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Bancos y exchanges están en una guerra de lobbies.
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La innovación no puede venir a expensas de la autocustodia.
La integración de las finanzas heredadas con las finanzas descentralizadas no está dándose sin pugnas.
Para quienes creían que la presunta claridad regulatoria y una aparente administración favorable iban a traer armonías sin fricción, los últimos debates sobre la Ley Clarity muestran cómo el lobby de las elites financieras puja por mantener sus privilegios y cómo las legislaciones están parcializadas. Pero, sobre todo, cómo a las grandes empresas no les está importando sacrificar la autocustodia en pos de la masificación, lo cual hace que las criptomonedas sean estériles.
El choque de dos mundos
El film Melancholia, dirigido por Lars von Trier y protagonizado por Kirsten Dunst, narra cómo una familia vive el proceso de colisión entre un planeta errante y la Tierra. Un planeta errante, también conocido como masa planetaria libre, es un objeto con una masa similar a la de un planeta que no está ligado gravitacionalmente a una única estrella, por lo que viaja libremente por la galaxia hasta que la gravedad de algún planeta afecta su órbita, lo cual resulta potencialmente destructivo.
Esta colisión revolucionaria era la que muchos esperaban que sucediera cuando la masa planetaria libre de Bitcoin chocara con las Finanzas Tradicionales. Durante años se repitió como un mantra BYOB, be your own bank, sé tu propio banco. La promesa, incluso desde Satoshi, era prescindir de los intermediarios financieros y los terceros de confianza.
Si bien con Bitcoin sigue siendo una posibilidad y elección personal prescindir casi por entero de bancos centrales y comerciales, esto ha quedado como una alternativa de nicho. En vez de un choque destructivo, más bien ha comenzado una suerte de fusión entre el mundo de las Finanzas Tradicionales y las Finanzas supuestamente descentralizadas. Ambos están buscando obtener beneficios del otro, pero perjudicándose en el camino. Y, sobre todo, perjudicando a los usuarios.
Como CriptoNoticias ha dicho en editoriales pasados, los bancos se están bitcoinizando. Pero, al mismo tiempo, las empresas de la industria que se ha construido alrededor de la tecnología Bitcoin se están bancarizando.
Probablemente los casos más representativos son los de Circle, Ripple, Paxos, BitGo y Fidelity Digital Assets siendo aprobados como bancos por parte de la Oficina del Contralor de la Moneda de Estados Unidos. Más recientemente, Polygon Labs se convirtió en una plataforma de pagos regulada en Estados Unidos.
No es personal; son solo negocios
Esta fusión entre dos mundos, que solían rivalizar hasta las vísceras entre sí, ha sido el resultado del giro regulatorio que se ha dado en Estados Unidos a favor de las criptomonedas, o más bien, de los negocios que se pueden hacer con ellas. Al final, todos quieren hacer dinero; el capital ha vencido sobre los ideales.
Las instituciones financieras han visto una nueva oportunidad de mercado, incluyendo dentro de su cartera de inversión activos con rendimientos atractivos, así como integrándolos para sus clientes dentro de sus productos tradicionales (como préstamos o pagos internacionales), y automatizando procesos que les permiten ahorrar en tiempo, personal y, en última instancia, dinero.
Las empresas de criptomonedas, por su parte, saben que regulándose y obteniendo licencias pueden ganar legitimidad ante clientes potenciales, así como acceso a herramientas y ventajas de financiamiento que, por ley, suelen ser prerrogativa bancaria.
Los gobiernos, al menos el estadounidense, también han conseguido la manera de beneficiarse de la aproximación de este planeta errante a su órbita, cuando antes lo percibían como una amenaza. Sea acumulando bitcoin como activo de reserva, favoreciendo la inversión y desarrollo tecnológico de vanguardia en el mundo, o utilizando las stablecoins para profundizar la hegemonía global del dólar, Estados Unidos entendió que es mejor cambiarlo todo para que no cambie nada.
Una guerra de lobbies
Quien sea que haya creído que ahora éramos todos amigos y remábamos en el mismo barco de la innovación financiera y los unicornios descentralizados, pues pecó de ingenuidad, y la discusión sobre la Ley Clarity está siendo la más reciente evidencia de esto.
Brian Armstrong, CEO de Coinbase, quien nunca ha sido el más cypherpunk de la industria, argumentó que la ley sería “materialmente peor que el status quo actual” y acusó a los bancos de querer matar a la competencia vía lobby.
Justo esta semana, la jefa de innovación de Franklin Templeton decía que “los bancos están despertando ante la amenaza de las stablecoins”, y vaya que lo están haciendo. Bank of America (BoA), a través de declaraciones de su CEO Brian Moynihan, expresó preocupaciones respecto a las stablecoins que pagan rendimientos a sus holders.
El riesgo más destacado y cuantificado es que las stablecoins con rendimientos podrían atraer hasta USD 6 trillones en depósitos de los bancos estadounidenses (aproximadamente 30-35% del total de depósitos en bancos comerciales de EE. UU.).
Moynihan citó estudios del Departamento del Tesoro de EE. UU. para respaldar esta estimación, argumentando que las stablecoins con rendimientos competirían directamente con cuentas de ahorro bancarias y money market funds, ofreciendo rendimientos más altos.
