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El "scroll" pasivo en internet es el equivalente a animales enjaulados.
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Mientras unos usan BTC por alta inflación, otros lo rechazan por sesgo político.
Llevo años analizando las narrativas del ecosistema tecnológico y es fácil notar un patrón que se repite hasta el cansancio. Es la fe casi mística en que un puñado de líneas de código va a salvar a la humanidad de sus propias miserias.
En las entrevistas del sector abundan los discursos utópicos, las respuestas corporativas ensayadas y un optimismo que muchas veces esquiva los problemas más profundos de la conducta humana.
Sin embargo, el analista Fernando Nikolić propone un diagnóstico mucho más incómodo. Dice que el uso plano de la IA nos está empujando a un ecosistema donde cientos de personas repiten exactamente lo mismo, reduciendo nuestro comportamiento al scroll pasivo de un animal en cautiverio.
Criado en Noruega, de raíces argentinas y con una trayectoria que salta del marketing en Blockstream al análisis cuantitativo de narrativas con su plataforma BTC Perception, Nikolić se dedica a medir lo que la gente dice (y calla) en la red.
En una reveladora conversación en el podcast Separando el Dinero y el Estado, el experto advierte que internet se ha convertido en una llanura predecible y que, de no cambiar de rumbo, el verdadero peligro de la automatización es que «nos vamos a volver todos iguales».
El gran experimento del cautiverio digital
En los primeros minutos del episodio, el hilo conductor que propone Gómez se centra en la percepción y en cómo nuestros sesgos filtran la realidad en la red. Sin embargo, al observar la reacción de Nikolić en la pantalla, es evidente que su enfoque va más allá de la simple psicología digital; lo suyo es un análisis de comportamiento evolutivo.
Para el analista, el verdadero problema comenzó antes del boom de la Inteligencia Artificial, cuando internet ya se había convertido en una llanura predecible donde todos buscamos refugiarnos en el promedio.
El resultado, advierte, es un ecosistema donde es común ver a cientos de compañías e influencers repitiendo exactamente lo mismo con las mismas plantillas de ChatGPT o Claude.
Es en ese punto de la charla donde Nikolić introduce la analogía biológica que altera el tono de la entrevista:
Como mamíferos y como primates, nos constituimos en el movimiento y al aire libre. Cuando observás la sociabilidad de animales inteligentes en cautiverio, ya sean loros, cetáceos o chimpancés, lo que ves ante el encierro y el estrés son los llamados comportamientos repetitivos que no tienen una función. Es dar vueltas en la jaula o rascarse hasta lesionarse.
Fernando Nikolić.
La comparación no es un mero adorno retórico. Al analizar el paralelismo, el analista vincula directamente esa patología animal con el acto cotidiano de deslizar el dedo por una pantalla táctil. Para él, el scroll pasivo en redes sociales, ese tragar datos de forma automática y sin interactuar, es el equivalente humano a dar vueltas en una jaula digital. Existe, sostiene, un sufrimiento muy real en una especie privada de estímulos verdaderos.
Frente a las preguntas de Gómez sobre el futuro de este fenómeno, Nikolić no ofrece una salida optimista ni un decálogo de desintoxicación digital. Su conclusión es más bien un diagnóstico de saturación inevitable.
Dice que internet tendrá que volverse un espacio tan insoportable y homogéneo que la propia asfixia nos obligue a apagar los dispositivos y regresar al mundo real.

El refugio en la tribu online
A medida que avanza la charla, Gómez plantea una contradicción lógica. Si la tecnología nos uniformiza y nos aplana, ¿por qué los niveles de polarización política están en máximos históricos? Es un gran acierto del entrevistador, porque obliga a Nikolić a desgranar cómo el odio digital no es una anomalía, sino una defensa evolutiva frente al colapso de la información.
Entonces el analista explica que el siglo XX nos malacostumbró. Entre los años 30 y los 2000, la humanidad vivió bajo una monocultura donde las mayorías consumían los mismos canales de televisión y radio, compartiendo un terreno común.
Pero esa estructura estalló alrededor de 2010 con la llegada de los algoritmos de recomendación, fragmentándonos en burbujas y madrigueras de conejo que no se comunican entre sí.
Para Nikolić, el cerebro humano simplemente colapsó ante el volumen de datos:
Nuestros cerebros no están biológicamente capacitados para procesar la sobreabundancia de información global. Saber en tiempo real de un terremoto en Karachi o un accidente de tren en Malasia nos desborda. Antes de 1930, toda la información era local y tribal.
Fernando Nikolić.
«Con toda la información que existe ahora, que no es suficiente para nuestros cerebros, volvemos a la forma tribal de entender el mundo. La única diferencia es que ahora la tribu es online», argumenta, subrayando la escala de un fenómeno que desborda nuestra propia evolución.
