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Para Icaza, Panamá corre el riesgo de observar la transformación financiera “desde afuera”.
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El especialista también cree que el país podría ser un “punto estratégico” para la economía digital.
La rápida expansión de las stablecoins en América Latina está desafiando el modelo financiero tradicional de la región. Rodrigo Icaza, presidente de la Cámara de Comercio Digital y Blockchain de Panamá, advirtió que el país centroamericano corre el riesgo de quedar rezagado y observar esta transformación digital «desde afuera» si no adapta su infraestructura histórica a las nuevas demandas tecnológicas.
Para el especialista, el crecimiento y adopción aceleradas de este tipo de activo digital —lo cual él llama «stablecoinización»— en toda la región latinoamericana, plantea un escenario crítico para las economías que fundamentaron su competitividad en la intermediación bancaria del siglo XX, tales como Panamá.
El análisis de Icaza, difundido en la red social LinkedIn, cobra especial relevancia debido a la condición de Panamá como un centro financiero mundial, donde se asientan las instituciones bancarias más grandes del planeta bajo el amparo de la actividad comercial del Canal de Panamá.
Esta situación abre un debate sobre los fundamentos del dólar estadounidense como moneda nacional y su relación con la estructura financiera tradicional, un dilema que también podría trasladarse a otras economías dolarizadas de la región como Ecuador o El Salvador.
El quiebre de la ventaja geográfica y bancaria
Desde 1904, Panamá adoptó el dólar estadounidense como moneda de curso legal y renunció a la emisión de papel moneda propio. Esta decisión permitió al país ofrecer estabilidad monetaria y una conexión directa con el sistema financiero internacional mientras otras naciones de la región enfrentaban ciclos de devalua pición.
Sin embargo, la evolución de la infraestructura tecnológica global está cambiando las reglas del juego.
La aparición de la tecnología Bitcoin y, especialmente, las stablecoins está modificando la manera en que las personas acceden, almacenan y transfieren valor.
Sobre este punto, Icaza señaló que «la adopción indirecta de las stablecoins plantea nuevos escenarios para la economía regional» y que «el dinero ya no sigue únicamente las reglas que diseñaron los Estados, sino también las que habilita la tecnología».
De acuerdo con el especialista, la infraestructura tradicional que requería de bancos, cuentas y corresponsales internacionales para mover dólares fuera de Estados Unidos hoy parece simplificarse a tres elementos: acceso a internet, una wallet y una conexión a una red global.
Ante este panorama, el ejecutivo cuestionó: «si millones de personas en América Latina comienzan a acceder al dólar mediante stablecoins, sin depender necesariamente de la banca tradicional, ¿qué ocurre con los países que construyeron parte de su ventaja alrededor de la intermediación financiera tradicional?».

Una infraestructura global e invisible
La advertencia de Icaza coincide con datos recientes del mercado que demuestran que este tipo de moneda digital ha trascendido la especulación. Un informe de la firma de inversiones OpenTrade reveló que millones de latinoamericanos ya emplean estas tecnologías en su vida cotidiana para el ahorro y el comercio transfronterizo, a menudo integradas en plataformas fintech y neobancos que ocultan la complejidad técnica del riel subyacente.
David Sutter, CEO de OpenTrade, afirmó que estos instrumentos se han convertido en una «infraestructura financiera crítica en toda Latinoamérica» capaz de potenciar los pagos de formas que los sistemas heredados nunca podrían.
Esta transformación estructural también fue descrita por Reeve Collins, cofundador de Tether, quien en una entrevista exclusiva con CriptoNoticias el mes pasado explicó que las stablecoins no deben ser considerados criptoactivos tradicionales de carácter especulativo como ether (ETH), bitcoin (BTC) o XRP, sino un «nuevo formato para el dinero» adaptado a la cotidianeidad.
Según Collins, la resiliencia y el crecimiento en la emisión de estas herramientas, incluso durante periodos de contracción en los mercados de activos digitales, demuestran que la contabilidad distribuida está lista para absorber los flujos de la economía global a través de la resolución de problemas del mundo real y alianzas con gigantes de los pagos tradicionales como Visa.
Frente a esta realidad, el representante de la Cámara de Comercio Digital y Blockchain de Panamá insistió en que el fondo de la discusión para Panamá no es de tipo monetario, ya que el país opera bajo un esquema totalmente dolarizado, sino de vigencia de su modelo de servicios.
«No debemos preguntarnos quién tiene acceso al dólar, sino quién construirá alrededor del dólar digital la próxima generación de servicios financieros», apuntó el especialista.
El dilema panameño: punto estratégico o espectador
Para el presidente Icaza, el avance tecnológico camina a una velocidad muy superior a la capacidad regulatoria e institucional de los Estados, lo que coloca al país ante un doble escenario:
Por un lado, existe la oportunidad de convertirse en un punto estratégico para la nueva economía digital, liderando áreas como la custodia de activos digitales, el cumplimiento regulatorio, la tokenización de activos y el desarrollo de nuevos modelos de servicios financieros integrados.
Por el otro, se presenta el riesgo latente de que el mundo avance hacia redes descentralizadas donde las ventajas geográficas y jurídicas que consolidaron a Panamá, durante el siglo pasado, pierdan relevancia, dejando al país en la periferia de la modernización financiera.
«Cuando una nueva infraestructura demuestra ser más eficiente, las personas suelen adoptarla antes de que las instituciones logren adaptarse», enfatizó Icaza.
La presión geopolítica desde Washington
El debate sobre la digitalización del dinero en la región no solo responde a dinámicas de mercado, sino también a estrategias geopolíticas de gran alcance.
La administración de los Estados Unidos puso en marcha una ofensiva diplomática para unificar los rieles del dinero digital en el hemisferio bajo el estándar del dólar, invitando formalmente a los países latinoamericanos a replicar el marco legal que la nación norteamericana edifica para estos activos digitales.
Patrick Witt, director ejecutivo del Consejo del Presidente para Activos Digitales de la Casa Blanca, formalizó este planteamiento señalando que la estrategia, coliderada por el secretario de Estado, Marco Rubio, ve en las stablecoins una herramienta de alineación regional para asegurar los lazos con los socios del hemisferio y repeler la influencia extranjera de China en la región.
Esta presión internacional añade urgencia a la postura de los centros financieros tradicionales que, como Panamá, se ven obligados a reinventarse.
Las reflexiones de Icaza evidencian que la estabilidad histórica ya no es una garantía suficiente en un entorno global donde el dinero se rige por la eficiencia de los entornos descentralizados.
A su juicio, el fondo de la discusión no es si Panamá seguirá siendo un país dolarizado, «sino qué ocurrirá cuando el dólar deje de ser únicamente una moneda y se convierta en una infraestructura digital global».