Los bancos pagan a los depositantes un 0,1% de interés. Los emisores de stablecoins poseen letras del Tesoro que generan un 4,5%. Si las stablecoins pudieran transferir ese rendimiento a los usuarios, los bancos perderían la guerra de depósitos.
Si los consumidores migran masivamente, los bancos perderían una fuente barata de fondeo (depósitos de bajo costo), lo que reduciría su capacidad de prestar. Esto elevaría los costos de fondeo para los bancos, aumentando tasas de interés para préstamos a consumidores, pequeñas empresas, agricultores y hogares.
El principal impedimento para que los bancos (o cualquier emisor) ofrezcan stablecoins con rendimientos o interés pasivo por simplemente holdear es una prohibición explícita en la ley federal, establecida por la Ley GENIUS.
La Ley GENIUS define las stablecoins de pago (como USDC o USDT) como instrumentos de pago, no como productos de inversión o depósitos bancarios. Por eso, en su Sección 4(a)(11), prohíbe estrictamente que los emisores permitidos (incluyendo subsidiarias de bancos) paguen cualquier forma de interés o rendimiento a los holders «únicamente por mantener, usar, o retener» la stablecoin. Esto aplica tanto a emisores nacionales como extranjeros que operen en EE. UU., y busca evitar que las stablecoins compitan directamente con cuentas de ahorro o depósitos bancarios.
El razonamiento oficial del Congreso y reguladores es que las stablecoins deben funcionar como «dinero digital» para pagos y liquidación, no como vehículos de ahorro que generen rendimientos. Si se permitiera rendimiento pasivo, se desincentivaría el uso para transacciones y se fomentaría holding masivo de balances no asegurados por el FDIC.
Es por esta amenaza que el lobby bancario ha presionado para frenar momentáneamente la implementación de rendimiento en stablecoins como venía redactado incluso en la Genius Act. Más de 3.200 banqueros estadounidenses firmaron una carta de la Asociación Americana de Banqueros presionando para ello.
Tal como ha dicho la abogada española, Cristina Carrascosa, “quizás, el punto no es tanto en tratar de prohibir algo que cualquier inversor podrá conseguir a través de DeFi (el yield), sino exigir una desregulación más rápida en cuanto a producto, para que los Bancos puedan también unirse a esta nueva etapa tecnológica y basada en tokenización.”
La Ley Clarity va en contra de la libertad
Más allá de los intereses de exchanges y banqueros, aunque la Ley Clarity se presenta como una medida para ofrecer claridad regulatoria y protección, en realidad representa un avance peligroso hacia una mayor vigilancia y control centralizado.
El texto incorpora disposiciones que amplían las medidas especiales del PATRIOT Act para permitir que el Departamento del Tesoro restrinja tecnologías de privacidad como coinjoins o payjoins si se consideran riesgos primarios de lavado de dinero, alineándose con desarrollos en curso como la regla de mixers y extendiendo obligaciones de AML y CTF a protocolos DeFi.
En el ámbito de la protección para desarrolladores, las supuestas salvaguardas del Blockchain Regulatory Certainty Act revisado resultan insuficientes: aunque exime a desarrolladores no custodiales de ciertos cargos como transmisor de dinero, deja abierta la puerta a acusaciones graves como conspiración para evadir sanciones o cometer lavado de dinero si los usuarios emplean su software de manera ilícita, con penas potenciales de hasta 40 años de prisión.
Las provisiones bajo Innovación responsable en las Finanzas Descentralizadas podrían clasificar servicios DeFi como brókers si ejercen control sobre el software (así no custodien fondos), imponiendo cumplimiento BSA y AML. Esto obligaría a reportar a la Oficina de Impuestos, verificaciones de KYC para los usuarios y análisis de transacciones en protocolos distribuidos, aumentando costos y complejidad operativa.
En fin, la supuesta claridad regulatoria no es más que un eufemismo para asegurar que el establishment mantenga sus privilegios, que los bancos puedan seguir monopolizando los intereses y que los gobiernos profundicen su capacidad para vigilar a los usuarios de criptomonedas.
La masificación de las criptomonedas se está dando en un sentido detrimental para la verdadera revolución de Bitcoin: ser el único dueño de tu dinero. Las empresas de criptomonedas están eligiendo ceder terreno para alcanzar la masificación, olvidando que entre las principales razones por la que Bitcoin tiene valor es porque es un activo incontrolable y soberano, no porque haga transacciones más eficientes, rápidas o disponibles 24/7. Para complacer a las Finanzas Tradicionales, el usuario pierde.
La fusión entre las Finanzas Tradicionales y y las Finanzas Descentralizadas seguirá; parece improbable que se detenga. Pero no dejará de ser traumática y combativa, con grandes posibilidades de que los usuarios sean los mayores perjudicados. Sin autocustodia y soberanía, las criptomonedas son estériles; no habrá ningún cambio profundo en el mundo financiero.
La promesa de Satoshi de ser tu propio banco sigue vigente, pero las leyes y los intermediarios financieros cada vez están pujando más para que la masificación se dé a través de ellos, y porque cada vez se cierren más puertas a la autocustodia y la soberanía individual. Seguir en este rumbo mantendrá a la humanidad en la adolescencia financiera de siempre delegar a otros la responsabilidad sobre el dinero a quienes históricamente han traicionado la confianza.



