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“La tokenización no busca convertir activos venezolanos en criptomonedas”, dicen especialistas.
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Alexis Lugo, profesor, afirma que todavía “falta mucho” para la tokenización masiva en Venezuela.
Un reciente informe publicado por la plataforma Bitfinex Securities encendió el debate sobre el futuro financiero de Venezuela al proponer que la tokenización de sus recursos naturales —como el petróleo, el gas y la minería de oro— podría ser la clave para la recuperación económica del país.
La investigación plantea que la emisión de activos digitales respaldados por estos sectores permitiría captar capital global a corto plazo sin esperar reformas estructurales del sistema financiero tradicional.
El capítulo venezolano del Informe de Inclusión de Mercado de Bitfinex Securities sostiene que hay un «consenso sobre el papel de los activos productivos existentes del país, en particular el sector petrolero, como punto de entrada natural para una estrategia de tokenización escalable».
Según la empresa, este mecanismo «podría impulsar la movilización de capital a corto plazo mediante el aprovechamiento de sus activos productivos existentes».
La propuesta no sugiere tokenizar el petróleo físico directamente, sino los derechos sobre flujos económicos futuros. Es decir, los derechos contractuales y económicos derivados de la comercialización futura del crudo.
En términos prácticos, significa que el inversor no compra la propiedad del hidrocarburo físico que está bajo el subsuelo, sino un certificado digital (o token) que le garantiza recibir un porcentaje de las ganancias o de los flujos de dinero que genere la producción y venta de ese lote de petróleo a lo largo del tiempo.
Jorge Jraissati, presidente del Economic Inclusion Group, señaló en el documento que la oportunidad radica en tokenizar los flujos económicos vinculados a activos productivos —por ejemplo, derechos a futuros ingresos de proyectos petroleros, gasíferos y mineros— «que podrían ayudar a movilizar capital sin esperar una reconstrucción completa del sistema financiero tradicional».
Según Jraissati, «la principal oportunidad no reside en convertir petróleo o minerales en criptomonedas, sino en desplegar la tokenización como una nueva infraestructura para financiar, registrar, fraccionar, auditar y negociar activos productivos de forma más eficiente».
Para ahondar más en el tema de la tokenización y su posible impacto en la recuperación económica de Venezuela, CriptoNoticias conversó con tres especialistas en la materia.
Para los entusiastas, el país caribeño ciertamente ofrece oportunidades claras para el desarrollo de los RWA. No obstante, afirman que la claridad regulatoria y la seguridad jurídica son parte de las aristas que todavía se deben resolver antes de siquiera pensar en el primer token inspirado en la extracción de crudo en el estado Zulia.
«Venezuela puede recuperar su poderío con tokenización»
Jean Carlos Núñez, fundador de la compañía peruana dedicada a la tokenización, InverBlocks, observa un potencial transformador para el país y coincide con el optimismo del reporte.
«Venezuela podría recuperar parte de su poderío económico gracias a la tokenización, porque no se limitaría a la inversión interna, sino que atraería capital extranjero masivo», asegura Núñez.
Núñez extendió el panorama de la tokenización en Venezuela más allá del petróleo: hasta el mercado ambiental. «El Estado podría declarar ciertas áreas de selva o bosque como protegidas y empezar a tokenizarlas. Esos árboles empezarían a generar un ingreso constante para la entidad o empresa que los gestione», ejemplifica.
Para el fundador de InverBlocks, el impacto en la economía real y en el factor humano es indiscutible, definiendo la tecnología como una manera acelerada de inyectar liquidez.
«Si en el mercado tradicional la economía venezolana tardaría 10 años en recuperarse, con una tokenización bien estructurada podría lograrlo en 5 años», afirma, para seguidamente sentenciar que «si el sector se reactiva y se incentiva formalmente la tokenización, más del 50% de la recuperación económica de Venezuela podría ser gracias a ella».
Frente a la parálisis institucional que ha pesado sobre la Superintendencia Nacional de Criptoactivos (Sunacrip), Núñez argumenta que el dinamismo privado debe liderar el cambio: «En el ecosistema cripto, la historia nos demuestra que el usuario siempre va primero y el gobierno llega después».
Sostiene así que «si mañana un empresario se anima y tokeniza su cadena de hoteles, otro tokeniza sus hectáreas agrícolas y otro sus créditos de carbono, el ecosistema empezará a inyectar tanto capital de forma palpable que el gobierno se verá forzado a generar las leyes correctas para regularlo de manera eficiente. El movimiento real nace desde las bases, desde el usuario y el negocio».

