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Ark complementa a Lightning, no lo reemplaza.
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La arquitectura de Bitcoin se hace más robusta.
Hace una semana grababa con Dany Alos de HodlHodl el episodio 33 del podcast Separando el Dinero y el Estado. Durante la conversación, Dany me contó que este año el exchange descentralizado no organizaría la conferencia Baltic Honeybadger porque habían estado concentrados en, finalmente, integrar transacciones en segunda capa sobre Bitcoin.
En 2019, HodlHodl integró la red Lightning dentro de su oferta, pero terminaron dándola de baja porque los obligaba a custodiar fondos, lo cual afectaba la arquitectura que les ha permitido operar sin KYC durante tantos años. Pero ahora, finalmente lograron hacer posibles los pagos off-chain en la plataforma manteniendo la autocustodia de los usuarios gracias a un protocolo relativamente nuevo: Ark.
Ark fue propuesto en 2023 por el desarrollador turco Burak Keceli. Por aquel momento la propuesta causó bastante entusiasmo entre la comunidad de bitcoiners, probablemente porque 2023 fue también el año en que llegaron los Ordinals y congestionaron la red de Bitcoin como no se veía desde 2017. La comisión promedio por transacciones básicas, que durante meses había rondado pocos dólares, llegó a USD 30,38 el 8 de mayo, y por transacciones complejas como las multifirmas que abren canales de Lightning, el costo era superior. Evidentemente, la red Lightning no fue la solución en aquel momento.
Pero pasó el tiempo y, al ser una propuesta nada más, parece que el entusiasmo por Ark se fue apagando. Excepto entre quienes notaron su importancia y se pusieron a trabajar: Mr. Kukks, fundador de Ark Labs, y Steven Roose, fundador de Second, las dos implementaciones existentes para Ark. Curiosamente, a ambos los conocí en Estambul en un Lightning Hackdays organizado por Fulmo en 2022. Por aquel entonces Kukks todavía estaba enfocado en BTCPay Server, mientras que Steven estaba a punto de renunciar a Blockstream, donde fue el desarrollador principal de la red Liquid: ya tenía años de experiencia trabajando en segundas capas.
Si bien para entonces Ark Labs y Second ya estaban trabajando, sus correspondientes implementaciones, Arkade y Bark, no habían visto la luz. Un año después, ambas están en mainnet y funcionando. Y poco se habla de ello. Todo esto se gestó en el silencio del bear market y aterrizó en pleno bull, mientras la atención colectiva se concentraba en las tesoreras y el precio.
Conviene volver a aquella congestión de 2023, porque ahí está el origen del problema que Ark vino a resolver. La falla que Lightning expuso aquellos días no era de velocidad sino de arquitectura: para recibir pagos, primero hay que tener un canal abierto con liquidez del otro lado. Quien ya lo tenía, transaccionaba barato y rápido. Quien necesitaba abrirlo justo en ese momento debía hacer una transacción on chain, es decir, pagar la comisión prohibitiva que pretendía evitar.
Si bien esto sería resuelto en Lightning en años posteriores, por aquel entonces la bitcoiner Anita Posch, dedicada a la adopción en el sur global, lo resumió en una pregunta que no era retórica: cómo se supone que iba a onboardear gente con esas comisiones, sin poder usar on chain ni abrir canales por los costos, dejándole como única solución disponible llevar a los precoiners a las garras del Lightning custodial. Esa es la trampa. La barrera de Lightning no fue nunca la rapidez, sino la liquidez que hacía falta en aquel entonces para empezar a recibir, sobre todo en momentos de congestión.
Fue exactamente eso lo que obsesionó a Burak. En su artículo original, Introducing Ark, y en sus intervenciones de entonces, repitió que el problema número uno de Lightning era la liquidez entrante, ese requisito según el cual necesitas que alguien ponga bitcoin del otro lado de un canal para poder recibir. Lo llamó un bug; algo que, según él, simplemente no debería existir. Imaginar un sistema de pagos donde hace falta dinero para recibir dinero le parecía un sinsentido.
