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Desde Ledger creen que la IA está dentro de los problemas más importantes para los humanos.
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Compañías y herramientas de criptomonedas han sido víctimas de ataques con IA.
La rápida aceleración de la inteligencia artificial (IA) y la falta de salvaguardas en su diseño estructural la posicionan hoy como uno de los mayores problemas para la seguridad del ecosistema de Bitcoin y la propia humanidad.
Así lo advierten firmas de custodia de activos digitales como Ledger, en un contexto donde los ataques cibernéticos asistidos por modelos algorítmicos automatizados contra la periferia tecnológica de Bitcoin comienzan a rebasar la capacidad de respuesta de los desarrolladores humanos.
El debate sobre si los riesgos de esta innovación superan sus beneficios cobró fuerza tras el reciente robo de bitcoin derivado de una vulnerabilidad en el firmware de las hardware wallets Coldcard, en donde utilizaron herramientas de IA.
Ian Rogers, director de agencia humana en Ledger, sostiene que la industria tecnológica se encuentra en una encrucijada operativa. Para la firma de infraestructura, la seguridad vinculada a la IA es probablemente uno de los problemas más importantes para los seres humanos en la actualidad.
Rogers enfatiza que el papel de las empresas de protección debe centrarse en mantener a las personas dentro del circuito de control, aplicando el principio de la seguridad integrada desde el diseño para evitar que los agentes automatizados manejen secretos informáticos sin supervisión.
El ejecutivo compara la delegación de capacidades a la IA con la entrega de las llaves de un automóvil a un joven de 16 años, donde la autorización debe depender estrictamente de las políticas, el contexto y la hora.

Bajo esta premisa, considera que la arquitectura de la IA requiere una clara división entre la información a la que se concede acceso y las acciones que el sistema puede ejecutar de forma independiente, un principio fundamental que rige en la custodia de claves privadas en el ecosistema de criptomonedas.
El peligro no radica en la IA, sino en la imprudencia
Ahora bien, no todos coinciden en que la IA suponga una amenaza para el ecosistema bitcoiner o la humanidad.
En cambio, hay especialistas que destacan que el peligro central de la tecnología no radica en escenarios de ficción, sino en la imprudencia con la que se implementa.
Orlando German, consultor y asesor venezolano especializado en activos digitales y tecnología financiera, explica que la IA es neutra y que el riesgo real proviene de la naturaleza humana.
“Más que la IA sea una amenaza tipo película como Terminator, el riesgo real es quién la usa. Es la negligencia humana en la forma en cómo la implementamos, en las medidas que tomamos desde sus inicios”, precisa German en entrevista exclusiva con CriptoNoticias.
El asesor señala que, de la misma forma en que la electricidad carecía de aislantes y fusibles en sus inicios, la IA debe ser regulada y delimitada desde sus primeras fases mediante marcos de gestión de riesgo.
Entre ellos, el planteado por el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de los Estados Unidos (NIST) o el presentado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

En consonancia con German, el abogado argentino Jorge Paternó, quien está especializado en activos digitales, coincide en que la prohibición no es la vía, sino la gestión adecuada de los riesgos.
“No diría que la IA representa amenazas, pero sí conlleva riesgos considerables que deben ser mitigados adecuadamente”, enfatiza.
También en contacto con este medio, el jurista determina que las reglas de gobernanza, cumplimiento y protección de los datos “son los paradigmas sobre los cuales se deben apoyar las reglas de control y uso de la información sensible” al momento de emplear modelos de IA.
Y hace falta, considerando que las fallas en la seguridad frente a los ataques de IA siguen cobrando víctimas. CriptoNoticias reportó el 19 de agosto que el protocolo de intercambio entre redes Maya Protocol sufrió la pérdida de 20,83 bitcoin, junto a cantidades menores de ether (ETH) y otros tokens, precisamente por la asistencia de herramientas de IA.
La IA debe ser el copiloto, y nada más
En el ámbito de la gestión de capitales y las inversiones en el mercado, Orlando German aclara que el humano debe mantenerse “siempre como el piloto del vehículo”, relegando a la IA a un rol de copiloto.
Para él, la falta de límites explícitos en la automatización financiera entraña peligros severos, pues una IA “puede equivocarse simplemente porque tiene datos incompletos, sesgos, errores de programación, porque está bajo un ataque informático o porque interpreta mal las instrucciones”.
En concordancia, Jorge Paternó afirmó que las fallas técnicas en modelos de IA son altamente peligrosas porque “pueden generar compras en productos derivados que generen pérdidas en una cartera de inversión significativas”.
A pesar de los desafíos en materia de ciberseguridad y finanzas, la interacción entre activos digitales e inteligencia artificial también presenta un campo de complementariedad tecnológica.
Zach Pandl, jefe de investigación de la firma Grayscale, indica en un informe publicado este mes que el crecimiento de los agentes de IA creará nuevas necesidades de infraestructura que beneficiarán a redes descentralizadas, como Ethereum y Solana.
Al respecto, el consultor venezolano sostiene que se pueden “usar las bondades de la IA” para la gestión financiera. En sintonía, el abogado argentino dice que la IA puede ser gran utilidad al integrarse eficazmente con el ecosistema de criptomonedas.
“Puede ser un aliado importante para el análisis fundamental, técnico, de patrones de comportamiento de datos e incluso en la automatización de compras y ventas de activos en un portafolios”, señala Paternó.

Si bien las herramientas de IA sobreponen amenazas en la mesa, será el resultado de la usabilidad de la misma lo que determine qué tan riesgosos son estos esquemas para el ecosistema y la humanidad misma. Por lo pronto, es un ecosistema emergente que, aunque se ha usado para el mal, también se ha utilizado para el bien.
De ahí la necesidad de usar la IA como un escudo y un arma de protección, sin temerle, desde luego, a la innovación.








