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Las tecnológicas mantienen inversiones récord en infraestructura para IA.
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El 57% de las empresas del S&P 500 supera al índice SPY, el mejor dato en diez años.
El hackeo a las hardware wallets Coldcard volvió a poner a la inteligencia artificial (IA) en el centro del ecosistema Bitcoin. Las auditorías impulsadas por el denominado Bitcoin Red Team mostraron cómo los nuevos modelos de IA pueden acelerar la detección de vulnerabilidades en wallets, bibliotecas criptográficas e infraestructura crítica, reforzando tanto las capacidades defensivas como el potencial de los atacantes.
Ese episodio alertó al ecosistema sobre el impacto de esta nueva tecnología en la seguridad de Bitcoin. Sin embargo, mientras esa discusión gana espacio, vuelve a reflotar otra pregunta: ¿la IA también está compitiendo con bitcoin (BTC) por el capital institucional?
La hipótesis no es nueva. En junio, el presidente ejecutivo de Strategy, Michael Saylor, sostuvo que parte de la debilidad de bitcoin respondía a una rotación de inversiones hacia empresas vinculadas con IA. En ese momento escribió: «Los mercados de capitales están financiando la expansión de la IA a una escala histórica».

Casi dos meses después, el contexto cambió parcialmente. Los fondos cotizados en bolsa (ETF) spot de bitcoin volvieron a registrar entradas de capital, impulsadas en gran medida por el renovado apetito de los inversores tras la salida a bolsa de SpaceX. Sin embargo, la magnitud de las inversiones que continúa absorbiendo la IA mantiene abierta la discusión sobre cómo se distribuye hoy el capital institucional.
La IA sigue concentrando inversiones
Las principales compañías tecnológicas —Microsoft, Alphabet, Amazon, Meta, Oracle y Nvidia—proyectan destinar entre 700.000 y 760.000 millones de dólares a infraestructura de inteligencia artificial durante 2026, casi el doble que el año anterior, según los datos surgen del informe elaborado por el analista Bret Jensen, tal como informó CriptoNoticias.
Ese ciclo inversor sigue impulsando a Wall Street. Eric Balchunas, analista senior de ETF de Bloomberg Intelligence, destacó que el mercado estadounidense atraviesa una de sus etapas de mayor fortaleza de la última década.
«Aunque los titulares durante todo el año han estado dominados por la debilidad en IA, el promedio de acciones sigue fortaleciéndose», indicó.
Balchunas acompañó su análisis con un gráfico de Bloomberg Intelligence que muestra un fortalecimiento de la amplitud del mercado estadounidense. Según esos datos, el 57% de las empresas del S&P 500 supera actualmente el rendimiento del propio índice (SPY), el registro más alto de los últimos diez años.

Además, el 66% de las compañías cotiza por encima de su promedio móvil de 50 días, lo que refleja que el impulso ya no depende únicamente de unas pocas tecnológicas, sino que se extiende a la mayor parte del mercado. Para Balchunas, «el indexado realmente es un esfuerzo en equipo».
El mercado empieza a exigir resultados
El entusiasmo por la inteligencia artificial, sin embargo, ya no se sostiene únicamente sobre expectativas de crecimiento.
Un análisis publicado por Bret Jensen señala que varias de las compañías que lideran esta carrera comienzan a mostrar una presión creciente sobre sus cuentas como consecuencia del enorme gasto en infraestructura.
Alphabet registró flujo de caja libre negativo por primera vez desde 2004 tras elevar nuevamente sus inversiones. Meta redujo un 91% su flujo de caja libre interanual. Oracle cerró su ejercicio con flujo de caja negativo y Tesla volvió a registrar cifras negativas mientras acelera sus inversiones en robótica impulsada por inteligencia artificial.
A ello se suma otro dato relevante. Según Goldman Sachs, las emisiones de deuda destinadas a financiar proyectos de IA alcanzaron 489.000 millones de dólares hasta mediados de julio, superando ampliamente todo lo emitido durante 2025.
La pregunta ya no parece ser cuánto capital puede atraer la inteligencia artificial, sino cuánto tiempo podrá sostener ese ritmo antes de que los inversores exijan retornos concretos sobre esas inversiones.
¿Y qué lugar ocupa Bitcoin?
En ese contexto, la reflexión planteada por Saylor vuelve a cobrar relevancia.
No necesariamente porque Bitcoin haya perdido atractivo frente a la IA, sino porque ambos sectores comienzan a disputar una misma fuente de financiamiento: el capital institucional.
Mientras la inteligencia artificial demanda recursos cada vez mayores para construir centros de datos, desarrollar chips y entrenar modelos, bitcoin continúa dependiendo, en este ciclo, del interés de los grandes inversionistas para sostener el crecimiento de los ETF y de la demanda por el activo.
Por ahora, los datos muestran que ambos fenómenos conviven. Wall Street mantiene un fuerte apetito por las empresas vinculadas con IA, mientras los ETF de bitcoin recuperaron las entradas netas de capital tras la debilidad observada meses atrás, tal como se observa en el siguiente gráfico:
Una competencia que recién comienza
Coldcard volvió a recordar que la inteligencia artificial ya forma parte de los desafíos tecnológicos que enfrenta Bitcoin. Las herramientas capaces de descubrir vulnerabilidades antes que los atacantes también pueden convertirse en uno de los principales mecanismos para fortalecer la seguridad del ecosistema.
Pero ese no parece ser el único frente abierto.
La IA también se consolida como uno de los principales destinos del capital global. La diferencia es que, a medida que las inversiones alcanzan cifras récord, el mercado comienza a exigir pruebas de rentabilidad y eficiencia económica.
Por ahora, bitcoin y la IA parecen avanzar en paralelo. Sin embargo, si ambos continúan compitiendo por atraer los mismos flujos institucionales, la discusión dejará de centrarse únicamente en cuál de las dos tecnologías tiene mayor potencial y pasará a enfocarse en cuál ofrece mejores retornos para el capital. Ese podría convertirse en uno de los grandes debates de los próximos años.








