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El euro representa apenas entre 0,2% y 0,3% del mercado global de stablecoins.
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Europa aplazó hasta 2027 el debate sobre reglas para stablecoins multiemisión.
Europa entra en una nueva etapa del debate sobre las stablecoins. Mientras el Banco Central Europeo (BCE) mantiene una postura cautelosa por sus posibles efectos sobre la banca y la estabilidad financiera, un informe publicado el 20 de mayo de 2026 por el centro de estudios Bruegel advierte que limitar su desarrollo podría producir el efecto contrario: acelerar la dependencia europea de stablecoins en dólares y debilitar el papel del euro dentro de la economía digital.
La discusión llega en un momento en el que estos activos han alcanzado una escala difícil de ignorar. Solo en 2025, las transacciones ajustadas con stablecoins superaron los 28 billones de dólares, mientras la capitalización total del mercado rebasa los 323.000 millones de dólares.
Pese a ese crecimiento, el ecosistema mantiene una concentración extrema: cerca del 99% de las stablecoins existentes están denominadas en dólares estadounidenses, mientras el euro representa apenas entre 0,2% y 0,3% del suministro global.

Para Bruegel, este desequilibrio podría derivar en una “dolarización de infraestructura”, un escenario en el que los mercados tokenizados europeos —incluyendo pagos, liquidaciones y gestión de colaterales— terminen utilizando instrumentos ligados al dólar como referencia operativa. En ese contexto, el euro seguiría funcionando como moneda oficial, pero perdería protagonismo dentro de las nuevas redes financieras digitales.
Vale destacar que la advertencia aparece mientras Europa intenta construir una alternativa propia, tal como reportó CriptoNoticias. Recientemente, el consorcio bancario Qivalis amplió su red a 37 instituciones financieras de 15 países, incorporando entidades como ING, ABN AMRO y Rabobank para impulsar una stablecoin respaldada 1:1 por euros bajo el marco regulatorio MiCA.
Sin embargo, el proyecto parte desde una posición de desventaja estructural. El mercado europeo de stablecoins se ubica entre 680 y 910 millones de dólares, equivalentes a unos 650 y 900 millones de euros, una cifra reducida frente al dominio de los activos vinculados al dólar, que ya supera los 311.000 millones de dólares.
El avance también ocurre en medio de una parálisis regulatoria. La Comisión Europea suspendió recientemente una guía técnica que buscaba aclarar el tratamiento de las stablecoins de “multiemisión”, es decir, modelos donde emisores europeos y extranjeros comparten un mismo activo fungible.
El BCE y sectores de la Eurocámara cuestionaron la propuesta por considerar que este esquema podría exponer reservas europeas a crisis externas y reducir el control supervisor. Como resultado, el debate quedó aplazado hasta la revisión de MiCA prevista para 2027.
Estados Unidos avanza mientras Europa debate
La preocupación europea no responde únicamente a factores internos. Mientras Bruselas discute límites, reservas y riesgos para la estabilidad financiera, Estados Unidos avanza con la ley Genius, una normativa diseñada para impulsar stablecoins en dólares y consolidar su presencia dentro de la infraestructura financiera digital.
Bruegel considera que esta diferencia de enfoque podría terminar jugando a favor de Estados Unidos. Si Europa mantiene restricciones que dificulten el desarrollo de alternativas competitivas en euros, parte de la demanda podría desplazarse hacia stablecoins emitidas fuera del bloque, reforzando la liquidez, la adopción y los efectos de red ya existentes alrededor del dólar.
Por ello, el informe propone flexibilizar ciertos aspectos de MiCA, eliminar la obligación de mantener una gran proporción de reservas en depósitos bancarios, permitir una remuneración limitada para stablecoins en euros y facilitar una integración más estrecha con la infraestructura del BCE.
Actualmente, el debate europeo ya no gira únicamente en torno a si las stablecoins representan un riesgo para la banca o la política monetaria. El nuevo punto de discusión es si se han vuelto demasiado grandes para ignorarlas.
Con Estados Unidos impulsando activamente el dólar digital mediante stablecoins y concentrando cerca del 99% del mercado, Europa enfrenta una decisión estratégica: contener este ecosistema para proteger su arquitectura financiera actual o acelerar la construcción de alternativas propias antes de que la próxima infraestructura monetaria global quede definida fuera del euro.








