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El hackeo ya suma 1.367 BTC robados y los investigadores no descartan nuevas víctimas.
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Samson Mow recomienda documentar el caso y conservar el dispositivo y la frase semilla.
El hackeo que afectó a las hardware wallets Coldcard el 30 de julio de 2026 continúa generando impacto en el ecosistema de Bitcoin. Es que, a diferencia de los ataques contra exchanges o protocolos de finanzas descentralizadas (DeFi), esta vez la vulnerabilidad alcanzó a usuarios que habían optado por la autocustodia, precisamente el mecanismo considerado durante años como la forma más segura de resguardar sus activos.
Frente a ese escenario, surge una pregunta inevitable para las víctimas: ¿existen posibilidades reales de recuperar esos fondos? La respuesta no es sencilla, pero los antecedentes muestran que recuperar parte de los activos robados no es un hecho excepcional.
La historia muestra que algunos fondos sí regresan
Los antecedentes de los principales hackeos registrados en el ecosistema muestran que recuperar criptomonedas robadas no es un hecho excepcional, aunque tampoco la regla. Casos ocurridos durante la última década reflejan que las recuperaciones parciales son relativamente frecuentes y permiten dimensionar qué podría ocurrir con los fondos sustraídos durante el ataque a Coldcard.
Tomando como referencia esos episodios, las probabilidades de recuperar al menos una parte de los bitcoin robados se estiman entre un 20% y un 40%, aunque el resultado dependerá de la evolución de la investigación y de los movimientos que realicen los atacantes con los fondos.

La comparación reúne algunos de los principales hackeos del ecosistema y muestra qué porcentaje de los activos robados logró recuperarse y mediante qué mecanismo.
Los antecedentes reflejan escenarios muy distintos. En Binance, por ejemplo, el ataque de 2019 dejó un saldo de alrededor de 7.000 BTC sustraídos. Los usuarios recuperaron el 100% de sus tenencias gracias al Fondo de Activos Seguros para Usuarios (SAFU, por sus siglas en inglés), una reserva de emergencia creado y financiado por el propio exchange para cubrir pérdidas ocasionadas por incidentes de seguridad.
Otro caso emblemático fue el de Bitfinex. En 2016 fueron robados cerca de 119.756 BTC y, seis años más tarde, las autoridades estadounidenses lograron incautar más de 108.000 bitcoin, uno de los mayores decomisos financieros de la historia.
También existen ejemplos donde la recuperación llegó mediante otros mecanismos. En Poly Network (2021), el atacante devolvió voluntariamente cerca del 95% de los fondos. En Euler Finance (2023), prácticamente la totalidad de los activos regresó después de negociaciones con el responsable del ataque.
En KuCoin (2020), la recuperación alcanzó aproximadamente el 84% gracias al congelamiento de fondos, la colaboración entre exchanges y la actuación de las fuerzas de seguridad.
No todos los casos terminaron con resultados positivos. El hackeo de Mt. Gox en 2014, considerado el mayor robo de bitcoin de la historia, derivó en la desaparición de unos 850.000 BTC. Más de una década después, solo una parte de esos activos pudo recuperarse mediante el proceso de quiebra del exchange.

Algo similar ocurrió en ataques como Ronin Bridge, Harmony Horizon o Bybit, donde apenas una pequeña fracción de los fondos robados logró volver a manos de sus propietarios.
Estos casos históricos muestran que las recuperaciones de fondos robados no responden a un único patrón.
El caso Coldcard se diferencia del resto
Aunque los antecedentes ayudan a dimensionar las posibilidades de recuperar fondos robados, el caso Coldcard presenta una diferencia importante respecto de la mayoría de los hackeos analizados.
En episodios como los de Binance, KuCoin, Bitfinex o Mt. Gox, los activos se encontraban bajo la custodia de un tercero. Eso permitió que los exchanges utilizaran fondos de reserva para indemnizar a los usuarios, colaboraran directamente con las autoridades o participaran en el congelamiento y recuperación de parte de los activos.
En Coldcard, en cambio, los bitcoin estaban bajo autocustodia. Es decir, los propietarios eran los únicos responsables de sus claves privadas y no existe un custodio que tenga la obligación de reembolsar las pérdidas.
Eso no significa que una recuperación sea imposible. Si los fondos fueran identificados e ingresaran en algún momento a plataformas reguladas, podrían ser rastreados y eventualmente congelados en el marco de una investigación. Sin embargo, a diferencia de los casos históricos citados, no existe un mecanismo automático de compensación ni un responsable directo que deba indemnizar a los afectados. El equipo de Coinkite, detrás de las Coldcard, sería en todo caso el responsable por el fallo de su infraestructura de generación de llaves. Pero su caso es muy diferente al de los exchanges citados.
El caso Coldcard sigue abierto
Hasta el momento, Galaxy Research rastrea 1.367 bitcoin robados desde 4.585 direcciones comprometidas, aunque advierte que las cifras son preliminares y se basan en el seguimiento on-chain realizado hasta ahora, tal como informó CriptoNoticias.
Mientras las investigaciones continúan y no existe certeza sobre una eventual recuperación de los fondos, distintas figuras del ecosistema comenzaron a difundir recomendaciones para las víctimas. Uno de ellos es Samson Mow, CEO de JAN3, quien sostuvo que este incidente golpeó directamente a quienes habían elegido la autocustodia para proteger su patrimonio. «La vulnerabilidad de Coldcard puede ser peor que un hackeo a un exchange. Golpeó en el núcleo de los poseedores soberanos de Bitcoin», afirmó.
En ese sentido, compartió una serie de consejos:
- Documentar las direcciones afectadas;
- Documentar la versión del firmware;
- Documentar las fechas del incidente;
- Presentar una denuncia ante las autoridades;
- Conservar tanto el dispositivo como la frase semilla.
Mow también advirtió sobre un riesgo adicional: los falsos servicios de recuperación. «No compartas tus datos personales, tu frase semilla ni envíes dinero a nadie que afirme poder recuperar tus fondos. Los estafadores estarán apuntando a personas desesperadas”, indicó.
Aunque el alcance definitivo del ataque todavía se desconoce, la historia muestra que un robo de criptomonedas no siempre representa una pérdida irreversible..








