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La creación de una computadora cuántica está entre los puntos más destacados.
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La protección de los sistemas criptográficos también está entre los lineamientos más importantes.
El gobierno de Estados Unidos puso en marcha una estrategia dual para consolidar su dominio en la próxima era tecnológica. A través de la firma simultánea de dos órdenes ejecutivas la tarde del 22 de junio, la administración de Donald Trump estableció un marco normativo que busca acelerar el desarrollo de la computación cuántica en territorio estadounidense y, de forma paralela, blindar los sistemas más sensibles del país ante los riesgos de seguridad que esta misma tecnología plantea.
Este movimiento conjunto representa la ofensiva federal más ambiciosa en materia de Ciencia y Tecnología de la Información Cuántica (QIST) en los últimos años.
La administración republicana ha dejado claro que el liderazgo científico es inseparable de la seguridad nacional, delineando una hoja de ruta con plazos estrictos y asignaciones específicas que involucran a prácticamente todo el aparato gubernamental, desde el Departamento de Energía hasta el Buró Federal de Investigaciones (FBI) y las agencias de inteligencia.
El núcleo de esta estrategia se divide en dos frentes claros: «potenciar» y «defender». Por un lado, se busca inyectar recursos y estructurar alianzas con el sector privado para que las empresas e investigadores locales alcancen capacidades de computación, redes y sensores cuánticos imposibles de lograr con la informática clásica actual. Por el otro, se asume con pragmatismo que los adversarios geopolíticos también avanzan a paso firme en esta carrera.
Ante la amenaza inminente de ataques tipo «robar datos cifrados hoy para descifrarlos mañana» cuando existan ordenadores cuánticos potentes, las órdenes ejecutivas imponen mandatos de cumplimiento obligatorio.
CriptoNoticias analizó las dos órdenes ejecutivas e identificó cinco claves fundamentales de estos decretos presidenciales y lo que implican para el ecosistema tecnológico global. Acompáñennos:
1. El proyecto QC-ADDS y la carrera por la computación cuántica de utilidad científica
El primer decreto formaliza la creación del Esfuerzo de Computación Cuántica para el Desarrollo de Aplicaciones y la Ciencia del Descubrimiento (QC-ADDS). El objetivo prioritario de esta iniciativa nacional es construir un ordenador cuántico a una escala nunca antes vista, diseñado específicamente para iniciar una era de descubrimientos científicos imposibles para la informática clásica.
La orden presidencial estipula que este superordenador deberá ser entregado directamente a una instalación del Departamento de Energía y ponerse a disposición de la comunidad científica y de seguridad nacional.
Para acelerar el proceso, el Departamento de Energía tiene un plazo de 90 días para publicar las especificaciones técnicas requeridas, mientras que el Departamento de Comercio diseñará planes de mercado para incentivar y canalizar las aportaciones de las empresas comerciales de computación cuántica.
El establecimiento del QC-ADDS marca el fin de la era puramente teórica de la computación cuántica en el gobierno estadounidense. Hasta ahora, el ecosistema se había conformado con sistemas de «escala intermedia con ruido» (NISQ), útiles para demostraciones de principios físicos, pero propensos a la decoherencia (la pérdida de los estados cuánticos debido al entorno).
El QC-ADDS exige un salto cualitativo hacia la computación cuántica con tolerancia a fallos mediante la corrección de errores cuánticos. Al centralizar la recepción de este primer gran ordenador en una instalación del Departamento de Energía, el decreto aprovecha la infraestructura de enfriamiento criogénico y las redes de supercomputación clásica existentes en complejos como el Laboratorio Nacional de Oak Ridge o el Laboratorio Nacional de Argonne —donde ya se trabaja en la cuántica— para crear sistemas híbridos.
2. Migración obligatoria y la urgencia de la criptografía post-cuántica
El segundo decreto aborda directamente la urgencia de la ciberdefensa. La normativa impone plazos estrictos para que todas las agencias federales identifiquen a sus líderes de migración de sus activos de alto valor (HVA) y sistemas de alto impacto a los Estándares Federales de Procesamiento de Información (FIPS) aprobados por el NIST, los cuales son inmunes a ataques de ordenadores cuánticos y clásicos.
La orden de Trump indica que las agencias del gobierno deberán identificar a sus líderes y estructurar planes de acción inmediatos.
También fija el 31 de diciembre de 2030 como la fecha límite para completar la transición en lo que respecta al establecimiento de claves criptográficas, y el 31 de diciembre de 2031 para la actualización de las firmas digitales, cerrando la ventana de vulnerabilidad ante el espionaje extranjero.
La urgencia de la transición criptográfica ordenada por el segundo decreto responde a una vulnerabilidad matemática fundamental: el algoritmo de Shor.
Este algoritmo teórico demuestra que un ordenador cuántico lo suficientemente potente puede resolver los problemas de factorización de enteros y logaritmos discretos en los que se basan casi todos los sistemas de clave pública actuales, como RSA y ECC —además de Bitcoin—, los cuales protegen el comercio electrónico, las comunicaciones diplomáticas y las redes militares.
El riesgo no es futuro; es presente debido a la estrategia de interceptación masiva de datos cifrados para su posterior descifrado. Es decir, la información robada hoy será legible en unos años si no se cambia la infraestructura subyacente de inmediato.