En lugar de parchar Lightning, concluyó que el problema era el modelo mismo de canales, y diseñó desde cero un protocolo que no los necesitara, que permitiera recibir sin liquidez previa, onboarding de un solo paso, autocustodia intacta. Lo publicó en mayo de 2023 con un nombre provisional, y luego lo bautizó Ark, en alusión al Arca de Noé, por la idea de poner a salvo a los usuarios comunes de los custodios y las firmas de vigilancia on-chain.
Hay que decir, en honor a la verdad, que Lightning no se quedó quieto frente a esa crítica. Hoy existen las aperturas colaborativas de canales —el dual funding, ya incorporado a la especificación del protocolo—, que permiten que ambas partes aporten fondos y que el canal nazca con liquidez en los dos sentidos. A eso se suman los proveedores de servicios Lightning (LSP) que abren canales just-in-time en el momento de recibir, y los canales de confirmación cero que dejan recibir al instante.
Es decir: el problema de no poder recibir sin liquidez previa, en la práctica, está resuelto. La pregunta justa, entonces, no es si los desarrolladores de Lightning lo solucionaron, sino cómo. Lightning resolvió la experiencia del problema; Ark lo resuelve en la arquitectura. El dual funding sigue siendo una transacción on-chain, y la vía del LSP traslada la liquidez a un proveedor que la administra por ti, a veces con una pequeña concesión de confianza.
Ark, en cambio, no tiene canales que financiar de ninguna manera: la liquidez vive en el pool compartido por diseño. No es ni una red de canales de pago como Lightning, ni una sidechain como Liquid. Es lo que se conoce como una commit-chain o cadena de compromisos, que funciona con UTXO compartidos. Es decir, no tiene contabilidad aparte, sino que es bitcoin nativo. Son dos formas legítimas de llegar al mismo lugar, con costos y sacrificios distintos, y eso es precisamente lo que hace interesante que ambas convivan.
¿Qué es Ark, entonces? En esencia, una forma de meter a muchos usuarios dentro de un mismo UTXO grande on-chain, coordinados por un servidor (el ASP, por sus siglas en inglés, Ark Service Provider). Cada usuario recibe un VTXO —un UTXO virtual— dentro de ese pool compartido, y los pagos entre ellos ocurren off-chain de forma instantánea.
Periódicamente, el servidor coordina rondas donde el UTXO compartido se actualiza on-chain, repartiendo el costo de las comisiones entre todos los participantes. No hay canales de por medio y el onboarding se reduce a crear una wallet y conectarse. La garantía de que esto sigue siendo Bitcoin y no una promesa custodia es la salida unilateral: en cualquier momento puedes abandonar el esquema y llevar tus fondos a la cadena por tu cuenta, sin pedirle permiso al servidor. Que conste lo obvio: aparece un actor nuevo. Un coordinador.
Conviene detenerse en cómo funciona ese pool, porque ahí está la respuesta a la pregunta obvia: si todos compartimos un mismo UTXO, ¿qué me impide llevarme el dinero ajeno? El UTXO on-chain está bloqueado en una multifirma que exige la firma de todos los participantes de esa rama más la del servidor.
Pero la pieza clave es que las transacciones que reparten ese fondo entre cada quien están pre-firmadas de antemano, formando un árbol —una raíz on-chain, ramas intermedias y una hoja por usuario— donde cada hoja te asigna exactamente tu monto y nada más. Tu salida unilateral consiste en transmitir tu rama de ese árbol, tus transacciones pre-firmadas en orden, hasta liberar on-chain tu parte sin pedirle permiso a nadie. No puedes tocar la de los demás, sencillamente, porque no posees las transacciones que mueven sus hojas; y nadie puede reescribir el árbol para quitarte la tuya, porque eso exigiría que todos volvieran a firmar.
