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Zeberg afirma que la tecnología es una revolución real, pero impulsada por niveles de deuda ocultos.
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Prevé que la caída del mercado afectará la economía y expondrá apalancamientos corporativos graves.
El analista financiero Henrik Zeberg publicó este 1 de octubre de 2026 una tesis en la que advierte que el desarrollo actual de la inteligencia artificial (IA) representa el mayor auge de inversión especulativa jamás registrado en los Estados Unidos.
En su análisis, sostiene que la infraestructura que hoy se financia masivamente terminará por colapsar financieramente antes de volverse rentable, repitiendo un patrón que los mercados han experimentado de forma cíclica.
Zeberg argumenta que los partícipes del mercado están en lo correcto respecto al potencial de la tecnología, pero están errando drásticamente en sus valoraciones y plazos actuales. «Los inversores rara vez se equivocan sobre el futuro. Se equivocan sobre el precio y sobre el momento oportuno», afirma.
Para fundamentarlo, traza un paralelismo con las inversiones privadas en los canales y ferrocarriles del siglo XIX, la electrificación en 1929 y la fibra óptica durante la crisis de las telecomunicaciones en el año 2000. De acuerdo con el analista, «en cada ocasión, quienes la vieron primero acertaron sobre su potencial. Y en cada ocasión, pagaron demasiado, demasiado pronto, para construir un futuro que llegó más tarde y a un precio menor del que habían previsto».
Zeberg explica esta desconexión mediante la metáfora de tres relojes que operan a velocidades distintas:
El reloj tecnológico va rápido: las capacidades mejoran cada pocos meses. El reloj financiero va a toda velocidad: los mercados capitalizan hoy lo que la tecnología podría llegar a ser en veinte años. El reloj de la economía real va más lento: las empresas, los trabajadores, las fábricas, las leyes y los hábitos tardan años, a menudo décadas, en reorganizarse en torno a una nueva tecnología.
Henrik Zeberg, analista financiero.
Según su tesis, la burbuja especulativa crece en ese espacio que separa al reloj financiero del de la economía real, un vacío que hoy se llena «de dinero prestado, hormigón y acero».
El volumen de capital inyectado en el sector de la IA no tiene precedentes absolutos. Citando datos presentados en la Brookings Institution, Zeberg señala que la inversión promediará un 3,63% del PIB anual estadounidense entre 2025 y 2032, lo que equivale a unos 10,3 billones de dólares destinados a centros de datos, chips, energía y refrigeración en solo ocho años.
El problema central radica —según Zeberg— en que este gasto monumental se está ejecutando mediante endeudamiento y estructuras de riesgo. El autor destaca que la infraestructura se construye en anticipación a una adopción masiva que aún no paga los costos operativos, generando una sobrecapacidad insostenible porque «el gasto de capital no espera a los ingresos. Se adelanta a ellos».
A esto se suma la caída acelerada en el costo de los servicios de inferencia de IA. Zeberg advierte que el precio del rendimiento se está desplomando a un ritmo histórico. Esto exige que las empresas proveedoras incrementen su volumen de ventas más rápido de lo que caen sus precios, todo mientras operan sobre «activos financiados con deuda y que se desgastan rápidamente». En sus propias palabras: «El valor económico de la IA puede dispararse mientras que su precio se desploma».
La advertencia sobre este colapso se enmarca en un contexto macroeconómico que el analista considera altamente vulnerable.
Apenas días atrás, tal como lo reportó CriptoNoticias, Zeberg había alertado que las condiciones actuales replican el escenario previo al derrumbe de 1929, combinando una burbuja tecnológica, una economía real subyacente débil y una Reserva Federal elevando las tasas de interés de forma unánime bajo la dirección de Kevin Warsh.
Zeberg sostiene que el inevitable quiebre del mercado bursátil expondrá un deterioro económico ya presente. En este escenario, el analista cree que una corrección abrupta afectaría a bitcoin (BTC), las criptomonedas y las empresas de tesorería de activos digitales.
Para Zeberg, el desenlace no admite matices: «Permítanme decirlo claramente. Esto es una burbuja. Y es la más grande de la historia».
El especialista anticipa que el ciclo de inversión que hoy sostiene artificialmente al PIB no podrá mantenerse indefinidamente frente a un mercado laboral debilitado y un consumidor al límite de su capacidad.
«La economía se hundirá. La burbuja estallará. Y las consecuencias serán graves. El apalancamiento oculto en las sociedades instrumentales, el crédito privado y las garantías de proveedores quedará al descubierto», sentencia.
Sin embargo, el fin de la euforia financiera no significará el fin de la innovación tecnológica. Al igual que internet prosperó tras la quiebra de las empresas constructoras de fibra óptica, Zeberg estima que del colapso «surgirá un nuevo mundo impulsado por la IA».
En su opinión, los verdaderos ganadores no serán las compañías que hoy comercializan infraestructura computacional básica, ya que esos servicios inevitablemente terminarán tasados al costo.
Los vencedores finales, concluye, «serán empresas nuevas e ingeniosas que aprovechen la inteligencia artificial, abundante y de bajo coste, para transformar el mundo por completo».













