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La flexibilización en el discurso del banquero coincide con la inminente entrada en vigor de MiCA.
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El BIS mantiene su postura crítica y advierte que estos activos privados amenazan la estabilidad.
El debate global sobre el futuro del dinero registra, este 23 de junio de 2026, un cambio de postura relevante. Agustín Carstens, una de las voces históricamente más críticas frente al ecosistema de bitcoin (BTC) y las criptomonedas, plantea la viabilidad de una convivencia entre el dinero tradicional y las stablecoins.
Durante su intervención en el Point Zero Forum de Zúrich el pasado martes, el exdirector del Banco de Pagos Internacionales (BIS) propuso una transición hacia un mundo de dinero múltiple.
“Creo que deberíamos avanzar hacia un mundo con múltiples monedas. Deberíamos tratar de crear condiciones donde podamos convivir con el dinero fíat y las stablecoins”.
Agustín Carstens.
Stablecoins: un mercado en crecimiento
Para un exfuncionario que en 2023 advirtió que estos activos no tienen «atributos para ser dinero» y que en 2025 los calificó como insuficientes para cumplir las funciones clave del dinero, sugerir ahora que pueden coexistir con las monedas fíat representa un viraje en su argumentación habitual.
Esta nueva postura coincide con una fase de expansión y ordenamiento institucional del sector. La capitalización de las stablecoins alcanzó en marzo los USD 313.000 millones y proyecciones de la firma financiera Jefferies estiman que podría alcanzar los USD 1,15 billones en los próximos cinco años.
En paralelo, el entorno normativo global avanza hacia la estandarización. Sucede así en Estados Unidos mediante la Ley GENIUS y en la Unión Europea con la finalización del periodo de transición de la ley MiCA, prevista para el próximo 1 de julio de 2026.
La flexibilización en el discurso de Carstens se produce tras su salida formal del BIS, lo que desvincula sus declaraciones de la postura oficial del organismo y le permite adoptar posiciones más abiertas.
De hecho, en paralelo a su discurso, la institución que coordina a los bancos centrales del mundo publicó un avance de su Informe Económico Anual que expone una perspectiva opuesta.
La postura del BIS
El documento del BIS sostiene que los diseños actuales de las stablecoins «no cumplen con las propiedades básicas de la moneda de confianza» y advierte que su adopción generalizada podría amenazar la soberanía monetaria y la estabilidad financiera.
Para Carstens, sin embargo, la respuesta ante estos riesgos estructurales requiere un marco regulatorio internacional coordinado que garantice la interoperabilidad. Un estándar normativo unificado, argumentó, permitiría que estos activos se desarrollen, reduzcan costos operativos e impulsen la inclusión financiera, manteniendo las garantías de seguridad del sistema tradicional.
En todo caso, la divergencia entre la postura de Carstens y el informe del BIS expone el dilema central que enfrentan las autoridades financieras que se centran en cómo asimilar la adopción de los activos digitales sin comprometer el control del sistema monetario.
En ese sentido, a partir de ahora, se abre una carrera de velocidad. El futuro del sector dependerá de si los nuevos marcos normativos en Europa y Estados Unidos logran consolidarse antes de que el propio mercado privado, impulsado por su propia dinámica de crecimiento, establezca de forma irreversible sus propias reglas de juego.