Vale detenerse, además, en aquella falla de 2023, porque Ark también la atiende. Cuando las comisiones on-chain se disparan, en Lightning abrir o cerrar canales se vuelve caro, y un cierre forzado puede costar una fortuna en relación al monto. Ark amortigua ese golpe: los pagos entre usuarios —los llamados arkoor— son completamente off-chain y no dependen de las comisiones de la cadena, de modo que se puede seguir enviando y recibiendo, aunque Bitcoin esté congestionado. Y como una sola transacción on-chain por ronda sirve a cientos o miles de personas, el costo de liquidación se reparte y la huella individual baja.
Claro, si las comisiones se mantuvieran altísimas mucho tiempo, las rondas se encarecerían y una salida unilateral con montos pequeños podría volverse antieconómica, igual que un cierre forzado en Lightning. Pero Ark depende de la cadena solo en momentos puntuales —al entrar, al salir, al refrescar—, mientras que el grueso del uso diario ocurre fuera de ella; no que se haya independizado de las comisiones por completo.
Hasta aquí podría parecer que Ark gana en todos los frentes, y un columnista honesto no puede dejar pasar eso, porque toda arquitectura cobra su precio. El más serio es un requisito de presencia: los VTXO caducan. El usuario tiene que conectarse cada cierto tiempo —días o semanas— a «refrescar» sus fondos antes del vencimiento, y si se queda offline más de la cuenta sin hacerlo, el servidor puede barrer el árbol y recuperar ese bitcoin. La wallet automatiza el trámite, pero la obligación de aparecer periódicamente existe, y en Lightning no: ahí los fondos de un canal abierto no tienen fecha de expiración.
Hay más. El servidor concentra responsabilidades —fija comisiones, agenda las rondas, decide qué incluir—, de modo que si se cae, ninguno de sus usuarios puede refrescar (la custodia sigue a salvo por la salida unilateral, pero la operación normal se detiene). Tampoco existe en Ark la «transacción de justicia» de Lightning, ese castigo que despoja al que intenta hacer trampa publicando un estado viejo; aquí el usuario se protege con timelocks, no con penalización, un modelo de seguridad más blando en ese punto. Y los pagos instantáneos entre rondas piden confiar en que el operador no haga doble gasto antes de que la ronda los ancle en la cadena. Nada de esto invalida a Ark, pero dibuja su verdadero perfil: no es un Lightning mejorado, es un conjunto distinto de concesiones.
Ark es criticado por la centralización en el servidor, y es verdad que introduce un punto de coordinación. Pero conviene matizar: en Lightning tampoco le pides permiso a nadie si corres tu propio nodo. El asunto es que correr un nodo es engorroso y casi nadie lo hace, y de esa comodidad nace la clusterización. Por pura teoría de juegos, a un usuario le conviene conectarse a través de los nodos mejor conectados, porque así sus pagos rutean mejor; y ese incentivo, repetido por todos, concentra la red en un puñado de hubs.
No es una sospecha. Un estudio de 2020 midió el coeficiente de Gini de la capacidad de la red en torno a 0,88, lo que implica que el 10% de los nodos concentra el 80% de los bitcoins en juego, y la mitad de los nodos concentra el 99%. Un análisis de centralidad de 2022 lo dice en términos de ruteo: el 10% superior de los nodos controla la gran mayoría de las rutas de transacción, y esa cuota crece con el tiempo. Y una medición de 2024 registró el Gini subiendo de 0,87 en 2018 a 0,955 en 2023: la concentración empeora, no se corrige. Visto así, Ark no inventa la centralización que se le imputa. La nombra, la pone sobre la mesa y la acota con la salida unilateral.

Sobre ese mismo protocolo se construyen hoy dos cosas distintas, y la diferencia importa. Second, el laboratorio fundado por Roose junto a otros ex-Blockstream, lanzó su implementación —Bark— en mainnet el 9 de junio de 2026. Su apuesta es la más austera y, quizás por eso, la más poderosa: hacer que los pagos self-custodial en Bitcoin sean tan simples como usar una wallet normal. Levantaron 5,1 millones de dólares, operan con un equipo de once personas, y soltaron de golpe el protocolo, un SDK con bindings para media docena de lenguajes, un daemon, cuatro wallets —Noah, Arke, Satsigner, su propia Bark Wallet para Umbrel— y un plugin para que los comerciantes acepten pagos sobre BTCPay Server sin abrir canales ni gestionar liquidez.
