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Para quien aguantó varios momentos bajistas, perder sus BTC resulta especialmente doloroso.
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Hubo quienes llegaron a perder 2, 4, 5 bitcoin en el robo de las wallet Coldcard.
Hay una imagen que no he podido sacarme de la cabeza desde que se conoció el caso Coldcard. No sé quién es esa persona. Quizá ni siquiera exista. Pero podría ser cualquiera, en realidad. Y coincide con mi llegada al mundo Bitcoin.
Visualicemos a una persona, pongámosle nombre: Fabián. Recién entrado a Bitcoin, muy entusiasmado con lo que la criptomoneda le ofrecía en términos de soberanía financiera y además enamorado de las perspectivas de inversión a largo plazo que esta le ofrecía.
Tras educarse hasta cierto nivel, entendió que si quería tomarse en serio acumular y guardar bitcoin (BTC) a largo plazo, la única vía era la autocustodia. Y compró una Coldcard Mk3 en 2019. Recién salida al mercado, una de las top para la fecha.
En aquel momento era una de las wallets de hardware más respetadas dentro del ecosistema Bitcoin. La compró por la misma razón que miles de personas: quería sacar sus BTC de un exchange, ser dueño de sus llaves privadas, eliminar intermediarios. Configuró el dispositivo, anotó cuidadosamente su frase semilla y comenzó a guardar allí lo que iba comprando poco a poco.
Pasó un año. Luego otro. Llegó 2021 y bitcoin alcanzó un nuevo máximo histórico. Pudo vender, pero no lo hizo. Estaba convencido de que la mejor opción era guardar de manera indefinida sus monedas.
Para ese momento, ya había logrado tener más de 2 bitcoin, gracias al crash ocasionado por la pandemia. En lugar de vender lo que tenía en ese punto, compró todo lo que pudo. Había invertido hasta ese entonces unos 10.000 dólares.
Después llegó la recuperación, un nuevo mercado alcista y el total en su wallet llegó a reflejar 60.000, 80.000, más de 120.000 dólares en esos 2 BTC. Y en el máximo pico, más de un cuarto de millón de dólares.

Haciéndolo «todo bien»
Pero la historia de Fabián no fue la de un rápido ascenso a la riqueza. Como muchos otros, su camino estuvo lleno de altos y bajos, obstáculos que sortear. Y sobre todo: mucha paciencia y fortaleza.
Vio ante sus ojos el funcionamiento de los ciclos de mercado. Lo que durante meses parecía una subida imparable comenzó a revertirse. Bitcoin perdió valor, primero de manera gradual y luego con una violencia que muchos participantes del mercado ya habían vivido antes, pero que siempre resulta difícil de soportar cuando vuelve a ocurrir.
Aquellos 120.000 dólares comenzaron a reducirse. Después fueron 80.000. Luego 60.000. La pantalla que durante meses había mostrado una ganancia extraordinaria ahora mostraba una realidad mucho menos agradable.
Pero el precio no fue lo único que cambió durante ese periodo.
Mientras Bitcoin caía, también empezó a fracturarse la confianza en varias de las empresas que habían construido su negocio alrededor del crecimiento del mercado. Celsius suspendió los retiros de sus usuarios. Voyager terminó declarando su quiebra. BlockFi siguió el mismo camino. Y después llegó FTX, uno de los episodios más catastróficos en la corta pero nutrida historia de esta industria.
Para muchos usuarios, esos eventos fueron una confirmación dolorosa de una idea que la comunidad bitcoiner llevaba años repitiendo: no importa cuánto confíes en una empresa, si no tienes las llaves privadas, no tienes el control absoluto sobre tus monedas. Fabián había tomado esa decisión años antes. Hasta ahí, todo bien.
Sus fondos no estaban en un exchange. No dependían de los balances de una compañía, de sus administradores ni de sus controles internos. No tenía que preguntarse si algún día podría retirar sus fondos. Estaban en su Coldcard.
Todo hasta ese punto había ocurrido como lo previó: bitcoin, con todo y las caídas, seguía valiendo más que cuando compró; sus monedas seguían intactas y él tenía el control.

Dinero para construir un futuro
Para Fabián, sin embargo, esos números nunca fueron solo datos en una pantalla. Cada satoshi acumulado representaba una posibilidad. La idea de que, después de años trabajando, ahorrando y tomando decisiones difíciles, podía construir algo que no dependiera completamente de las reglas de otros. Estaba construyendo su propio futuro.
Quizá no pensaba en vender todo cuando llegara a un monto específico en un año en particular. Pero sí tenía sueños concretos.
Tal vez quería comprar una casa sin asumir una deuda que lo persiguiera por décadas. O simplemente buscaba darle mayor tranquilidad a su familia. Puede que imaginara fundar un proyecto propio, abandonar un trabajo que no disfrutaba. Opciones las había infinitas.
Porque para muchas personas que llegaron a Bitcoin, la acumulación nunca fue solamente una apuesta por un activo cuyo precio podía subir. Era una apuesta por una vida diferente.
Y Fabián llevaba siete años construyendo esa posibilidad. Hasta que llegó el 31 de julio de 2026. Él perdió 2, pero hubo quienes perdieron 4, 5, 10, 15 bitcoin.

El precio no fue el enemigo
Lo que finalmente comprometió sus bitcoin no estaba relacionado con el precio, con un exchange o con una empresa que había decidido administrar mal los fondos de sus clientes. Ni siquiera él cometió un error enviando los fondos al lugar equivocado o siendo víctima de ingeniería social.
Ese día descubrió un riesgo que no había tomado en cuenta y que, paradójicamente, fue introducido desde el momento en que generó su wallet en el dispositivo Coldcard que compró tantos años antes.
Hay algo particularmente incómodo en una historia como la de Fabián (que es la de cientos o miles de afectados): Habla de alguien que siguió las recomendaciones. Pero no bastó. Porque la autocustodia es fundamental para Bitcoin, pero nunca significó eliminar todos los riesgos, sino cambiar unos por otros.
Cuando Fabián sacó sus bitcoin de un exchange dejó de depender de una empresa. Pero, al mismo tiempo, empezó a depender de una infraestructura tecnológica que la mayoría de los usuarios no observa: código, firmware, entropía.
Para la mayoría de las personas, una hardware wallet parece algo sencillo. Un dispositivo pequeño, con pocos botones, donde se guardan unas palabras que permiten recuperar los fondos. Pero detrás de esa experiencia hay una enorme cantidad de procesos técnicos que deben funcionar correctamente.
Y basta con que uno falle para que todo lo demás deje de importar.
Descargo de responsabilidad: Los puntos de vista y opiniones expresadas en este artículo pertenecen a su autor y no necesariamente reflejan aquellas de CriptoNoticias. La opinión del autor es a título informativo y en ninguna circunstancia constituye una recomendación de inversión ni asesoría financiera.








