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Estos bonos perdieron valor debido a tasas de interés bajas e inflación en la última década.
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En lugar de acumular más deuda, los bancos centrales comenzaron a comprar toneladas de oro.
Durante décadas, los bonos del Tesoro de Estados Unidos estuvieron entre los principales destinos para las reservas de los bancos centrales extranjeros. La lógica parecía difícil de cuestionar: se trataba de un mercado profundo y líquido, respaldado por la principal potencia económica mundial y denominado en la moneda de reserva global. Sin embargo, algo cambió.
Estados Unidos continuó emitiendo deuda a un ritmo extraordinario, pero los bancos centrales extranjeros dejaron de incrementar sus posiciones en los llamados “Treasuries” a la misma velocidad. Al mismo tiempo, comenzaron a acumular otro activo: oro.
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