Ark Labs, por su parte, va por otro camino con Arkade, una capa de ejecución programable que lleva en beta pública desde octubre de 2025, pensada para construir aplicaciones financieras más complejas y traer activos nativos —stablecoins incluidas— a la red.
Lo más revelador no es lo que prometen, sino quién ya está jugando con ellas. Arkade salió a la luz con una lista de socios de integración que incluye a Boltz, Breez, BlueWallet, BullBitcoin y Lendasat, además de BTCPay Server, y arrancó con un pre-seed liderado por la firma de Tim Draper.
Y está el caso que abrió esta columna: HodlHodl, que años atrás había desechado Lightning por incompatible con su modelo de autocustodia, encontró en Ark la forma de devolver los pagos off-chain a su plataforma sin traicionar esa arquitectura. No es adopción masiva. Es algo más temprano y más interesante: gente que construye sobre Bitcoin empezando a tantear el terreno.
Conviene recordar cómo fue la curva de Lightning para no confundir lo temprano con lo irrelevante. Lightning llegó a mainnet en 2018 y durante años fue cosa de bitcoiners, desarrolladores y un puñado de exchanges nicho. El gran salto llegó, paradójicamente, por la misma puerta que hoy empuja a Ark: la congestión de los Ordinals de 2023. Cuando las comisiones se dispararon, Binance —el exchange más grande del mundo— tuvo que pausar retiros y, semanas después, integró Lightning, sumándose a Kraken, Bitfinex y OKX.
Pero sería un error leer esa congestión como la causa: fue el detonante. Lo que permitió a un exchange de ese tamaño subirse fue que la red ya había madurado lo suficiente. Habían llegado los canales wumbo, que eliminaron el tope artificial de unos 0,167 BTC por canal —una camisa de fuerza inservible para quien mueve volumen institucional—; habían llegado los pagos multiparte, que parten un pago en varias rutas y elevaron la tasa de éxito por encima del 99%; y habían llegado años de software volviéndose confiable.
La congestión solo encendió la mecha de una pólvora que ya estaba lista. La red tardó un lustro de maduración técnica en pasar de los entusiastas a los gigantes, y necesitó además una crisis para dar el salto, pero hoy es un estándar que casi todos los exchanges implementan. Ark está hoy donde Lightning estaba al principio de esa curva.
¿Cuánto se usa todo esto ahora mismo? Casi nada. El explorador del protocolo muestra volúmenes ínfimos, fracciones de bitcoin en las transacciones de compromiso, cifras de un experimento más que de una red en producción. Pero eso no es el fracaso de Ark, es su etapa. La imprenta existió como artefacto antes de que hubiera mucho que valiera la pena imprimir en masa; lo decisivo fue que la máquina ya estaba cuando la demanda llegó. Y conviene no endiosar la máquina.
Ark no descarta a Lightning ni es la solución definitiva: lo más probable es que aparezcan problemas que exijan todavía otra arquitectura, y que el futuro de los pagos sobre Bitcoin sea un mosaico de segundas capas, cada una resolviendo lo que las demás no. Lightning para unos casos, Ark para otros, lo que venga para los que aún no imaginamos.
Queda, eso sí, la pregunta que sirve de brújula. Cada capa que añadimos para escalar se paga con un grano de confianza: un coordinador, un servidor, un actor que antes no estaba. La salida unilateral es lo que, por ahora, evita que ese grano se convierta en la necesidad de confianza y de pedir permisos de los sistemas tradicionales. La verdadera prueba de Ark no será su velocidad ni sus comisiones, sino si esa puerta de salida sigue abierta el día en que mucha gente la necesite a la vez. Mientras tanto, la infraestructura ya está construida, en silencio, esperando. Como casi siempre, lo que importaba ocurría lejos del precio que todos miran.
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