Manuel Arias: la tokenización resuelve dos problemas en uno
Por su parte, Manuel Arias, CEO de R3al Blocks, otra empresa dedicada a la tokenización pero con sede en Argentina, defiende firmemente la viabilidad de ejecutar estos proyectos en la región.
«Estoy convencido de que sí se puede, no solo en Venezuela sino en toda Latinoamérica», aseveró Arias, explicando que la tecnología de los RWA viene a cumplir una función dual en mercados emergentes.
Mientras que en el llamado primer mundo el beneficio es principalmente transaccional, «en Latinoamérica, la tecnología viene a hacer un ‘dos por uno’. Resuelve los problemas de eficiencia del back office, pero además viene a fomentar el mercado de capitales donde hay una ausencia histórica de inversión y crédito».
Arias argumenta que el desarrollo tecnológico y el mercado tradicional «tienen que ir en paralelo». Como lo ve, «la nueva tecnología simplifica los procesos del mercado tradicional, por lo que el marco regulatorio debe acompañar este desarrollo».
Para asegurar el éxito de cualquier iniciativa, Arias aplica el concepto del «Triángulo de la Tokenización», donde las aristas legal, económica y tecnológica deben funcionar a la perfección.
Al contrastar este modelo con la postura de José Grasso Vecchio, presidente de la Bolsa de Valores de Caracas (BVC) y quien dice que cualquier instrumento tokenizado construido sobre activos venezolanos debe ser verificable, robusto en cumplimiento y con tecnología eficiente, el CEO de R3al Blocks manifiesta estar de acuerdo porque, en sus palabras, «todas las piezas tienen que funcionar en conjunto para que el modelo sea realmente escalable».
Mirando hacia el futuro, ratifica el interés de su empresa en el escenario local: «Desembarcar en un país como Venezuela, con tantos recursos naturales y posibilidades de crecimiento, encaja perfectamente en nuestros planes. Nos encantaría llevar herramientas para acompañar ese desarrollo».
Concluye destacando la necesidad de potenciar el mercado de capitales «para que las ganancias no se queden solo en las grandes corporaciones, sino que el ciudadano de a pie pueda invertir y apalancarse en la infraestructura nacional. Es un círculo virtuoso, pero requiere seguridad jurídica y reglas claras».
Esto se ha visto, vale decir, en la BVC, el principal parqué venezolano en donde la mayoría de las grandes empresas cotizan. CriptoNoticias ha reportado que esa institución ha llevado adelante iniciativas educacionales acerca de las criptomonedas, denotando una clara cercanía entre el buró caraqueño y la tecnología descentralizada.

Falta mucho trabajo para hablar de tokenización a gran escala
A pesar del optimismo institucional, la aplicación práctica de estos instrumentos financieros en el contexto venezolano enfrenta duras críticas. Alexis Lugo, profesor y especialista en la materia, refuta la premisa de que la solución económica nacional dependa de esta tecnología.
«No concuerdo con la matriz de opinión de que la recuperación de Venezuela pasa necesariamente por la tokenización», afirma Lugo de forma tajante, añadiendo que «para pensar en tokenización a gran escala todavía falta mucho trabajo, inversión y maduración» en el mercado local.
Uno de los principales obstáculos que identifica Lugo radica en la legislación y la propiedad de los recursos, los cuales constitucionalmente pertenecen al Estado venezolano. El especialista explica que «es mucho más factible tokenizar la infraestructura que el recurso natural, porque no puedes tokenizar algo sobre lo que no tienes control».
En sus experiencias previas con proyectos locales, relata que «la tokenización de estos rubros se considera un tema de carácter estratégico de la nación y el avance se detiene», por lo que en el sector público «se terminarían tokenizando las empresas o los activos dentro de las compañías que operan esos rubros, pero no el recurso natural en sí».
Respecto al marco legal, Lugo precisa que «existe una regulación en Venezuela que contempla varios aspectos sobre el uso de activos digitales y sus modelos de negocio, pero no hay nada que hable específicamente de tokenización más allá de una definición conceptual dentro de la legislación», destacando que «ambos procesos deben ir a la par» debido a que «no se puede legislar sobre algo si no se sabe cómo funciona».
Al abordar el reto de la transparencia, especialmente en áreas como el Arco Minero del Orinoco, donde organizaciones civiles como Transparencia Venezuela han denunciado opacidad y corrupción, Lugo se muestra escéptico ante la infalibilidad tecnológica: «Es un reto muy difícil. Para erradicarlo por completo, casi que necesitarías a alguien con una cámara conectada a internet las 24 horas del día mostrando el oro real sobre una balanza gigante».
El académico recuerda que «este ecosistema parte de la confianza» en firmas auditoras tradicionales como KPMG o Deloitte y concluyó que «en la tokenización de oro compras el certificado, pero no estás viendo el metal. La única forma de estar 100% seguro de que tienes oro es tenerlo físicamente en la mano».

La tokenización como acelerador financiero
La confluencia de opiniones entre los especialistas locales e internacionales deja claro que la tokenización de activos no debe entenderse como una solución mágica aislada, sino como un poderoso catalizador de la economía real.
Cuando se analiza bajo el prisma de la complementariedad, esta tecnología ofrece una infraestructura nativa digital capaz de dinamizar el mercado de capitales tradicional, democratizar el acceso a la inversión para los ciudadanos minoristas y sortear las severas limitaciones de financiamiento que históricamente han frenado el desarrollo nacional.
A pesar de las evidentes barreras regulatorias, operativas y de confianza que persisten en el panorama institucional venezolano, el verdadero motor de esta transformación radica en las bases económicas y en la iniciativa empresarial privada.
Como se ha evidenciado en otras economías de la región y en la propia venezolana, la adopción tecnológica impulsada por la necesidad suele marchar por delante de los marcos jurídicos, forzando eventualmente la creación de normativas claras y seguras.
En un entorno global cada vez más digitalizado, la integración temprana de activos del mundo real dentro de las estructuras productivas del país determinará su capacidad de respuesta competitiva. La conversación financiera ya está abierta en Venezuela, y la tokenización se perfila como la herramienta clave para acelerar su reconstrucción económica.