Al escuchar esta parte del intercambio, queda claro cómo el entorno digital subvierte las intenciones de los creadores de plataformas. No nos volvimos ciudadanos del mundo; nos refugiamos en clanes digitales para que otros nos digan cómo pensar.
Nikolić coincide con Gómez en que los políticos han aprendido a capitalizar este vacío con un profesionalismo quirúrgico. El resultado es la politización absoluta de la vida cotidiana. Desde el uso del aire acondicionado hasta el concepto mismo de Bitcoin, todo se transforma en un campo de batalla identitario.
El sesgo ideológico y la división de Bitcoin
Es a mitad de la entrevista donde Iván Gómez pone sobre la mesa el núcleo del conflicto en el sector financiero digital. El entrevistador cita la paradoja de El Salvador en 2021, donde una parte considerable de la población rechazó la adopción legal de Bitcoin simplemente por su oposición política al gobierno de Nayib Bukele, y el fenómeno actual en torno a la figura de Donald Trump en Estados Unidos.
Gómez interroga a su invitado sobre un punto crítico. Es sobre si el valor de esta tecnología radica en su neutralidad matemática, ¿por qué su destino parece atado a las pasiones partidistas?
La respuesta de Nikolić es un balde de agua fría para los puristas del ecosistema. Desde su perspectiva como analista de métricas cuantitativas, recuerda que la percepción de cualquier herramienta siempre está filtrada por el bagaje de quien la mira.
Mientras que alguien atrapado en una economía con hiperinflación entiende la utilidad de Bitcoin por pura sabiduría experiencial, quien confía en sus instituciones locales tiende a rechazarlo por considerarlo innecesario.
El problema, observa Nikolić en el diálogo, es que el tribalismo digital anula cualquier atisbo de racionalidad técnica a través de atajos ideológicos:
«Si a la persona que me cae mal le gusta Bitcoin, a mí me tiene que disgustar», ironiza el analista. Por esta razón, advierte que la adopción global no será el camino idílico y unificado que predican los manuales de marketing. Al contrario, lo que estamos presenciando es una «balcanización» o fragmentación del ecosistema.
Habrá facciones que se acerquen por la innovación tecnológica, otras por la filosofía de libertad individual, y un grupo enorme que lo hará por pura especulación financiera. Al final, muchas de estas corrientes conviven bajo el mismo cielo pero no se entienden, y la fricción es inevitable.

Nikolić le señala a Gómez que la llegada institucional de Wall Street y los ETF de Bitcoin no ha hecho más que exacerbar esta fractura. Existe una vieja guardia de pioneros resentidos que sienten que los gigantes financieros les están robando el relato histórico.
Para el analista, esto demuestra que la humanidad padece una adicción incurable por personalizar los conceptos abstractos. Por eso queremos que Bitcoin sea exactamente lo que cada tribu quiere que sea, y estamos dispuestos a lanzar campañas de propaganda feroces para arrastrar a los demás a nuestra propia visión.
Incentivos económicos sobre ideología
Hacia el cierre del episodio, Gómez eleva la apuesta y lleva la conversación hacia los desafíos técnicos más espinosos del futuro del protocolo, como la necesidad de transicionar hacia una criptografía postcuántica para evitar la obsolescencia ante superordenadores.
Al observar la dinámica en la pantalla, resulta fascinante notar cómo Nikolić no se inmuta ante los escenarios catastróficos; su postura se mantiene firmemente anclada en el frío análisis de los incentivos.
El analista confiesa ante el micrófono del podcast que el panorama para lograr consensos sociales es complejo en una era donde el individuo tiene tanto poder para personalizar su realidad y atrincherarse en sus posturas.
«Es muy jodido», admite con crudeza. En el intercambio se evoca la figura de grandes promotores corporativos de la industria, a quienes Nikolić compara con propagandistas históricos, capaces de movilizar a las masas para destruir un orden antiguo pero incapaces de articular qué construir sobre las cenizas.
Sin embargo, es en este último tramo donde el analista ofrece el único anclaje de certeza de toda la entrevista, situando la supervivencia del sistema en las reglas del propio juego:
El consenso en Bitcoin no nacerá de una mesa redonda de caballeros cordiales; nacerá de los incentivos económicos y del miedo mutuo a la destrucción del valor.
Fernando Nikolić.
El proceso, anticipa a Gómez, no será pacífico ni ordenado. Como especie, tenemos la costumbre de caminar hasta el borde mismo del precipicio, esperando a que la situación sea completamente insoportable antes de forzar una solución. Una contradicción incómoda, pero profundamente real.








