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Si bien a nivel monetario no tiene tanta significación, este hackeo golpeó el ethos bitcoiner.
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El precio de BTC no se ha visto influenciado por este acontecimiento con Coldcard.
El golpe a los usuarios de las wallets de bitcoin (BTC) Coldcard reabrió un debate incómodo pero necesario dentro de la comunidad. ¿Estamos ante el evento trágico más grande jamás registrado para el ecosistema?
Yo soy de los que piensa que sí. Pero es un sí matizado, que no depende de caídas de precio, sino de algo más profundo. Del propio ethos bitcoiner que hoy está golpeado.
Para dimensionar el suceso, es indispensable revisar los casos de hackeos pasados. Destacan ejemplos como la extracción de 850.000 bitcoin en Mt. Gox en 2014. Una fuga que fue equivalente a 450 millones de dólares en ese momento y hoy por hoy escala a los 50.000 millones de dólares.
Otro caso emblemático es el hackeo a Bitfinex en 2016, cuyo hackeo ascendió a 119.756 BTC. En aquél entonces, una fuga de aproximadamente 72 millones de dólares. Hoy, una fortuna de 7.100 millones de dólares.
En comparación con todos esos eventos, el volumen perdido en Coldcard —de 2.000 BTC, equivalentes a unos 110 millones de dólares, en promedio— resulta numéricamente insignificante.
Por eso, el «cisne negro» de este mercado bajista no se mide en números o pérdidas. Y mucho menos lo hace en base a caídas de precio de bitcoin o del mercado en general.
Generalmente, cada ciclo bajista del mercado tiene su propio evento catastrófico, pero en este caso la cotización de la moneda digital ha mostrado una notable indiferencia frente a lo acontecido.
Es que bitcoin ya tenía cotizando por debajo del 50% respecto a su máximo histórico de 126.000 dólares desde hace más de un mes. Incluso, analistas técnicos como Jack Garzón afirman que este comportamiento implicaría que el fin del mercado bajista de bitcoin ya podría estar llegando a su fin.
Veamos el —nulo— impacto en gráficas. Tras la primera ola de drenaje de wallets de Coldcard, el 31 de julio, hasta este jueves 6 de agosto, el precio de BTC ha subido un 0,26%. Aunque con clara volatilidad, un camino ascendente que parece denotar total indiferencia en el mercado ante los miles de BTC robados.

¿El por qué? Fácil: el mercado reconoce que el protocolo Bitcoin se mantiene intacto, inmaculado y que la falla se limitó estrictamente al hardware del fabricante, que no es un «big player» tampoco.
Un impacto fuera de lo común, de lo acostumbrado
Así las cosas, no tiene sentido intentar medir este cisne negro en base a cuánto dinero se perdió. Hay que hacerlo en base a cuán impactados quedaron los cimientos de algunos principios bitcoiners, como aquel: «no son tus llaves, no son tus monedas».
Este incidente no se dio en un exchange, en una plataforma centralizada, ni siquiera fue un hackeo en el terreno de las finanzas descentralizadas (DeFi), donde es común ver este tipo de escenarios.
Lo que pasó con Coldcard se dió en una herramienta diseñada específicamente para la autocustodia. En un sitio donde los usuarios sentían la confianza de tener control sobre sus fondos por mantener ellos mismos sus propias frases semilla.
Confiaron en que los sistemas de la empresa canadiense bastarían para tener una «caja fuerte» digital que estaría merced de ellos.
Pero no contaron que un «error humano» en los sistemas de Coldcard —como lo llama el educador financiero venezolano Alexis Lugo— bastó y sobró para permitir una vulneración que llegó en el 2021 —sí, hace 5 años— y que finalmente hoy, con apoyo de la inteligencia artificial (IA), resultó en un exploit que ha dejado más de 7.000 direcciones de Bitcoin vulneradas, según cálculos de la firma Galaxy Research.
Ante este escenario, parece lógico el consejo que ya dio el asesor venezolano y director de la Academia Blockchain, Trading y Cripto (BT&C) de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), Aníbal Garrido, quien llamaa dejar de confiar en los dispositivos y en las marcas que facilitan el ejercicio de la autocustodia, y proceder a verificarlas. Para él, mantener las monedas conlleva riesgos y escenarios que deben asumirse con responsabilidad si el objetivo real es mantener la soberanía de los fondos.
La vulneración a Coldcard y su perjuicio sobre los usuarios abre una conversación clave que hay que tener lo más pronto posible. Y es sobre los riesgos de la IA frente a la soberanía individual.
Es cierto que la red Bitcoin continúa procesando bloques de manera ininterrumpida, pero la industria enfrenta ahora el desafío de demostrar si la autocustodia puede evolucionar hacia estándares más robustos en medio de un universo digital automatizado, o si este tropiezo impulsará a la mayoría de los usuarios a optar por dejar la custodia de los fondos a un ente tercerizado y, en consecuencia, renunciar a su soberanía financiera.
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