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El terreno fértil que imparte Trump para las criptomonedas es dañado por la guerra arancelaria.
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Se esperan represalias de Europa por las medidas de Estados Unidos para comprar Groenlandia.
La escalada reciente de tensiones geopolíticas impulsada por el presidente de Estados Unidos volvió a sacudir al mercado de criptomonedas. El episodio dejó en evidencia una contradicción persistente. A pesar de que Donald Trump busca crear un entorno político más favorable para el sector, bitcoin (BTC) no logra sostener aumentos de precio –y menos aún las altcoins– cuando emergen las amenazas comerciales internacionales del mandatario.
El detonante más reciente fue que Trump anunció el sábado aranceles del 10% a partir de febrero, con una posible suba al 25% en junio, sobre importaciones de ocho países europeos. La medida quedaría sin efecto solo si acuerdan la “compra completa y total” de Groenlandia por parte de Estados Unidos. El presidente ve necesaria esa transacción para «la paz mundial», mientras China y Rusia quieren el poder de esa tierra.
La propuesta reavivó protestas en Groenlandia y Dinamarca. También provocó respuestas desde la Unión Europea, donde autoridades se reunieron para planear represalias. En este contexto, los mercados globales reaccionaron con aversión al riesgo.
Como reportó CriptoNoticias, bitcoin retrocedió hasta los 90.000 dólares (USD). Esto luego de acercase la semana pasada a los 98.000, su máximo en más de un mes, generando expectativas de una recuperación de los 126.000, su máximo histórico marcado en octubre.

Las altcoins registraron caídas más pronunciadas. Entre ellas, ether (ETH), la criptomoneda de Ethereum, y solana (SOL), de la red Solana, acompañaron el movimiento bajista con descensos superiores a los de bitcoin.
Este comportamiento volvió a mostrar que, en episodios de estrés macroeconómico, el mercado de criptomonedas reacciona negativamente. No basta para Trump impartir medidas puntuales a favor del ecosistema. Para su crecimiento, también es necesario que brinde calma a nivel geopolítico. De lo contrario, la cautela y la incertidumbre toman poder sobre los inversores, generando una mayor proporción de oferta sobre demanda.
Un entorno político favorable que no alcanza
El retroceso en los mercados producto de amenazas geopolíticas contrasta con las medidas internas de la administración Trump para convertir a Estados Unidos en la capital de las criptomonedas. Una de sus principales maniobras bajo este fin fue ordenar, al inicio de su mandato, la creación de una reserva de bitcoin y criptoactivos incautados.
Bajo su gobierno, se colocó a especialistas en la materia al mando de organismos reguladores claves, como lo son la Comisión de Bolsa y Valores (SEC) y la Comisión del Comercio de Futuros de Commodity (CFTC).
Trump impulsa una legislación orientada a dar mayor claridad regulatoria. Entre esas iniciativas, se destaca la aprobación el año pasado de la Ley GENIUS, que regula a los emisores de stablecoins, y el avance del proyecto CLARITY, cuyo objetivo es clasificar los criptoactivos entre securities supervisados por la SEC y commodities por la CFTC. Aunque este último sigue en debate, sin haber logrado el consenso del Congreso el año pasado esperado por el presidente, enfrentando retrasos y modificaciones.
A esto se suman presiones para reemplazar al presidente de la Reserva Federal (FED), el banco central de los Estados Unidos. El cambio se espera que sea por alguien alineado con políticas menos restrictivas sobre las tasas de interés y más abiertas con las criptomonedas.
Sin embargo, cada vez que resurgen amenazas de guerra comercial, el mercado pierde impulso. A juicio del comportamiento errático de los mercados, Trump no está resultando predecible para el ecosistema de criptomonedas. Los inversores perciben avances regulatorios, pero estos se ven neutralizados por choques geopolíticos recurrentes.
«Esto permite a los bajistas tener el timón en torno a los activos de riesgo», comentó el analista colombiano bitcoiner Juan Rodríguez sobre la reciente escalada con Groenlandia. «De no haber negociación antes del 1 de febrero, la caída se incrementará», agregó desde su perspectiva.
Riesgo macro y dudas sobre el rol de bitcoin
Aunque los alcistas esperan que bitcoin pierda correlación con los activos de riesgo, en el corto plazo esto no es lo que está ocurriendo. Bitcoin está reaccionando más como las acciones tecnológicas que como el oro digital que debe ser.
Esta dinámica alimenta la indecisión entre los inversores. Algunos consideran que, a largo plazo, las políticas monetarias expansivas y la narrativa anti-FED terminarán predominando, lo que puede favorecer a bitcoin como activo escaso con emisión descentralizada.
Otros advierten que, en el corto plazo, la imprevisibilidad del enfoque comercial de Trump podría prolongar la volatilidad hacia la baja. Desde esa perspectiva, el esperado quiebre hacia nuevos máximos históricos en 2026 podría demorarse.
Por ahora, el mercado observa con cautela los avances de la escalada geopolítica. Están en el foco las posibles represalias arancelarias europeas y el rumbo de las negociaciones sobre Groenlandia. También pesan los siguientes pasos que tome Estados Unidos sobre Venezuela, Groenlandia y Gaza, región en la que busca el fin de la guerra.
Hasta que esas tensiones se disipen, persiste la paradoja. Nunca un presidente de una potencia económica como Estados Unidos fue pro bitcoin y criptomonedas de forma explícita. Sin embargo, sus decisiones siguen siendo una de las principales fuentes de presión para el sector.








