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La llegada del TradFi a Bitcoin sacrifica principios por rendimiento.
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Aún hay guardianes y protectores que resisten la profanación de Bitcoin.
Poco se recuerda, hoy que vivimos en una pesadilla de vigilancia digital y venta masiva de datos, que Google se fundó en 1998 bajo el lema Don’t be evil (no seas malvado). Cuando surgió la prensa entre los siglos XVII y XVIII como “cuarto poder” contra el abuso de autoridad, no se esperaba que deviniera en una herramienta propagandística de las élites. OpenAI nació sin fines de lucro para desarrollar inteligencia artificial segura y beneficiosa para la humanidad, evitando monopolios; hoy vive para atraer inversores compitiendo agresivamente por el liderazgo en la carrera de AI.
A este fenómeno de extravió respecto a los principios fundacionales nos gusta llamarlo la tragedia de la masificación, y creemos que Bitcoin comienza a padecerlo.
Si bien Satoshi nunca expresó una misión, una visión o unos valores para su creación, y la mayoría de sus comunicaciones se ciñeron a lo técnico, sus decisiones de diseño para Bitcoin y algunas exposiciones de motivos traslucen valores que quedaron tallados en el carácter del movimiento bitcoiner. Valores que respaldan la soberanía individual, y que hoy se están diluyendo a favor de la intermediación.
La raíz del problema con la moneda convencional es toda la confianza que se requiere para que funcione. Se debe confiar en que el banco central no degradará la moneda, pero la historia de las monedas fiduciarias está llena de violaciones de esa confianza. Se debe confiar en los bancos para que retengan nuestro dinero y lo transfieran electrónicamente, pero lo prestan en oleadas de burbujas crediticias con apenas una fracción de reserva. Debemos confiarles nuestra privacidad, confiar en que no dejarán que los ladrones de identidad vacíen nuestras cuentas.
Satoshi Nakamoto
En esta famosa cita, recogida del correo enviado por Satoshi a la Fundación P2P, se intuyen varios de tales principios: reducción de la confianza, sobre todo en entidades financieras tradicionales; no degradación de la moneda; no reserva fraccionaria; protección de la privacidad.
Dichos elementos están recogidos en la implementación de su sistema de efectivo electrónico entre pares. La mitigación de la necesidad de confianza está presente en el hecho de que todos los nodos son vigilantes entre sí de que el comportamiento sea honesto y no haya corrupción ni puntos centrales de fallo. La oferta inelástica de casi 21 millones de unidades protege contra la degradación de la moneda. Al no ser una entidad de préstamo, en el protocolo Bitcoin no es posible la reserva fraccionaria. Con la utilización de criptografía asimétrica, las identidades en la red se vuelven cuerdas alfanuméricas, cubriendo bajo pseudónimo la identidad física de cada usuario.
En distintas comunicaciones se develan otros de estos valores que Satoshi tenía en mente a la hora de crear Bitcoin. Pero, a pesar de haber sido su creador, Nakamoto solo participó activamente tres de los diecisiete años que tiene esta tecnología construyéndose, y desde el principio lo presentó como un proyecto comunitario de código libre abierto. En este sentido, tanto su desarrollo, como los valores en torno a los que ha orbitado su heterogénea comunidad han sido el resultado de la confluencia libre y voluntaria de sus participantes.
Pero esta libertad y apertura hace que también las prioridades sean móviles y se transformen de acuerdo con los principales actores del momento. Hoy vemos cómo los nuevos participantes de este sistema monetario tienen prioridades que modifican los principios que guiaron la evolución de Bitcoin hasta lo que es hoy. El problema no es el protocolo, sino el uso social, económico y político que se está construyendo encima de él.
No confíes, verifica
La verificabilidad y auditabilidad de terceros estuvo siempre como causa raíz y razón de ser de este sistema. Poder confirmar y tener certeza, en vez de confiar en que un tercero no traicionará nuestra confianza fue uno de los cambios paradigmáticos más profundos que introdujo Bitcoin al mundo del dinero.
Con la masificación, trágicamente, cada vez se verifica menos. Confiamos en que los exchanges y custodios centralizados mantienen nuestro dinero, a pesar de que no podemos cerciorarnos en un explorador de bloques cómo se están moviendo nuestras transacciones. Confiamos en que los gobiernos no expropiarán el dinero que está en manos de los custodios, en quienes también confiamos. Confiamos en que ciertos gobiernos siguen comprando BTC. Y confiamos en que Estados Unidos tiene buenas intenciones al promover las criptomonedas.
Confiamos en que las empresas protegerán nuestros datos, y luego son hackeados y filtrados, poniéndonos en riesgo; confiamos en que la contabilidad del explorador de bloques es correcta en vez de verificar con nuestro propio nodo; confiamos en que un bitcoin de papel como ETF será redimible en cualquier momento por un bitcoin real; confiamos en los cambios que introducen los desarrolladores en Bitcoin. Confiamos tanto que, en vez de usar Bitcoin volvimos a los dólares, el mal que queríamos solucionar, solo que en versión digital.
En todos los casos, volvemos a confiar donde Bitcoin nos enseñó a verificar.
