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El organismo advierte que el pánico financiero puede propagarse al sistema bancario tradicional.
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Las fricciones entre regulaciones transfronterizas aumentan los riesgos de liquidez e insolvencia.
En un nuevo informe presentado el 12 de octubre de 2026 y dirigido a las naciones del G20, el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB, por sus siglas en inglés) advierte que las stablecoins pueden enfrentar episodios de corridas aun cuando mantengan activos de reserva respaldando su valor.
Sin embargo, los planteamientos del organismo —que reúne a bancos centrales y defensores del sistema monetario tradicional— pasan por alto la arquitectura de transparencia y liquidación en cadena que caracteriza mayormente a este mercado.
Fundado en 2009 por el G20, el FSB opera desde Basilea coordinando políticas con el sector bancario tradicional. En su evaluación, la entidad sostiene la teoría de que la velocidad del mercado abierto es un peligro, precisando que «en situaciones de estrés, el acceso continuo y la velocidad de negociación en los mercados secundarios pueden aumentar la velocidad y magnitud potenciales de las ventas masivas, ejerciendo presión sobre la paridad de la stablecoin si los rescates no pueden seguir el ritmo de la demanda».
Para sostener la hipótesis de que un emisor bien respaldado podría sufrir una corrida, el FSB argumenta que la negociación en exchanges crea incertidumbres sobre la liquidez inmediata del emisor. A diferencia del sistema bancario tradicional donde los flujos de capital están centralizados y restringidos, el FSB cuestiona que un emisor de stablecoin «puede no saber quién posee sus pasivos, dónde están domiciliados esos tenedores o, en algunos casos, dónde se materializará la demanda de rescate».
No obstante, el FSB presenta estos escenarios como posibles vulnerabilidades teóricas derivadas de la arquitectura digital y de la falta de coordinación entre jurisdicciones. El organismo no aporta evidencia de corridas recientes ni de fallos sistémicos ocurridos con stablecoins respaldadas por reservas de alta calidad, mientras que el propio mercado se ha mantenido estable en tamaño durante el último año.
Estas preocupaciones reflejan en buena medida la lógica del sistema bancario tradicional y de las autoridades que lo supervisan: el temor a que un activo digital global escape al control de una sola jurisdicción y a que los usuarios puedan redimir o vender sin las fricciones de los horarios bancarios.
A pesar de las constantes advertencias regulatorias, la adopción de estos activos demuestra la demanda del mercado frente al dinero tradicional. El informe del FSB reconoce que «a mediados de 2026, el valor de mercado total de los stablecoins es de alrededor de 300.000 millones de dólares, esencialmente sin cambios respecto al año anterior, con el 99% vinculados al dólar estadounidense».
Esta narrativa de riesgo por parte de los reguladores coincide con el crecimiento del uso transfronterizo de estos activos como alternativa al sistema bancario. Según reportó Chainalysis el pasado 23 de septiembre en su Índice Global de Adopción, las transferencias internacionales con stablecoins crecieron 77,5% en los 12 meses cerrados en junio de 2026, pasando de USD 124.200 millones a USD 220.300 millones, como reportó CriptoNoticias.
El FSB va más allá al sugerir que un evento en el sector de las criptomonedas podría salpicar a las finanzas tradicionales, invirtiendo el argumento habitual de riesgo. El organismo asegura que «una corrida sobre un stablecoin global podría potencialmente propagarse al sistema financiero tradicional a través de ventas forzadas de activos de reserva y retiros de depósitos bancarios para financiar los rescates».
Sin embargo, esta visión alarmista contrasta con proyecciones del propio sector de análisis financiero. Teniendo en cuenta que el propio FSB reconoce que el 99% del mercado de stablecoins está vinculado al dólar estadounidense —y por ende respaldado en gran medida por activos como Bonos del Tesoro y depósitos en EE. UU.—, un análisis de Galaxy Research sostiene que la expansión de estos tokens no debilita la liquidez bancaria, sino que tiende a atraer capital neto hacia el sistema financiero estadounidense. Según ese estudio, la fuerte demanda internacional genera un flujo donde, por cada dólar que pudiera salir de depósitos bancarios locales para respaldar tokens, ingresan aproximadamente dos dólares desde el extranjero.
Al analizar la operativa del sector, el reporte critica las estructuras multinacionales de algunas firmas, señalando que usan filiales que «comparten conjuntamente la responsabilidad de un único stablecoin global pero mantienen reservas separadas, cuyo reequilibrio puede enfrentar fricciones durante el estrés».
Aun con el sesgo hacia la protección del sistema bancario, el informe debe admitir la utilidad real de estos activos en economías emergentes golpeadas por la devaluación de sus monedas locales. El FSB reconoce que «en algunas economías de mercados emergentes y en desarrollo también pueden servir como depósito de valor alternativo y apoyar la inclusión financiera», además de proveer liquidez en los mercados de criptomonedas.
Por otro lado, la entidad lamenta la falta de control directo sobre los datos del sector. El FSB resalta que «las autoridades actualmente confían principalmente en compiladores privados de datos de stablecoins que utilizan una variedad de métodos, mejorando el acceso a los datos pero creando riesgos de comparabilidad y credibilidad».
Frente a este escenario, la red de reguladores busca incrementar la supervisión sobre el ecosistema. El organismo propone «desarrollar un conjunto de métricas para el monitoreo de la estabilidad financiera», profundizar la cooperación transfronteriza e intervenir en las prácticas de recopilación de datos del sector.












