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BUIDL mantiene un rendimiento cercano al 3,40% anualizado respaldado por bonos del Tesoro.
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Avalanche compite con Ethereum y Solana por captar activos financieros tokenizados.
El fondo tokenizado BUIDL de BlackRock superó los 900 millones de dólares en activos bajo gestión dentro de la red Avalanche, según datos publicados el 12 de julio de 2026 por RWA.xyz. El producto registró un crecimiento aproximado de 436 millones de dólares en una semana, equivalente a un aumento del 105%, y elevó su valor total hasta unos 2.870 millones de dólares distribuidos entre distintas redes de criptomonedas.
Como reportó CriptoNoticias, BUIDL fue lanzado en marzo de 2024 por BlackRock junto con Securitize como una representación digital de un fondo que invierte principalmente en bonos del Tesoro de Estados Unidos, efectivo y acuerdos de recompra. El objetivo del producto es ofrecer exposición a instrumentos financieros tradicionales con una infraestructura basada en redes de criptomonedas.
Este crecimiento en Avalanche posiciona a la red como uno de los principales destinos para la expansión del fondo, que también opera en Ethereum y Solana. Según los datos de RWA.xyz, BUIDL mantiene un valor cercano a 1 dólar por participación y ofrece actualmente un rendimiento anualizado aproximado de 3,40%.

El avance ocurre en un momento de fuerte crecimiento para los activos reales tokenizados (RWA), un sector que busca trasladar instrumentos financieros tradicionales a infraestructuras digitales con liquidación más rápida, mayor transparencia y disponibilidad permanente.
La expansión de BUIDL también refleja una tendencia más amplia: las instituciones financieras están utilizando las redes de criptomonedas no solo para emitir nuevos activos digitales, sino para representar productos financieros existentes como fondos monetarios, bonos y deuda pública.
Los RWA, la centralización y su acceso limitado
Aunque el crecimiento de BUIDL es visto como una señal de madurez del sector, también plantea cuestionamientos dentro de la industria. Uno de los principales debates gira alrededor de la diferencia entre estos productos institucionales y la filosofía abierta que impulsó las finanzas descentralizadas.
A diferencia de otros activos digitales que pueden transferirse libremente entre usuarios, los tokens de BUIDL cuentan con controles regulatorios que limitan quién puede adquirirlos y moverlos. Esto permite cumplir con requisitos legales, pero reduce su interoperabilidad con aplicaciones abiertas del ecosistema.
También existen riesgos operativos asociados a la dependencia de entidades tradicionales como BlackRock, Securitize y los custodios encargados de administrar los activos subyacentes. Además, aunque la tokenización introduce nuevas posibilidades, los contratos inteligentes y las redes donde circulan los activos agregan riesgos técnicos que no existen en los fondos tradicionales.
Otro punto de discusión es la exposición al entorno financiero estadounidense. El rendimiento de BUIDL depende principalmente de las tasas de interés de los bonos del Tesoro, por lo que una reducción prolongada de los tipos podría disminuir los beneficios ofrecidos por este tipo de productos.
Asimismo, para los usuarios minoristas, el impacto inmediato de BUIDL es principalmente indirecto. Aunque la mayoría no puede acceder al fondo, su crecimiento puede favorecer la aparición de nuevos productos financieros construidos sobre activos tokenizados, como servicios de crédito, mercados secundarios o herramientas de gestión de liquidez.
Por ahora, el avance de BUIDL muestra que la tokenización comienza a integrarse en la infraestructura financiera global, pero el próximo desafío será definir qué grado de apertura tendrán estos mercados. El crecimiento institucional confirma que existe demanda por mover activos tradicionales hacia redes de criptomonedas, aunque la evolución del sector dependerá de si logra combinar la seguridad regulatoria que buscan las grandes entidades con modelos más accesibles para un número mayor de participantes.








