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"Considero que el principal problema radica en la transición", dice Buterin.
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El desarrollador opina que "la probabilidad de fallos reales en hashes o en el PoW es mínima".
El inversor Liron Shapira proyectó que el precio de bitcoin (BTC) podría sufrir una caída superior al 50% en los próximos dos años.
Este 6 de septiembre, a través de una publicación en la red social X, Shapira atribuyó esta posible corrección a la inteligencia artificial (IA), al estimar con un 50% de confianza que los avances de esta tecnología socavarían las garantías de seguridad y robustez que el mercado percibe en la actualidad.
Vitalik Buterin, cocreador de Ethereum, respondió a esta predicción asegurando que se encuentra en la posición opuesta.
Buterin afirmó ser «bastante optimista» sobre el futuro de la ciberseguridad a largo plazo. Según su análisis, la red Bitcoin tiene la capacidad de manejar adecuadamente aquellos incidentes que no requieran un amplio consenso social para su resolución. Como ejemplo de estos eventos solucionables, mencionó la actualización de software de los clientes y de los pools de minería para enfrentar hackeos enfocados en la capa de red.
Este intercambio se produce en un escenario donde la participación de la IA en ataques informáticos ya ha dejado rastros medibles en la industria.
Tal como reportó CriptoNoticias en agosto, el uso de estas herramientas ha permitido que atacantes sin gran experiencia técnica logren vulnerar servicios del ecosistema.
Incidentes recientes, como el cese definitivo de la plataforma LNP2Pbot o la vulnerabilidad encontrada en las wallets Coldcard o el hackeo a Liquid, evidencian cómo la IA abarató y facilitó la búsqueda de brechas de seguridad. En este contexto, la firma Blockaid documentó un aumento del 240% en incidentes de seguridad durante el primer semestre de 2026 en comparación con todo el año 2025.
Pese a que la cantidad de ataques periféricos experimentó una aceleración, Buterin considera que el núcleo de la red Bitcoin se mantiene firme.
El desarrollador catalogó como «mínima» la probabilidad de que se produzcan rupturas reales en las funciones criptográficas (hashes) o en el sistema de prueba de trabajo (PoW, por sus siglas en inglés) que sostienen a Bitcoin.
Su nivel de convicción respecto a esta premisa es tal que afirmó que cerca del 90% de su patrimonio neto ya actúa, en la práctica, como una apuesta a favor de la resistencia tecnológica frente a estas amenazas, asumiendo que el riesgo proyectado por Shapira aplicaría de igual manera a Ethereum.

Aunque la proliferación de herramientas de IA aceleró el hallazgo de vulnerabilidades en servicios de terceros, repositorios de código abierto y aplicaciones vinculadas, la estructura principal del protocolo conserva —de acuerdo con la opinión de Buterin— sus defensas operativas intactas.
A corto plazo, el desafío de seguridad no reside en una falla inminente del código base de Bitcoin, sino en la capacidad de los mantenedores de plataformas periféricas para reaccionar y aplicar parches defensivos ante un volumen de ataques potenciados por la automatización.