Si no son tus llaves, no son tus monedas / Sé tu propio banco
La autocustodia y la propiedad radical son en sí mismas una revolución. Por primera vez en la historia tenemos una reserva de valor que solo requiere de un poco de estudio y conocimiento para almacenar de manera segura, sin tener que pagar a terceros y sin los riesgos que esto supone: hackeos, confiscaciones, corralitos, límites a transferencias y retiros, o los riesgos intrínsecos del efectivo, como que se queme, moje o, en definitiva, que se dañe irreparablemente.
Hoy la conveniencia le gana a la responsabilidad. Según VanEck, la autocustodia cayó 7% en 2025 a favor de exchanges. Sí, gestionar llaves privadas de forma segura requiere ser responsable, y culturalmente hemos aprendido que la responsabilidad puede ser una carga, por lo que resulta más cómodo dejar los fondos en manos de terceros como exchanges, bancos y custodios, repitiendo los errores de la historia.
El 23% del suministro de bitcoin en la actualidad se encuentra en manos de custodios centralizados. Esto es una tendencia creciente: ETF y fondos aumentaron su control del suministro en 2% en un año y ahora solo Satoshi maneja más bitcoin que BlackRock, mientras que las reservas corporativas crecieron 170% en el mismo periodo. Y en el lado contrario, se cree que esta institucionalización de Bitcoin es una de las causas detrás de que los bitcoiners OG vendieran parte de sus tenencias.

Separación del dinero y el Estado
Con la creciente institucionalización de Bitcoin y su llegada a las masas, la narrativa de que Bitcoin se convierta en dinero no solo está siendo dejada de lado, sino que está siendo combatida. Actores de la relevancia de Strategy o Coinbase no promueven la sustitución del fíat
por Bitcoin, sino que le dan un papel subordinado como un nstrumentoque le dará más tiempo de vida al sistema que ha enriquecido a elites a costa de la población durante los últimos cincuenta años.
La prioridad de arreglar el mundo volviendo a un estándar de dinero duro ha pasado a segundo plano con relación al enriquecimiento personal, empresarial o gubernamental en términos de fíat. Se desincentiva que Bitcoin se use como medio de pago para no desafiar la hegemonía del dólar.
Resistencia a la censura y privacidad
Cada vez se ha cedido más y más terreno para que las regulaciones del sistema bancario heredado invadan el espacio de Bitcoin y las finanzas descentralizadas.
Bajo la excusa de la adopción masiva, se aceptan y celebran regulaciones que imponen KYC y Regla de Viaje a protocolos descentralizados que no son custodios de dinero; se persigue a plataformas como Tornado Cash y desarrolladores enfocados en privacidad como Samourai Wallet, sin que sea una prioridad para la comunidad defenderlos; se adopta felizmente software de espionaje on-chain y se ponen trabas para aceptar transacciones que hayan pasado por un sistema de privacidad.
La libertad ha abandonado el chat
Otro síntoma de la tragedia de la masificación es que el centro de la conversación entre bitcoiner ha dejado de ser la libertad y soberanía individual para concentrarse en debates financieros y de regulación. El foco está en si las acciones de Strategy suben o si sale de bolsa, en crear tesorerías corporativas, en la adopción bancaria, en los flujos de entradas y salidas de los ETF, de si aumenta la supuesta claridad regulatoria.
El crecimiento de Bitcoin parece haber traído un distanciamiento de los valores y ethos inicial para que los nuevos se concentren en “lo que vende”, aquello que dará mayor rendimiento en términos de fíat a las personas.
El riesgo con esto no es capricho idealista. Es que estos principios son los pilares que sostienen la naturaleza de Bitcoin y sin los cuales este activo no tiene valor. Si Bitcoin deja de ser dinero libre y neutral y pasa a ser un activo capturado por unos pocos, donde se requiere KYC para participar y donde algunas transacciones no son admisibles, no faltará mucho para que se quieran modificar las reglas de consenso e incluso aumentar el suministro de monedas porque los gobiernos no han acumulado suficiente BTC.
Los principios y valores están ahí por motivos históricos, y desligarnos de ellos nos llevará a repetir los errores de sistemas monetarios pasados y decadentes. Bitcoin no se trata de reproducir o sostener el fíat, sino de superarlo para traer una sociedad más próspera basada en dinero sólido.
Aún hay espacios y voceros donde estos valores y principios se defienden: las economías circulares, donde las comunidades se esfuerzan porque bitcoin sea utilizado como dinero y se adopte desde las bases; conferencias como Baltic Honeybadger o Watch Out! Bitcoin, que mantienen el debate puesto en la tecnología y en los aspectos que importan; podcast como el de Lunaticoin o el recientemente lanzado por CriptoNoticias, Separando el Dinero y el Estado, que buscan ser un espacio de resistencia para divulgar sobre Bitcoin y libertad.
Sin menoscabo de la importancia del diálogo y el debate, Bitcoin no se defiende en Twitter ni en Wall Street, se defiende usándolo como fue diseñado. Corriendo un nodo propio; custodiándolo personalmente; asegurando mediante herramientas de herencia; pagando con BTC cuando sea posible e incluso promover que sea aceptado como pago; apoyando las herramientas de privacidad.
Cabe precisar que, por ahora, el protocolo Bitcoin sigue funcionando sin necesidad de confianza y fiel a sus principios; esto es sobre todo un problema de la capa social. Sin embargo, tampoco debe darse por garantizado. Bitcoin puede perder por banalizarse y, así, ser capturado y modificado por sus enemigos. Debemos evitar la tragedia de la masificación y, con ella, el ocaso del ethos bitcoiner.








