que coordine una respuesta, calificó de «espectacularmente inadecuada» la estructura de decisión actual, y estimó que el ‘Q-Day’ llegaría entre 2030 y 2035, como lo notificó CriptoNoticias. También cuestionó los llamados canarios cuánticos (señales de alerta temprana), por considerarlos poco confiables, y anticipó que las monedas de Satoshi Nakamoto podrían terminar quemadas por presión de los custodios.
La discusión sobre qué revela la inacción de los exchanges
Finalmente, Antoine Poinsot, desarrollador de Bitcoin, discrepó con la lectura de Wicked. Sostuvo que la pasividad de los exchanges no prueba que ignoren la amenaza, porque todavía no existe ningún esquema de firma postcuántica hacia el cual migrar esos fondos.
Poinsot calificó de «aceite de serpiente» (snake oil, en inglés, expresión usada para describir soluciones sin sustento real) a la práctica de ocultar la clave pública mediante un hash antes del momento de gasto como medida de protección.

Wicked le respondió que, si la amenaza cuántica se materializa y un atacante logra ejecutar el algoritmo de Shor (el método cuántico capaz de romper la criptografía de Bitcoin), sería más viable un ataque de largo alcance, dirigido a direcciones inactivas que nadie vigila, que uno de corto alcance, porque los mayores tenedores de bitcoin moverían sus fondos apenas detectaran una señal de alerta.
De modo tal, mientras la cantidad de bitcoins expuestos ante un teórico ataque cuántico aumenta, la comunidad bitcoiner sigue discutiendo por la urgencia de proteger la red, así como también por el rol de los exchanges y qué solución, si es que existe alguna, debería aplicarse primero.









