-
El gasto de capital en IA podría llegar a 760.000 millones de dólares durante 2026.
-
La deuda vinculada a proyectos de inteligencia artificial alcanzó 489.000 millones.
La narrativa de crecimiento ilimitado alrededor de la inteligencia artificial empieza a enfrentar presión financiera. Un análisis publicado el 30 de julio de 2026 por el analista Bret Jensen señala que las grandes tecnológicas elevaron sus inversiones en infraestructura hasta niveles récord, mientras algunas compañías muestran una menor generación de efectivo y los inversores comienzan a exigir mayores pruebas de rentabilidad.
Durante más de tres años, desde el lanzamiento de ChatGPT a finales de 2022, empresas como Microsoft, Alphabet, Amazon, Meta y Oracle impulsaron una expansión acelerada de centros de datos, chips y capacidad de cómputo para competir en inteligencia artificial generativa. Para 2026, el gasto de capital combinado de los principales proveedores podría alcanzar entre 700.000 y 760.000 millones de dólares, frente a unos 410.000 millones en 2025.
Alphabet fue una de las señales más relevantes de esta nueva etapa, pues la compañía reportó un flujo de caja libre negativo de 5.900 millones de dólares durante un trimestre, un hecho que no ocurría desde su salida a bolsa en 2004. Además, elevó su previsión anual de gasto de capital en 15.000 millones de dólares, hasta un rango de entre 195.000 y 205.000 millones.
Pero las cifras también reflejan tensiones en otras compañías del sector. Meta registró una caída del 91% interanual en su flujo de caja libre después de acelerar sus inversiones en inteligencia artificial. Oracle cerró su último año fiscal con un flujo de caja libre negativo de 23.700 millones de dólares y prevé destinar alrededor de 40.000 millones adicionales a gasto de capital durante su nuevo periodo fiscal.
Tesla también mostró señales de presión financiera vinculadas a su estrategia de inteligencia artificial. La compañía registró flujo de caja libre negativo por primera vez en dos años mientras incrementa sus inversiones en robótica impulsada por inteligencia artificial, con un gasto de capital previsto de al menos 25.000 millones de dólares durante 2026.

Caídas y deudas que se extienden por todo el sector tecnológico
Ese ajuste también se reflejó en los activos relacionados con la infraestructura tecnológica. Por ejemplo, el índice de semiconductores de Filadelfia acumuló una subida superior al 90% durante la primera mitad de 2026, pero posteriormente cayó cerca de 25% desde sus máximos históricos alcanzados el 22 de junio, antes de recuperar parte del terreno perdido.

La financiación del sector es otro de los puntos bajo observación. Según estimaciones de Goldman Sachs, las emisiones de deuda vinculadas a proyectos de inteligencia artificial alcanzaron 489.000 millones de dólares hasta mediados de julio de 2026, superando los 321.000 millones emitidos durante todo 2025.
Además del aumento de deuda, el ecosistema empieza a utilizar estructuras de financiación más complejas entre sus principales actores. Nvidia evalúa respaldar la construcción de un complejo de centros de datos de inteligencia artificial de OpenAI con una capacidad de 10 gigavatios, un proyecto cuyo valor potencial podría alcanzar 250.000 millones de dólares. La posibilidad de que grandes compañías financien parte de la infraestructura de sus propios clientes generó cuestionamientos sobre la dependencia entre empresas del sector.
Las dudas también alcanzan a las futuras salidas a bolsa de compañías de inteligencia artificial. Tal como reportó CriptoNoticias, SpaceX perdió más de 1,2 billones de dólares de valor de mercado desde su máximo posterior a su salida a bolsa, una caída que podría reducir el apetito de los inversores por nuevas ofertas públicas de gran tamaño como las previstas por OpenAI y Anthropic.
A este escenario se suma la competencia de modelos desarrollados por empresas chinas como DeepSeek y Moonshot, que han aumentado la presión sobre los líderes actuales al ofrecer alternativas con menores costos de desarrollo y operación. Esto obliga a las compañías estadounidenses a demostrar que sus inversiones en infraestructura pueden traducirse en ventajas sostenibles.

La inteligencia artificial entra así en una fase donde la eficiencia económica comienza a tener mayor peso que la capacidad de inversión. La próxima etapa del mercado podría estar marcada por una selección más estricta entre proyectos, con ventaja para las empresas capaces de convertir infraestructura en productos rentables y casos de uso con demanda comprobada.
Para los usuarios y las empresas que adoptan estas herramientas, el cambio podría traducirse en una evolución hacia soluciones más enfocadas en productividad y retorno económico. La competencia por reducir costos también podría favorecer modelos más eficientes y ampliar el acceso a servicios de inteligencia artificial, aunque el ritmo de expansión dependerá cada vez más de la capacidad del sector para justificar sus enormes inversiones.









