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El hashrate cayó un 36% entre el 25 de mayo y el 3 de junio, impulsando la dificultad a la baja.
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La dificultad de la red descendió a niveles no vistos desde julio de 2025.
La dificultad de minería de Bitcoin registró el 14 de junio una caída del 10,09% en el bloque 953.568, la segunda mayor reducción del año, aliviando la competencia dentro de la red y mejorando las condiciones para los mineros que permanecieron activos.
Como consecuencia, el hashprice, la métrica que estima los ingresos diarios por unidad de poder computacional aportada, rebotó un 25,9% desde los 27 dólares por petahash por día (USD/PH/día) desde el 5 de junio hasta los 34 USD/PH/día del 15 de junio tras el ajuste, según datos de Hashrate Index.
Adicionalmente, un repunte del precio de bitcoin (BTC) favoreció la recuperación del hashprice, ya que el 5 de junio BTC había descendido a la zona de los USD 59.000, para luego subir a un máximo de USD 67.000 el 15 de junio. Al momento de esta redacción, con bitcoin cotizando por encima de los USD 62.000, el hashprice se mantiene cerca de los 32 USD/PH/día.

El hashprice funciona como un termómetro de los ingresos esperados para los mineros. Un hashprice más alto implica mayor facturación por el mismo trabajo, mientras que uno más bajo significa márgenes más ajustados o directamente pérdidas para los equipos menos eficientes. Esta métrica considera el precio de BTC, la dificultad, el subsidio de bloque (3,125 BTC) y las comisiones de las transacciones.
La salida de mineros contrajo el hashrate y redujo la dificultad
La salida de equipos menos eficientes producto de la caída de las rentabilidades tuvo una consecuencia directa sobre el hashrate de la red. El poder computacional total de Bitcoin cayó desde los 1.100 EH/s (exahashes por segundo) registrados el 25 de mayo hasta la zona de los 700 EH/s el 3 de junio, una contracción del 36,4% en apenas nueve días.

Esa reducción del hashrate redujo automáticamente el ajuste de dificultad del protocolo Bitcoin, un parámetro que la red recalibra cada 2.016 bloques, aproximadamente cada dos semanas, para mantener un ritmo de producción cercano a un bloque cada diez minutos. Cuando el hashrate cae, la dificultad baja para compensar; cuando sube, sube con él. El ajuste del 14 de junio redujo la dificultad desde los ~139 billones (Trillions en inglés) hasta los 124,93 billones, su nivel más bajo desde julio de 2025.
El efecto práctico para los mineros que se mantuvieron operativos es concreto: con menos dificultad, cada unidad de poder computacional necesita realizar menos trabajo para encontrar bloques y obtener recompensas. Eso se traduce directamente en un hashprice más alto.
El alivio puede ser breve: el próximo ajuste proyecta un alza del 5%
Tras la contracción del hashrate de Bitcoin a principios de junio, el poder computacional de la red volvió a la zona de los 1.000 EH/s, lo que anticipa un ajuste de dificultad al alza. El próximo reajuste está previsto para dentro de unos siete días y se proyecta con un incremento de casi el 5%, lo que moderaría parte de la mejora en el hashprice que los mineros activos consiguieron tras el ajuste anterior del 14 de junio.

Esa dinámica es la lógica intrínseca del protocolo: cuando el hashprice mejora y atrae más poder computacional (más mineros queriendo aprovechar esa mejora en la competencia y rentabilidad), la dificultad sube y recorta los márgenes; cuando los márgenes se deterioran, los equipos menos eficientes se retiran, el hashrate cae y la dificultad vuelve a bajar. El ciclo se repite cada dos semanas.








