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La federación liberó 3.996 BTC provenientes de L-BTC creado de la nada.
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El colateral cayó a 4,7% de cobertura y Blockstream pausó la red.
Las sidechains no son Bitcoin. Nunca lo han sido. Se publicitan como extensiones que le añaden a Bitcoin lo que “le falta” —velocidad, confidencialidad, emisión de activos—, pero por debajo del folleto se parecen mucho más a un banco o a una fintech centralizada que a la red que dicen prolongar. El robo de casi 4.000 BTC a Liquid Network y el corralito que vino después lo dejan a la vista.
El 6 de septiembre de 2026, la cadena lateral operada por Blockstream liberó 3.996 BTC —unos 320 millones de dólares al precio de esos días— desde la wallet de su federación hacia una dirección de Bitcoin. La operación entró por SideSwap, plataforma autorizada para procesar salidas del peg, con una clave de autorización que estaba en la lista blanca de la federación. Veintitrés minutos bastaron para aprobar el cambio de L-BTC a bitcoin. Cuando terminó, según reportó CriptoNoticias, la reserva de Liquid que sirve de colateral para su moneda había pasado de unos 4.200 BTC a apenas 197. El 95% de los fondos que respaldaban la red salió por la puerta principal, con todas las firmas en regla.
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