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La tokenización redefine quién es dueño y quién solo posee un derecho reclamable.
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Un modelo tokeniza recibos de activos en custodia; el otro es propiedad nativa digital.
La tokenización se perfila como la transformación estructural más significativa en el sector financiero desde la transición de los registros en papel a los sistemas electrónicos. Sin embargo, pese al creciente interés en Wall Street y en los foros tecnológicos globales, el concepto se ha convertido también en uno de los más ambiguos e incomprendidos del mercado actual.
Cuando diez personas hablan de tokenización, suelen referirse a diez cosas distintas. Y ahí radica la confusión.
Las iniciativas abarcan a gigantes del almacenamiento de activos como BlackRock, cuyo fondo tokenizado BUIDL (lanzado en marzo de 2024) ya gestiona cientos de millones de dólares en activos del mercado monetario, y se extienden a la digitalización de bienes raíces o coleccionables.
Matt O’Connor, especialista en tokenización de activos, sintetiza el escenario actual: «La tokenización es la palabra más malinterpretada de las finanzas ahora mismo».

Aquí está la clave: para evaluar el alcance real de esta infraestructura no basta con saber qué se tokeniza. Hay que preguntarse cómo se tokeniza.
Dos modelos ¿Cuál está adoptando Wall Street?
- 1.-El recibo digital: el modelo dominante hoy es lo que la industria llama «tokenización basada en recibos». Piensa en un resguardo de almacén digital. Funciona de manera análoga a un certificado de depósito.
Bajo este formato, el token representa un derecho reclamable sobre una acción, un gramo de oro o una participación inmobiliaria. No obstante, el activo subyacente permanece bajo la custodia de una entidad centralizada en el mercado tradicional.
El fondo BUIDL de BlackRock ejemplifica esta dinámica. Esto porque el token actúa como la representación de acciones de un fondo que custodia los activos de forma convencional.
Aunque el sistema agiliza la negociación y la liquidez, la validez del instrumento continúa dependiendo de la solvencia y supervisión de un intermediario.
Suena seguro. Pero, ¿seguro para quién? Si el banco quiebra, el token no vale nada. No eres propietario; eres un acreedor más en la fila de la quiebra. Por lo tanto, un recibo digital significa que eres inquilino.
Y existe otro modelo donde eso no pasa.
- 2.-La propiedad nativa: cuando el código es el título jurídico. Plantea un cambio de paradigma operacional al eliminar la existencia de un activo duplicado fuera de la red (off-chain).
Aquí cambia el paradigma.
En la tokenización nativa no existe un activo duplicado fuera de la red. La entrada en la cadena de bloques constituye el título de propiedad formal. No es un recibo. Es el activo en sí mismo. Si tienes el token, tienes la acción. No hay un banco custodiando nada.
El token es el registro de propiedad actual. No existe un activo separado fuera de la cadena
Matt O’Connor.
Esa frase no es una declaración filosófica; es el principio técnico que Figure ya ha hecho realidad ante la SEC. Es ley, no retórica.
Otras firmas como INX Limited, tZERO y Securitize; todas ellas empresas de tecnología financiera, tramitan o ya gestionan registros y emisiones de valores y acciones digitales ante la Comisión de Bolsa y Valores de EE. UU. (SEC).
La estructura jurídica de estas plataformas busca emitir tokens que funcionan intrínsecamente como acciones corporativas. Esta arquitectura elimina capas de intermediación tradicional, reduce costos operativos e integra los controles de cumplimiento normativo directamente en el código programable.
Eso cambia todo.
Si quiebra la plataforma, el token sigue siendo tuyo. No hay intermediario que pueda embargarlo, ni banco que pueda bloquearlo. Significa que sin recibo hay propiedad, y por lo tanto, eres el dueño, tal como lo detalla O´Connor.
El choque entre descentralización y control financiero
Lejos de constituir una tendencia coyuntural, la tokenización representa la reconfiguración de la arquitectura financiera global. Sin embargo, el fenómeno no está exento de debates teóricos y regulatorios.
La tensión de fondo es esta: ¿estamos ante una adopción genuina de la tecnología descentralizada o, por el contrario, ante un mecanismo de las finanzas tradicionales para asimilar la infraestructura de bloques reduciendo los principios de soberanía digital que dieron origen a Bitcoin.
Tres bandos. Una batalla. Un ganador por definir
Bando 1: Wall Street
Bancos como JPMorgan, BlackRock o Citi defienden la tokenización como una modernización eficiente de los mercados que permite liquidez 24/7 y automatización, integrándose en los marcos legales existentes mediante redes permisionadas o híbridas que preservan la verificación de identidad (KYC) y el control institucional.
Lo que defienden: eficiencia, integración, control dentro del sistema actual.
Lo que no dicen: quieren hacerlo sobre redes privadas o híbridas, manteniendo KYC, intermediación y control institucional.
¿Suena a revolución o a una actualización de software?
Bando 2: los bitcoiners
Críticos como Stephen Diehl e Hilary Allen señalan que esta aproximación diluye los principios fundacionales de Bitcoin. Argumentan que se debilita la soberanía individual, el lema “si no son tus llaves, no son tus monedas”, la resistencia a la censura, la minimización de intermediarios y la confianza sin terceros.
Lo que defienden: soberanía individual, resistencia a la censura, confianza sin terceros.
Lo que no dicen: tienen razón en el principio, pero a menudo ignoran que la regulación no va a desaparecer.
«Si no son tus llaves, no son tus monedas.» Ese es el lema. Pero, ¿y si las llaves están en un código que Wall Street controla?
Bando 3: los reguladores
Organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco de Pagos Internacionales no toman partido, pero señalan riesgos.
Lo que advierten: fragmentación, concentración de poder en pocas plataformas, necesidad de marcos legales que equilibren innovación con estabilidad financiera.

La respuesta no está en el precio. Está en la letra pequeña.
Desde esta perspectiva, las redes privadas y los productos tokenizados de Wall Street representan una cooptación que convierte la tecnología descentralizada en una capa más eficiente, pero estrictamente controlada, del sistema financiero tradicional.
Esa tensión no tiene respuesta única.
¿Recibo o propiedad? Esa distinción vale miles de millones.
La próxima vez que escuches que algo se ha tokenizado, no te preguntes cuánto vale. Pregúntate las cuestiones de fondo, como sugiere Matt O’Connor: «¿Es esto un recibo o es propiedad nativa? ¿Quién puede intercambiarlo? ¿Qué pasa en caso de bancarrota? ¿Y qué leyes me protegen?».
Y si la respuesta a esas preguntas no es clara, quizá el activo tokenizado no esté pensando en ti, sino en quien lo emite. ¿Y tú? ¿Qué prefieres ser, propietario o inquilino en el nuevo sistema financiero?









