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La señalización minera de BIP-110 se ubica alrededor del 1%.
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El mercado, con sus acciones, decide qué es y para qué se usa Bitcoin.
Alguien se paró en medio de la red y dijo alto. Traía una propuesta escrita, un cronograma con fechas exactas, un bloque marcado en el calendario a partir del cual ciertas transacciones dejarían de ser válidas. Y traía, sobre todo, la certeza de estar salvando Bitcoin de sí mismo.
La red no discutió. No votó. No convocó a nadie. Siguió produciendo bloques, uno cada diez minutos, como viene haciéndolo desde hace diecisiete años, y le pasó por al lado. Menos de un bloque de cada cien llevan la marca de apoyo que ese alto necesitaba. Ningún pool grande se detuvo a mirar.
No es la primera vez que ocurre. Y por eso conviene decir en voz alta lo que este episodio vuelve a enseñar: en Bitcoin nadie manda.
Satoshi no dejó vacante el puesto: lo eliminó
Bitcoin no tiene líder porque su diseño lo excluye. No es un accidente de la historia ni una vacante que espera candidato. Como escribimos en octubre, Satoshi decapitó a Bitcoin: para que un sistema de efectivo digital entre iguales funcionara entre iguales, el fundador tenía que desaparecer. Y desapareció.
«La naturaleza de Bitcoin es tal que una vez que la versión 0.1 fue lanzada, el diseño central quedó grabado en piedra para el resto de su vida», escribió Nakamoto en junio de 2010.
Eso no significa que Bitcoin no cambie. Cambia. Significa que nadie tiene la potestad de cambiarlo por los demás. Las reglas de consenso son la única autoridad, y esa autoridad no reside en una persona, un repositorio ni una fundación: reside en la decisión distribuida de decenas de miles de operadores que eligen qué software ejecutan. El poder en Bitcoin no se posee. Se ejerce, y solo sobre el nodo propio.
De ahí que el puesto vacío frente al timón sea una tentación permanente. No hay silla, pero siempre hay quien quiere sentarse sobre un trono imaginario.
El mérito no se convierte en mando
Luke Dashjr no es un advenedizo. Es el contribuidor número quince a Bitcoin Core, la principal implementación del software de Bitcoin, con más de 541 commits. Mantiene, desde hace años, la única implementación alternativa con relevancia real, Bitcoin Knots. Impulsó la minería primero con Eligius y después con OCEAN, en un frente donde la concentración de hashrate es un problema genuino.
Sin embargo, tiene antecedentes.
En enero de 2012 existió una cadena llamada CoiledCoin. Duró semanas. Dashjr dirigió el hashrate del pool Eligius contra ella hasta dejarla inoperante, y lo explicó él mismo sin rodeos: dijo haber frustrado a unos estafadores y estar comprometido a proteger el ecosistema.
No tenemos elementos para juzgar qué era CoiledCoin, y no nos hacen falta. Ese es exactamente el punto. Nadie lo nombró para dictaminarlo. En el mismo mensaje repartió veredictos sobre otras cadenas: Namecoin le pareció legítima, aunque no compartiera sus ideales; Devcoin, indistinguible de cualquier otra scamcoin. Un hombre, en un foro, decidiendo qué monedas merecían existir. En el mismo hilo, otro usuario preguntaba por qué le habían borrado su tema sobre los operadores de pool convertidos en la nueva policía de las altcoins. La palabra ya estaba ahí, hace catorce años.
En 2014 forzó una modificación en el cliente Bitcoind, contra la voluntad del resto de los desarrolladores, para bloquear las transacciones de SatoshiDice.
Si bien supuestamente no escribió la BIP-110, es sin duda quien mueve los hilos detrás de esta propuesta. El 10 de julio, reprochó a los mineros su «holgazanería», sosteniendo que Bitcoin estuvo «en grave riesgo» todo ese tiempo por culpa de ellos, y que «se está quedando sin paciencia».