3. Nuevas regulaciones y exigencias para contratistas del gobierno
En sus decretos, Trump ordena al Consejo de la Regulación de Adquisiciones Federales (FAR Council) modificar las normas de contratación pública. Para el 31 de diciembre de 2030, cualquier contratista cubierto por el gobierno deberá cumplir obligatoriamente con los algoritmos de encriptación post-cuántica y actualizar sus programas de divulgación de vulnerabilidades para reportar fallas criptográficas.
Esto transforma la seguridad cuántica de una recomendación de buenas prácticas a un requisito de cumplimiento legal punitivo: cualquier empresa aeroespacial, proveedora de servicios en la nube o desarrolladora de software que no actualice su arquitectura quedará fuera del mercado de compras del sector público, el más grande del mundo.
Asimismo, los proveedores de software y hardware deberán implementar políticas de divulgación de vulnerabilidades que incluyan explícitamente auditorías de fallas criptográficas.
Paralelamente, se instruye al Departamento de Comercio y al de Energía a analizar minuciosamente las cadenas de suministro globales para eliminar cuellos de botella en la fabricación local e impedir que naciones adversarias intercepten componentes críticos, como helio-3 (esencial para la refrigeración a temperaturas cercanas al cero absoluto), láseres de alta precisión y materiales semiconductores purificados, buscando relocalizar la fabricación en suelo estadounidense.
4. Bloques de alianza geopolítica y la estrategia «Pax Silica»
En su orden ejecutiva, Trump insta al Departamento de Estado y al de Comercio asegurar que las empresas estadounidenses tengan acceso a mercados estratégicos y capitales de «países afines», mencionando iniciativas como Pax Silica, la cual nació en 2025 para crear una cadena de suministro global segura para la IA y otras tecnologías avanzadas.
Esta diplomacia tecnológica opera bajo una doble lógica. Por un lado, abre canales preferenciales de financiación y acceso a mercados para que las empresas cuánticas estadounidenses vendan sus soluciones en países aliados, contrarrestando la penetración comercial de competidores estatales. Por el otro, establece una política agresiva de denegación tecnológica.
Al armonizar los controles de exportación y las reglas de revisión de inversiones extranjeras directas, la Casa Blanca busca crear un embargo técnico coordinado. Esto impedirá que capitales de «países de interés» compren empresas emergentes de computación cuántica en Occidente o adquieran patentes clave, cerrando las grietas por las cuales las potencias rivales aceleran sus propios programas militares cuánticos.
5. Reestructuración laboral y el despliegue de contrainteligencia del FBI
Para sostener esta infraestructura, Trump, por medio de sus órdenes ejecutivas, exige crear una estrategia gubernamental de reclutamiento y retención para expertos en ciencias cuánticas (QIST), abriendo la puerta a salarios especiales y bonos.
Con esto, el gobierno federal queda facultado para explorar compensaciones competitivas en la escala civil y ofrecer paquetes salariales, tarifas especiales y bonos de retención equiparables a los de las grandes corporaciones tecnológicas de Silicon Valley.
La meta es atraer a los mejores cerebros del ámbito académico y privado directamente a los laboratorios de seguridad nacional. De forma complementaria, la NSF financiará la red de Institutos Nacionales de Desarrollo de la Fuerza Laboral de QIST para crear programas de formación técnica rápida.
En paralelo, se ordena la expansión del Equipo de Protección de Contrainteligencia en Ciencia y Tecnología de la Información Cuántica (QCPT), liderado por el FBI, para blindar a la industria y la academia de ciberataques o espionaje extranjero.
Esto implica un despliegue operativo dentro del tejido académico e industrial. Este equipo especializado no solo investigará intrusiones; implementará guías de seguridad en universidades y laboratorios privados que manejen fondos federales.
Además, el QCPT supervisará de cerca las publicaciones científicas conjuntas, los visados de investigadores extranjeros y los sistemas de ciberseguridad corporativos, operando como un escudo policial continuo frente al robo de propiedad intelectual y los ciberataques dirigidos.
¿Qué esperar de la computación cuántica por las órdenes ejecutivas de Trump?
La firma de estas órdenes ejecutivas confirma que la computación cuántica ya no es un asunto puramente teórico de los laboratorios de física para convertirse en una prioridad de Estado absoluta en la agenda de Donald Trump.
Al igual que ocurriera con las directivas previas enfocadas en Inteligencia Artificial (IA) y el ecosistema de bitcoin (BTC) y las criptomonedas, la administración aborda la tecnología desde un prisma de competencia económica y supremacía defensiva: la premisa es que quien domine la cuántica primero definirá las reglas del comercio y la seguridad global durante el próximo medio siglo.
En los meses venideros se pudiera esperar actividad burocrática y regulatoria, empezando por la publicación de los inventarios criptográficos de las agencias federales y las especificaciones técnicas del proyecto QC-ADDS en menos de 90 días.
A mediano plazo, el impacto más fuerte lo podría sentir el sector corporativo y los aliados internacionales, quienes se verían obligados a acelerar sus propias inversiones en tecnologías criptográficas seguras si desean seguir haciendo negocios con la economía estadounidense.
En efecto, la carrera por la supremacía cuántica ya está formalmente en su fase operativa y comercial más agresiva.









