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Las monedas robadas cuánticamente podrían ser consideradas ‘ilegales’.
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Propuestas como BIP-360, BIP-361 y esquemas de firmas basados en funciones hash son analizados.
Mientras los desarrolladores de Bitcoin debaten cómo proteger la red criptográficamente, la cadena creada por Satoshi Nakamoto ya cuenta con una primera línea de defensa, la seguridad económica que envuelve a sus propias monedas.
La idea de fondo es que un ataque cuántico que robe una cantidad significativa de bitcoin (BTC) podría, al mismo tiempo, destruir buena parte del valor de lo robado, ya que el mercado probablemente reaccionaría con una caída de precio apenas se confirme un robo de ese tipo.
Un computador cuántico capaz de romper las firmas de Bitcoin no convierte automáticamente a la red en un botín atractivo, porque si el ataque implica robar una cantidad significativa de monedas, la propia noticia de que existe una máquina así probablemente dispare una caída de precio (producto de posibles ventas masivas), mientras usuarios, exchanges y custodios intentan determinar qué fondos quedaron expuestos.
Esa doble cara del problema de incentivos es clave para entender el resto del debate. La criptografía determina si Bitcoin puede ser atacado, pero la seguridad económica de la red determina si a alguien le conviene hacerlo.
La propuesta poscuántica para Bitcoin BIP-361 usa un razonamiento parecido para justificar su mecanismo de congelamiento, ya que sus autores argumentan que las monedas perdidas o congeladas apenas elevan el valor del resto en circulación, mientras que las recuperadas mediante un ataque cuántico se lo restarían a todas.
¿Serían «legales» las monedas de Bitcoin robadas cuánticamente?
La legitimidad de las monedas robadas tampoco termina en el precio. Si un atacante lograra robar una cantidad grande de esas monedas, es probable que el resto del ecosistema acelere su propia migración y deje de aceptar fondos que salieron de direcciones comprometidas.
El verdadero objetivo de un atacante económicamente racional, entonces, no sería solo la cantidad de bitcoin robada, sino que el resto de la red siga reconociendo esas monedas como dinero válido y líquido, algo que un ataque de ese tipo pondría en duda desde el primer momento.
Sin embargo, también es cierto que no todo ataque cuántico buscaría necesariamente un rédito económico, ya que podría perseguir demostrar una capacidad tecnológica o sabotear la confianza en la red, con independencia de su rentabilidad.
Por eso, más que afirmar que un ataque cuántico no sería rentable, lo más preciso sería decir que su costo económico podría superar el valor recuperable de lo robado.
De ahí surge una paradoja que atraviesa todo el debate. Cuanto más vale Bitcoin, mayor es el incentivo para construir una máquina capaz de atacarlo, pero si esa máquina finalmente lo consigue, el propio ataque puede destruir buena parte del valor que lo motivó.
La seguridad económica es la primera barrera, luego viene la criptografía de Bitcoin
Esa seguridad económica actúa, sin embargo, como un colchón temporal, no como un reemplazo de las soluciones criptográficas que los desarrolladores de Bitcoin ya discuten para blindar la red antes de que un ataque cuántico sea siquiera posible.
En ese sentido, Brink, la organización sin fines de lucro que financia a programadores de Bitcoin Core, difundió este 17 de agosto una presentación que dio el investigador conocido como ‘conduition’. Allí, este colaborador mapeó cómo interactúan entre sí las principales propuestas que hoy circulan para preparar a Bitcoin frente a una futura computadora cuántica.

El mapa de conduition ubica en primer lugar la discusión sobre qué formato de dirección debería reemplazar a las direcciones actuales. La propuesta más avanzada es P2MR (Pago a Raíz de Merkle), que definió BIP-360 y que ya se incorporó como borrador al repositorio oficial de Bitcoin.
Otras dos alternativas expuestas en la presentación, son P2TR v2 (Pago a Taproot versión 2) y P2TR hash (Pago a Hash de Taproot).
Monedas de Satoshi y el peligro cuántico
Conduition también recorre las opciones para las monedas más antiguas de Bitcoin y que podrían ser robadas por un actor cuántico. Entre ellas, las de Satoshi Nakamoto, que Arkham estima en unos 1,1 millones de BTC, equivalentes a unos USD 70.000 millones.

Frente a ese universo de monedas expuestas, conduition ubicó tres caminos ya en discusión:
- El primero es congelarlas mediante un cambio de protocolo, como plantea la propuesta BIP-361.
- El segundo es limitar cuánto puede gastarse de ellas por bloque mediante una propuesta llamada Hourglass. Esta sería una forma escalonada de apropiación que, a diferencia de un robo masivo e inmediato, licuaría en el tiempo el golpe sobre el precio, en lugar de concentrarlo de una sola vez.
- El tercero es no hacer nada y aceptar el riesgo.

Otra pieza central de ese mapa es la firma digital que reemplazará a la actual. Conduition trabaja en SHRINCS, un esquema basado en funciones hash, mientras que Charles Guillemet, CTO de Ledger, señaló las tres alternativas ya estandarizadas por el NIST, Falcon, ML-DSA y SLH-DSA, cada una con un costo distinto entre peso de la firma y facilidad de implementación, aunque ninguna se adecúa al 100% a Bitcoin.
Finalmente, a esa discusión sobre qué firma adoptar se suma la incógnita de cuándo conviene migrar, que dependería de los canarios cuánticos, alarmas tempranas ante esa amenaza.
Con todo, la seguridad económica de Bitcoin no reemplaza a la migración poscuántica, sino que refuerza por qué conviene empezarla cuanto antes, ya que cuanto antes avancen propuestas como P2MR o BIP-361, menor será el botín disponible el día que una computadora cuántica relevante exista.