Reprochar holgazanería supone que alguien trabaja para uno. Los mineros no trabajan para nadie: compiten por una recompensa bajo reglas que ningún desarrollador les dicta. La cadena de razonamiento que va de aportar mucho a entender más y de ahí a decidir por los demás tiene un eslabón que Bitcoin no admite. Los aportes de Dashjr le dan autoridad técnica, que es enorme y merecida; pero no le dan ninguna jurisdicción sobre la red, y no se la darían tampoco si fuera Satoshi.
El dinero no se decreta: se ofrece y se demanda
El argumento de fondo de BIP-110 es que Bitcoin es dinero y que, por lo tanto, el espacio de bloque debería reservarse a transacciones monetarias. La primera mitad de la frase es cierta. La segunda no se deduce de la primera.
Bitcoin no es dinero porque un documento lo diga, ni porque Satoshi lo escribiera, ni porque una mayoría lo haya votado. Es dinero porque hay quien lo ofrece como dinero y quien lo demanda como dinero. Sí, su diseño, sistema, escasez le dan cualidades dinerarias, pero también lo hacen un buen depósito para almacenamiento distribuido. El caso de uso preferente es un hecho de mercado, no un estatuto. Y los hechos de mercado no se legislan: se producen cuando dos partes acuerdan, o no se producen.
Cada pool y, en un escenario ideal más descentralizado, cada minero elige que introduce en su plantilla de bloque. Los mineros movidos solo por el lucro dan prioridad en el espacio de bloque a quienes paguen la comisión más alta. Los más serviles al compliance han evitado transacciones asociadas a listas de sanciones de la OFAC. Otros han minado bloques de 4 MB ocupados casi exclusivamente por NFT. Así también, cada nodo es libre de filtrar ese tipo de transacciones.
El filtro individual existe, es viejo y nadie lo discute. Lo que no puede imponerse a la fuerza es la propagación de ese filtro. La contabilidad de Bitcoin se escribe en común: si un minero rechaza una transacción y otro la incluye en un bloque que se encadena, el primero debe sumar ese bloque a su contabilidad igual, o desprenderse de la red. Su filtro fue una preferencia, no una prohibición.
Para que un filtro se vuelva censura efectiva tiene que aplicarlo todo el mundo, a nivel de protocolo, y en Bitcoin eso es dificilísimo: los usuarios ni siquiera corren la misma versión de nodo. Miles siguen operando con versiones viejas, y la red los tolera sin despeinarse gracias a la compatibilidad hacia el pasado. Ahí vive la resistencia a la censura de Bitcoin: en la imposibilidad de que la decisión de uno rija sobre el otro.
Entonces la propuesta se deja ver por lo que pide. No pide el derecho a filtrar, pide que su filtro obligue a los demás. Es el único camino por el que una preferencia se convierte en prohibición.
Se invoca el libre mercado para defender el dinero del libre mercado, y se pide suspenderlo en el único lugar donde ese dinero se produce. Rechazar un uso en el propio nodo es soberanía. Exigir que todos lo rechacen es mando. Y nadie manda en Bitcoin.
La red no discute con el policía
Los números son públicos y no admiten interpretación generosa. Para la última época de dificultad, solo 20 de 2016 bloques señalizaron BIP-110, es decir, apenas 1%; todos provenientes del pool OCEAN, perteneciente a Luke Dashjr.
La propuesta necesita 1.109 bloques de cada 2.016 —el 55%— en un mismo ciclo. Un umbral que ya es anómalo, porque el mecanismo con que Bitcoin activa cambios de consenso exige el 95%.
Los pools más grandes tampoco se movieron. Antpool, más de 5.100. F2Pool no guardó silencio: su cofundador Wang Chun ratificó en febrero que no señalizaría. ViaBTC, MARA, SpiderPool, Binance Pool, Luxor, Braiins: ninguno.
Foundry USA, con cerca de una cuarta parte del hashrate, acumula más de 8.700 bloques consecutivos sin señalizar. Pero, en días recientes, en lugar de decidir por los suyos, abrió una votación: dejó que sus mineros definieran, con el peso de su propio hashrate, cómo debía señalizar el pool. Su posición de partida es No, y solo cambiará a Sí si los votos a favor superan el 51% del poder de cómputo que participa; quien no vote, cuenta como No. Es decir: el pool más grande del mundo no se arrogó la decisión, se la devolvió a quienes hacen el trabajo.
