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La firma Ecoanalítica prevé apagones recurrentes en el país durante los próximos cinco años.
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El alza de la tasa de hash nacional ocurre bajo una prohibición total y conexiones ilícitas.
La firma consultora Ecoanalítica proyecta que las deficiencias del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) de Venezuela y los episodios de racionamiento se mantendrán de forma recurrente durante los próximos cinco años, consolidándose como una restricción estructural para el país.
De acuerdo con un informe de la empresa reseñado por Infobae el 7 de octubre de 2026, la oferta eléctrica venezolana difícilmente supera los 13.000 megavatios (MW) en momentos de máxima disponibilidad, mientras que la demanda ya ha sobrepasado los 15.000 MW, generando un déficit que actúa como el principal cuello de botella para cualquier intento de reactivación económica.
El diagnóstico de la consultora detalla que el parque termoeléctrico nacional opera por debajo del 15% de su potencial tras años de desinversión, lo que traslada la exigencia a la generación hidroeléctrica del complejo Guri.
Esta instalación funciona actualmente al 60% de su capacidad y mantiene siete de sus 20 turbinas fuera de servicio.
Según el reporte, la reciente salida de emergencia de la Unidad 17 mantendrá inoperativa una turbina de 770 MW por al menos dos años, lo que limita el flujo de agua hacia las centrales de Caruachi y Macagua, generando una pérdida combinada de 1.200 MW en el Bajo Caroní.

Las interrupciones diarias alcanzan de seis a ocho horas en zonas como Zulia y Los Andes, afectando a más del 98% de los hogares y comercios, e incluso ya impactan al 82% de los usuarios en Caracas.
Este sombrío panorama energético contrasta con las estadísticas sobre la minería de Bitcoin en el país.
Datos de Hashrate Index al cierre del tercer trimestre de 2026, reportados previamente por CriptoNoticias, indican que Venezuela aumentó su tasa de hash en un 122% interanual, sumando 4 exahashes por segundo (EH/s) solo en el último trimestre para alcanzar un total aproximado de 10 EH/s.
Este volumen ubica al mercado venezolano por encima de jurisdicciones como Laos o Finlandia, a pesar de que la actividad se desarrolla bajo una prohibición total vigente desde mediados de 2024.
El incremento del poder de cómputo en el territorio venezolano no responde a una mejora en el suministro formal del SEN.
Con un hashprice global presionado, que osciló en torno a los 40 dólares por petahash diario a fines de septiembre, los operadores buscan electricidad de bajo costo para mantener los márgenes de rentabilidad de sus equipos.
Informes de este medio resaltan que algunos mineros logran este objetivo a través de conexiones informales o ilegales a la red, como evidenciaron los desmantelamientos de instalaciones clandestinas en San Félix y Aragua durante el mes de mayo.
Otra vía documentada consiste en ubicar centros de datos mineros cerca de las fuentes de generación para consumir energía que no logra transportarse por la red debido a las deficiencias y pérdidas en el sistema de distribución.
Aunque el ministro de Energía Eléctrica, Rolando Alcalá, anunció la incorporación de 1.300 MW al sistema para el último trimestre del año mediante acuerdos con empresas transnacionales, la Confederación Venezolana de Industriales (Conindustria) reveló que durante el segundo trimestre de 2026 las empresas reportaron un incremento del 68% en las horas laborales sin suministro eléctrico en comparación con el primer trimestre.
La coexistencia de una red eléctrica severamente limitada y el avance de la minería de Bitcoin plantea obstáculos directos para el desarrollo de la industria en el país.
Ante la expectativa de racionamiento estructurado por un lustro, resulta altamente improbable que las autoridades contemplen una legalización de la minería de criptomonedas en el corto plazo, ya que el Estado no logra garantizar la energía necesaria para la población y el sector industrial.
A su vez, la propia falta de suministro eléctrico constante amenaza con convertirse en una barrera operativa ineludible para la actividad minera local, la cual requiere de energía ininterrumpida para ser rentable, condicionando severamente la sostenibilidad de este crecimiento informal.











