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La recopilación de datos «no está funcionando bien», sostiene Hester Peirce, comisionada de la SEC.
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La solución está en la criptografía, pero falta voluntad para optar por este mecanismo de seguridad.
Para combatir el delito financiero, las instituciones recopilan cada vez más información privada y personal de sus clientes. Documentos de identidad, domicilios, historiales de transacciones y otros datos sensibles se almacenan bajo la premisa de que conocer a los usuarios permitirá detectar actividades ilícitas.
Pero existe una contradicción que merece mayor atención: esa información, reunida para proteger el sistema, también puede convertirse en una herramienta para atacar a las personas que lo utilizan.
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