La medida podría empujar a otros pools —Antpool es el candidato natural, y los analistas de mercado lo señalan junto a Foundry como capaz de mover la aguja— a consultas similares en los próximos días. Pero al día de hoy ninguno lo ha hecho, y ninguno ha comprometido su señalización.
Queda un detalle que merece atención, porque el impulso de decidir por otros no se detiene en las fronteras del bando propio. Desde el 15 de julio, OCEAN —que aporta alrededor del 2,25% del hashrate y acumula 64 bloques desde marzo— señaliza por defecto, de modo que cualquier minero conectado a su canal principal apoya la propuesta sin haberlo decidido. Quien no quiera hacerlo debe migrar. El desarrollador Seth For Privacy lo nombró con precisión: forzar a los mineros a señalizar es un abuso del poder centralizado que tiene un operador de pool sobre sus usuarios.
Qué ironía que una propuesta cuyo argumento es devolverles el poder a los usuarios necesite tomar la decisión por ellos.
Bitcoin Cash se fue; este se queda quieto mientras la red camina
Cada quien tiene derecho a irse. Es el mecanismo más legítimo que existe en un sistema sin permisos: si no te convence hacia dónde va, tomas el código, cambias las reglas y arrancas tu propia red. Nadie puede impedirlo. Roger Ver lo hizo en 2017 con Bitcoin Cash, y el mercado se pronunció: hoy su propio sitio reconoce a Bitcoin como el original y a Bitcoin Cash como una copia más.
BIP-110 no propone irse. Propone quedarse y que los demás se adapten. Es una bifurcación suave: no crea dos cadenas por sí misma, porque restringe reglas en lugar de ampliarlas. Si la mayoría del hashrate la adopta, la cadena sigue siendo una. Pero cuando el 8 de agosto arranque la ventana de señalización obligatoria y los nodos con BIP-110 empiecen a rechazar los bloques del 99% del hashrate, esos nodos no expulsarán a nadie: quedarán siguiendo una cadena que casi nadie mina. Jameson Lopp estimó que con OCEAN como único pool serían uno o dos bloques por día, y unos tres años hasta el próximo ajuste de dificultad.
Recientemente, Adam Back sostuvo que el efecto secundario de la descentralización es que uno no puede imponerle sus ideas a los demás, y que el mecanismo que la hace posible trabaja en contra de lo que BIP-110 quiere, que en su base es una búsqueda por vigilar a otras personas, por hacer de policía.
Ver se fue dando un portazo. Aquí no hay puerta ni portazo. Hay una minoría declarando inválido lo que el resto sigue haciendo, y descubriendo que declarar no es poder.
Y esa es la línea que importa, la que separa un derecho de una pretensión: el derecho a irse es absoluto; el derecho a que los demás te sigan no existe, y confundirlos es todo el error.
Nadie manda, y esa es la buena noticia
Con esto no se afirma que el spam no pueda ser un problema, ni que quienes lo combaten estén actuando de mala fe. Lo hacen por convicción, y algunos llevan más de una década demostrándolo. Como escribimos en mayo del año pasado, cuando esta discusión apenas empezaba, pelear por OP_RETURN es bueno para Bitcoin: las crisis obligan a formar criterio, y la respuesta que Bitcoin encuentra una y otra vez es descentralizar más.
Lo que este episodio muestra es más simple, y es lo que agosto va a subrayar con o sin activación. Bitcoin no rechazó BIP-110 porque ame los JPEG en la cadena. Lo rechazó porque el mecanismo que impide a un desarrollador imponer una regla es el mismo que impide a un gobierno confiscar un saldo, a un banco central diluir un ahorro y a un pool censurar una transacción. No hay dos mecanismos, uno para los enemigos y otro para los amigos. Es uno solo, y funciona precisamente porque no distingue.
Quien quiera un dinero con policías no necesita bifurcarse: ya existe, lo emite un banco central y lo vigilan ejércitos que también creen estar protegiéndonos al proteger el fíat. Bitcoin se inventó para escapar de eso. Bitcoin no necesita policías.








